Luis Ordoki Urdazi Autor del libro ‘Navarra 1841. La desaparición de un Reino’
“El reino de Navarra pasó a ser una provincia de la monarquía española. Fue un cambio radical”

Luis Ordoki, junto a su último libro, editado por Mintzoa y a la venta con nuestro periódico. Iñaki Porto
Luis Ordoki (Pamplona, 1957) saca nuevo libro. Esta vez alrededor de los ecos de 1841, un año marcado en nuestra historia moderna. Un ensayo, como siempre didáctico y sintético, presentado esta misma semana, y escrito desde su “pasión por Navarra”, de nuevo de la mano de Mintzoa.
Es su cuarto ensayo en cinco años.
—Pero este es diferente. Los tres anteriores formaban una especie de trilogía: Navarra milenaria, Dos Vasconias y Navarra y su identidad. Y este en cambio se centra en un periodo concreto, pero decisivo de nuestra historia, las primeras décadas del siglo XIX que culminan en 1841 con la denominada ‘Ley Paccionada’.
Un año grabado a fuego en la memoria colectiva, como señala.
—Como la Batalla de Roncesvalles o los orígenes del Reino con Iñigo Arista… En este caso el motivo es la desaparición del Reino. Esa ley culminó un proceso de desmantelamiento tras más de mil años, marcó un antes y después. De ser un verdadero estado europeo Navarra acabó convertida en una provincia de la monarquía española. Un cambio de estatus radical.
Cita la Constitución de 1812, como paso previo a esa pérdida. Un texto que se suele asociar a una modernización del Estado.
—Después de la Revolución Francesa se anunciaron tiempos de progreso, libertad y avance social. Y vinieron las constituciones, la de Baiona, de 1808, la de Cádiz, el Estatuto Real del 34 o la del 37, que supusieron un avance en algunos aspectos. Pero están ensalzadas en exceso. Fueron aprobadas por pequeñas élites formadas por militares, burgueses, nobles…gente cercana al poder, en un tiempo donde solo podían votar entre 20.000 y 30.000 personas de un censo de 10 millones de habitantes que tenía España.
Un mundo de camarillas…
—Que proyectaron la desaparición del Reino de Navarra, pese a que Navarra intentó por activa y por pasiva negociar con el Estado junto con las Provincias Vascongadas, y mantener su estatus, con los cambios necesarios que el nuevo orden constitucional hubiese exigido, pero con su régimen foral.
Y sin embargo…
—Sin contar con Navarra, en contra del juramento de los reyes de Castilla de que mejorarían los fueros y los respetarían, se nos convirtió en una provincia, para mí de forma ilegal.
De 1833 a 1841 se produjo la primera guerra carlista en Navarra.
—Para cuando terminó, el Reino ya estaba desmantelado. Los carlistas confiaban que para poner fin a la guerra el gobierno de la nación cedería y reintegraría los fueros. Pero vino el Abrazo de Bergara entre Maroto y Espartero, la ley del 39 sobre los fueros de Navarra y de las Provincias Vascongadas y la Ley Paccionada, que confirmaron el desmantelamiento. Ya en 1829 se había eliminado el contrafuero, luego se fue la Cámara de Comptos, y las Cortes se convocaron por última vez por entonces. Se prescindió del Reino de Navarra por pura omisión, tampoco se atendió a la Diputación, que pasó a ser una institución provincial más…
¿Cómo estaba Navarra en ese momento?
—Destrozada, en lo militar había pasado cuatro guerras en 40 años, en su territorio, con localidades arrasadas, confiscaciones de bienes… En lo social la tasa de crecimiento era la mitad que en el resto del Estado.
¿Y demográficamente?
—Navarra en el siglo XIX creció de 200.000 a 300.000 habitantes. El resto del país creció de 10 millones a 20. La tasa de crecimiento de Navarra fue la mitad que en el resto del Estado. Muchos navarros tuvieron que emigrar o exiliarse y muchos fallecieron y quedaron heridos.
A partir de ahí…
—Con una Navarra derrotada y ocupada por el ejército liberal se negocia la denominada Ley Paccionada que inicialmente no se llamaba así, salva un poco de autonomía administrativa, económica y financiera. Se consiguió arrancar al Estado esa ley en aquella situación paupérrima consiguiendo un cierto reconocimiento de su historia como reino, una pequeña autonomía que solo tenían las Provincias Vascongadas, que en cambio siguieron perdiendo competencias hasta perderlas todas en 1876 después de la tercera guerra carlista.
El libro salta en su parte final al siglo XX. ¿Qué ha querido proponer a los lectores con esta edición?
—Las primeras décadas del siglo XIX fueron terribles, trágicas para Navarra. Pero es un libro necesario para conocer todos aquellos acontecimientos, negociaciones, traiciones que desembocaron que Navarra pasase de reino a provincia. Eso por un lado…
¿Y por el otro?
—Es muy curioso. El Amejoramiento del 82 mantuvo en vigor las leyes de 1839 y la Paccionada de 1841. Aquella historia que nuestros antepasados forjaron hace casi doscientos años tiene continuidad en la actualidad. Esas leyes siguen estando vigentes, aunque sean decimonónicas. Recuperadas por el Amejoramiento poniéndolas en vigor y en valor como origen del nuevo régimen foral.
¿No es un contrasentido? Aquello había sido una derrota, ¿no?
—Sí, pero la Ley Paccionada mantuvo una serie de competencias. En 1841, cuando los carlistas perdieron la guerra y se tuvieron que exiliar, hubo un cierto planteamiento realista de salvar los muebles –el régimen económico y financiero– que por el tesón de la Diputación y de los navarros se fue ampliando en el siglo XIX.
¿Entonces?
—Esa ley era un poco ambigua y aquel embrión inicial de autonomía se amplió hasta convertir a Navarra no en una provincia española más, sino casi en una región autónoma, y la Diputación en una especie de gobierno autonómico. No se perdió todo.
Hubo una cierta resiliencia.
—Sí, y de esa manera se mantuvo hasta la Constitución del 78 y hasta el Amejoramiento del Fuero, en donde pasa a llamarse Comunidad Foral, recuperando muchas de las instituciones que había perdido en 1841, como la Cámara de Comptos, las Cortes, el Consejo y el Defensor del Pueblo de Navarra, y muchas de las competencias y facultades perdidas entonces.
Ahora estamos en la reforma de la Lorafna.
—Navarra tiene todavía un amplio camino que recorrer. La historia es la que es, y no la podemos cambiar, pero conocerla es fundamental para saber lo que fuimos y lo que podemos ser. Y tenemos ahora un marco jurídico y económico que tenemos que seguir desarrollando.
¿En consecuencia?
—Navarra no se puede quedar tranquilamente como está. Tendría que intentar asumir todas aquellas competencias, que son muchas todavía,que están dentro del principio de unidad constitucional, y que todavía no hemos asumido. Tiene que reforzar su personalidad histórica y cultural, y procurar reforzar los derechos de los navarros y navarras dentro de aquellas materias en las que Navarra tenga competencia para ello: vivienda, educación, derechos sociales… Hay que seguir mirando al futuro. No podemos pararnos.
¿Fuera del Parlamento hay indiferencia?
—A pesar de que estamos en una época muy desasosegada, el Parlamento y el Gobierno tienen que tener la cabeza fría para continuar avanzando, porque si no nos vamos a quedar atrás. Porque avanzar en autogobierno y en refuerzo del régimen foral es avanzar en progreso económico. Y si otras comunidades están consiguiendo no sé qué competencias, pues a Navarra también, tendríamos que tener una lista de todo eso para ir negociando con el Estado.
¿Percibe cambios en la situación desde que escribió su primer libro?
—Desde 2021 se ha asumido el Ingreso Mínimo Vital o Tráfico y Seguridad Vial, y se está hablando de seguir recuperando competencias. Mis libros sé que han llegado a autoridades y a gente muy variada.
Una satisfacción…
—Yo lo que hago es sembrar, siembro, doy mi opinión, creo que lo primero que tenemos que hacer es agotar el actual marco jurídico constitucional actual, y hay mucho recorrido todavía, porque el principio de unidad constitucional da mucho de sí. Recuperar la situación anterior a 1841 es imposible, porque ya no tiene sentido acuñar moneda ni tener la defensa de Navarra y esto no es un virreinato… Hay muchas cosas que ni el Estado tiene, porque han pasado a la Unión Europea.
Se ha hecho un nombre como ensayista una vez jubilado.
—El objetivo de estos libros es dar a conocer y tender puentes en una Navarra muy dividida. Todo tendría que formar parte de nuestro acervo histórico y cultural. En eso estoy.
Otro ilustre divulgador, Javier Enériz, le ha hecho el prólogo.
—Me siento muy identificado con él. Le pasa lo mismo que a mí. Desde que se ha jubilado, y antes incluso, le hervía la sangre para escribir sobre temas de Navarra.
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