A 75 años de la fundación de “La Casa de los Vazcos”. Euzko Etxea, Zorionak.
La celebración de los aniversarios institucionales es una actividad social antiquísima, característica de nuestra cultura. Dentro de la gran multiplicidad de factores, necesidades y causas que determinan y explican su existencia, el mero hecho de que una institución social continúe existiendo, llena de felicidad a quienes se sienten parte de su historia. La mayoría de las veces la celebración de esta feliz manifestación de antigüedad de una institución social intenta evocar y homenajear el momento fundacional como un gesto de noble virtud de una posteridad agradecida y orgullosa de sus antecesores en el tiempo y también con la intención de convocar en los presentes una identidad cultural con la capacidad de dar sentido a sus vidas al sentirse parte de un destino colectivo compartido con semejantes. Existe otra función social que acontece en la celebración de un aniversario institucional, me refiero a la función pedagógica destinada generalmente, a que las generaciones futuras no pierdan el criterio. En la transmisión de una tradición determinada a la juventud es donde podemos observar la esencia o el espíritu de la institución.
Decidido a indagar e intentar interpretar esta dimensión humanista, inmaterial cuasi filosófica de la historia de nuestra institución, comunico a continuación el relato de un momento particular que puso a prueba la idoneidad de la Comisión Directiva, la situación fue generada por una operación política que tenía como fin la desaparición de nuestro querido centro vasco. Considero que la relación de este episodio posee la capacidad de revelar el alma, el espíritu y la esencia cultural de los fundadores del Euzko Etxea.
Los hechos son los siguientes: En el mes de mayo del año 1948, el presidente del Club Español de La Plata, escribano Félix Guillén, obedeciendo órdenes de agentes del gobierno español en nuestro país, comunica al Presidente del Euzko Etxea don Alejandro Olaiz, la idea de que todas las sociedades españolas se disolviesen para crear una única Casa de España, esta comunicación estuvo acompañada de una “Invitación” a que se proceda al cierre del centro vasco platense. Días después, cuando el lehendakari Alejandro Olaiz y el Secretario Manuel Larumbe dan conocimiento del insolente agravio en la reunión de la Comisión Directiva del 29 de mayo, los señores miembros de ésta última por UNANIMIDAD votaron en contra de la destructiva propuesta que, bajo la apariencia de una “invitación” era en realidad una coerción más de la política anti vasca de Franco. Dentro de los argumentos de la decisión se declaró “que este centro es de la colectividad vazca que incluye a los hermanos vazco franceses, y no es posible que la Casa de los Vazcos los separe”. La correcta y responsable conciencia e identidad nacional de la Comisión Directiva primó sobre los regionalismos. La antigua vasconia, el viejo reino de Navarra, la perspectiva nacional del concepto de Euskal Herria estaba presente. Los miembros de la Comisión Directiva eran los siguientes:
Presidente: Alejandro Olaiz, Vicepresidente: Pedro J. Osacar, Secretario: Manuel F. Larumbe, Prosecretario: Raúl Clúa, Tesorero: Celestino Rioja, Protesorero: Wilfredo Errea, Vocales: Cándido Unzurrunzaga, José Batiz, Cirilo Altabe, Bernardo Berrondo, José Bezunartea. Suplentes: Fernando Bengoa, Enrique Hernández y Pascual Mendinueta.
Siete décadas después reverenciamos la noble valentía de aquella Comisión Directiva que impidió que nuestro centro vasco desaparezca, como lo deseaban los agentes de Franco en La Plata.
Reflexión sobre los hechos.
El análisis de la operación desarrollada por los agentes del gobierno de Franco contra el centro vasco expone de manera explícita la violenta persecución política que el franquismo implementó no sólo en Hego Euskal Herria (fusilamientos, desapariciones, prohibición del euskera, de la ikurrina y de toda manifestación cultural vasca) sino también en la diáspora, era el antecedente de la clausura oficial de la editorial Ekin de Buenos Aires y del arresto de su director Andrés María de Irujo tres años después. La “invitación” a la disolución que el presidente del Club Español comunica al centro vasco formaba parte una deliberada política vascófoba responsable del genocidio cultural que sufrieron los vascos en esa época. La presión aplicada contra el Euzko Etxea se presentaba como amenazante tormenta e intentaba desalentar voluntades de los socios. Era la pax impuesta a los vencidos de la guerra. No habría piedad con los vascos, culpables del delito de ser vascos. Sin embargo, estaban vendiendo la piel de un oso que nunca cazaron. La Comisión Directiva decidió defenderse y tuvo el coraje de enfrentar la situación con el compromiso y la tenacidad que las circunstancias exigían. La antigua defensa de las libertades y los fueros de los vascos se apoderó de los espíritus y garantizó la continuidad en el tiempo del Euzko Etxea. La actitud asumida fue como un guante arrojado a la faz del enemigo. Enfrentar la amenaza de los agentes de Franco en argentina cuando todavía se escuchaba el eco de las bombas que destruyeron Gernika, era un episodio más de la célebre “Resistencia vasca”. El Club Español, a la manera de amenaza, invitó a los miembros de la Comisión Directiva a una cena en honor del presidente de la república Gral Juan Domingo Perón, esta acción coercitiva, verdadera demostración de poder, pretendía convencer y persuadir a los vascos de la Plata para que disolviesen su institución. A pesar de estos intentos cobardes, no lograron su objetivo. El centro vasco amparado en la noble intención de defender los derechos de sus socios y haciendo uso del derecho que le asistía, jamás cedió ante las presiones. Había que escoger entre la libertad o la servidumbre, entre la dignidad o la humillación, los vascos de La Plata presentaron batalla y pasaron a la historia como ejemplo de resistencia contra los abusos de los poderosos.
La Comisión Directiva no sólo “quemaba las naves” también “cruzaba el Rubicón”.
La firme decisión estaba tomada, no había vuelta atrás. Al rechazo de la propuesta del presidente del Club Español siguió la consideración de la imposibilidad que el centro vasco integre y forme parte de la Casa de España. La incertidumbre se planteaba en escoger dos posibilidades, una era integrar una institución que represente a Euskal Herría Osoa (hegoalde eta iparralde), la otra era integrarse a España. El centro vasco de La Plata nunca se identificó ni como centro vasco español, ni como centro vasco francés, en aquel entonces era común la denominación “la casa de los vascos” o simplemente Euzko Etxea. Este hecho nos ilustra acerca de la filosofía y la identidad cultural y política de los fundadores.
Una década había transcurrido desde la derrota de la última guerra, esta vez, a 10 mil kilómetros de distancia, renacía la contienda, en este caso la batalla sería cultural. La estrategia consistió en activar una batería de actividades culturales que visibilice la fortaleza de cultura vasca en La Plata. El éxito de esta política se tradujo en un vertiginoso aumento de nuevos socios y en diversas manifestaciones solidarias de la sociedad platense que daban cuenta del buen concepto que la honesta y laboriosa colectividad vasca poseía en la ciudad. En el mes de agosto de 1948 se aprueba la designación de Olaiz como miembro del Congreso Vasquista de Biarritz. En septiembre la Comisión Directiva dá cuenta de la exitosa conferencia de Manuel Irujo “Los vascos en la actualidad”. En el mismo mes se decide auxiliar al gobierno vasco en el exilio con el envío de $400. En octubre se resuelve formar una comisión para crear la biblioteca con los socios, Goldaraz, Luzarraga, Eskiaga y Barreda. El 16 de enero de 1949 se aprueba la compra de la propiedad de la calle 14 entre 57 y 58 al señor Antonio Caffe, que se inauguró el 3 de abril y que permitió visibilizar el progreso de la institución. Incluso el 2 de febrero de ese año, se trata en comisión una nota del sr. Ordoki donde solicitaba se gestione el trasplante del árbol de Gernika existente en la Estancia Pereyra, recientemente expropiada, como repudio a lo que él consideraba autoritarias arbitrariedades y abusos del gobierno. Enfrentar al gobierno implicaba riesgos. Ordoki elegía sus enemigos sin temor a equivocarse.
Izan zirelako gara, garelako izango dira (“Porque fueron somos, porque somos serán”).
Pocas casas vascas consignan en su historia un acto tan sublime de virtud y coraje. Digna del recuerdo, esta historia es un ejemplo de responsabilidad y gestión institucional y su trascendencia y relevancia reside en que, sin esta heroica resistencia, probablemente nuestro querido centro vasco hoy no existiría. De alguna manera los valores que trasmite esta historia son parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial. Pienso que los hechos relatados revelan el espíritu de nuestros mayores. Esta tradición heredada es un legado y un destino, que debemos recordar siempre.
Bere borroka, gure adibidea da (Su lucha es nuestro ejemplo).
Por último, considero que el estudio de casos, como el que nos ocupa, puede contribuir y aportar claves sobre la verdad de lo acontecido en el pasado, cuando las relaciones de dominación, exacerbadas al máximo, llevaron a una disparidad tal que habilitaron prácticas genocidas perpetradas contra el pueblo vasco. Intentar comprender el odio contra los vascos que, sistematizado en ideología instrumentalizada por los estados genocidas, fue y es el marco teórico de políticas que legitiman todo tipo de violencias, nos permitirá elaborar estrategias de supervivencia. Ese odio contra nosotros no es nuevo, es el mismo odio que justificó a invasores extranjeros la conquista militar y la colonización del territorio, es el mismo odio que llevó a godos y francos a depredar vasconia, es el mismo odio que arrebató a sangre y fuego la soberanía de Navarra, es el mismo odio que quemó vivas en la hoguera a las mujeres vascas acusadas de brujería, es el mismo odio que destruyó e incendió durante días San Sebastián en 1813, es el mismo odio que llenó las cunetas de desaparecidos, es el mismo odio que bombardeó Gernika, es el mismo odio que prohibió el euskera, es el mismo odio que llamó terroristas a los que intentaron defender sus familias, es el mismo odio que encarceló injustamente a los jóvenes de Altsasu, es el mismo odio que no tolera que Pamplona también es Iruñea.
Mus. José Joaquín Saldias.
Director de la Cátedra Libre de Pensamiento Vasco
Universidad Nacional de La Plata. Argentina.










