Stéphane Dion, el Pere Navarro quebequense

El quebequés Stéphane Dion, exministro de Asuntos Intergubernamentales de Canadá, ha pasado por Cataluña invitado por la plataforma Federalistas de Izquierda y ha soltado las perlas que sus anfitriones esperaban. Es decir, las mismas perlas que Pere Navarro suelta día tras día y que horrorizan por su vacío. Navarro, sin embargo, es consciente de que cada vez que abre la boca hay veinticinco militantes de su partido que se dan de baja y ha optado por llevar a alguien que, en lugar de venir de Terrassa, venga de algo más lejos. De Quebec, por ejemplo. Sí, ya sabemos que el señor Navarro no diría de Quebec, él diría de Canadá, pero no importa. El hecho es que ha decidido llevarse a sí mismo, pero en versión quebequense. Aquí tenemos cuatro perlas de esta profundidad de pensamiento:

• “Siempre es mejor sumar que restar”.

• “La democracia es la formula de juntar la gente que piensa diferente y que habla diferente”.

• “Un referéndum sería un traumatismo social”.

• “Si una de las regiones de un país federal como Canadá se rompiera, significaría que ha muerto por sobredosis de democracia y tolerancia”.

Con relación a la primera -“siempre es mejor sumar que restar”- , sólo decir que es una de las frases de cabecera de la demagogia. Es la frase que todos los manuales recomiendan cada vez que no se sabe qué decir. Es bonita y suena lógica, neutra, redonda y nada excluyente. El problema es que, además de falsa, es tan vacía como la cabeza de un títere. No es cierto que sumar sea siempre mejor que restar. Todo depende de lo que se suma y de lo que se resta. ¡Sólo faltaría! Pero la sustancia de la frase no radica en el hecho de ser una falacia, sino en la falacia en que incurre el señor Dion al decirla a fin de vestir de universalismo una ideología netamente nacionalista y sacralizadora de los estados ya constituidos. Vaya, es el señor Dion quien permanece y quien excluye del concierto de las naciones a los pueblos a los que la adversidad histórica ha impedido tener voz y voto como pueblos plenamente soberanos. “Lo siento, chicos -viene a decirnos el señor Dion, con toda la carga de autoodio-, el mundo ya está repartido y ustedes han llegadoo tarde. Sería un crimen que los catalanes quieran estar en él con su nombre. La única posibilidad de que el mundo os acoja es que hagáis el sacrificio de restaros como catalanes para sumaros como españoles”.

La segunda frase -“la democracia es la formula de juntar la gente que piensa diferente y que habla diferente”- está sacada del mismo manual y es tan vacía como la primera. Hay que decir al señor Dion que la democracia no es eso. La democracia es dejar que la gente se junte con quien quiera y se separe de quien quiera, la democracia es dejar que la gente decida por sí misma qué quiere ser y cómo quiere ser, la democracia es respetar la soberanía del Parlamento de Cataluña; la democracia es entender que nadie, absolutamente nadie, y menos un exministro de Canadá, tiene algún derecho a criminalizar la libertad de expresión del pueblo catalán. Votar no es ningún trauma social. El trauma social -en referencia a la tercera frase- es negar el derecho de voto, el trauma social es criminalizar el derecho de autodeterminación de los pueblos bajo el pretexto de que genera conflicto. Un referéndum no es nunca un conflicto en sí mismo, un referéndum es la manera de solucionar un conflicto preexistente. De otro modo no habría falta ningún referéndum. En otras palabras, es necesario un referéndum para solucionar la agresión política y el trauma social que suponen la imposición de una nacionalidad que no es la propia. En este caso, la imposición de la nacionalidad española a la nación catalana.

Respecto a la cuarta y última frase -“si una de las regiones de un país federal como Canadá se rompiera, significaría que ha muerto por sobredosis de democracia y tolerancia”-, casi produce escalofríos. No es extraño que, al decirla, el señor Stéphane Dion recibiera los aplausos emocionados de la cúpula del PSOE de Cataluña en el acto que le habían organizado en la Universidad de Barcelona. El mensaje era claro: demasiada democracia y demasiada tolerancia hacen a la gente inconformista, insumisa y asertiva. ¿Y qué pasa cuando la gente es inconformista, insumisa y asertiva? Pues pasa que pone en peligro la estabilidad de quienes han vivido toda la vida del conformismo, de la sumisión y de la inferiorización. Por lo tanto, menos democracia y menos tolerancia. El opresor inteligente no estrangula nunca al oprimido, le basta con que este recuerde su condición.

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