La marca España y sus anacrónicos tabús

Si las fuerzas fácticas del estado español, fueran coherentes, razonables, democráticas, etc, explicitarían esta pregunta: ¿Porqué tratan de irse, catalanes, vascos…?
Cualquier ser libre, si lo es con todas sus consecuencias,  puede integrar o abandonar una asociación o un espacio político. ¿Por qué no una comunidad  de ciudadanos libre y  que se reconozca como un pueblo, con su lengua, su historia, sus instituciones?
Solo cabe una respuesta. Que la libertad de tales ciudadanos esté coartada y coaccionada  por la imposición de unas leyes ajenas. Leyes impuestas por cualquier forma de violencia, económica, armada etc…
Es el caso de España. Y aquí, por desgracia, las razones para ejercer esta coacción contra la libre expresión de estas naciones sin estado, se asocian con algunos tabús. Endémicos con la marca España.
Y es que ya decía el slogan,  Spain is different.
En el franquismo le apelábamos, el bunker.
Y es que a la postre, -como hoy-, histórica y secularmente España es el resultado del violento engendro de un  terrorífico conciliábulo.
Se trata de esa orgía cruenta de  oligarcas, fervor castrense, políticos corrompidos, purpurados fanáticos… Y por supuesto la prensa del movimiento, en sus dos vertientes, la más desvergonzada y cavernaria y la del statu quo, insoportable a pesar de sus aires democráticos…
Este hatajo de bribones y truhanes, son en definitiva  los padres del imperio o si se quiere de la patria. Los gestores del nacionalcatolicismo con toda esa retahíla de tabús y  endémicos vicios, como la corrupción. La comunidad internacional acaba de ponerlo de relieve.  
Tabú como el que impide  esclarecer de una vez por todas el genocidio franquista…
Tabús, auténtica carne de la marca España,  en el fondo y en la forma.
Recuerdan aquello de “una unidad de destino en lo universal”. Esa “una unidad verdadera en si misma –decían los sinvergüenzas de ellos-, que supo cumplir misiones universales”.
Misiones a las que al parecer, todavía un buen puñado nada despreciable de españoles, se mantienen fieles a su espíritu. Incapaces de considerar la devastación que supusieron tales misiones. Inconcebible que la conquista de América, no les ponga los pelos de punta. Que. tal parece,  de puro fanáticos y desquiciados, serían capaces de repetirla.
Y es que esa fe ciega en la sacrosanta unidad, no deja de ser otro auténtico tabú.
Porque la base “científica” para tal unidad es un sofisma, que en España ni se discute, ni se analiza democráticamente.
Es como si se tratara de la palabra de Dios. Fíjense: “España -decían los de las J.O.N.S- existe como algo superior a sus individuos, “clases”, grupos y al conjunto de todos ellos.
Este es el viejo ideario hispánico –bien anclados en las concepciones del s. XIX…-, nada lejos de postulados como los del PP, PSOE, UPN…etc… Pero, por supuesto, bien lejos de cualquier concepción democrática que conciba al ciudadano como garante de la soberanía y del poder del estado.
Porque en definitiva, ¿qué Dios es la tal unidad?, ¿por qué ha de estar por encima de la libre voluntad de la ciudadanía? No hay tal unidad sin imposición armada, sin violencia…
Hoy, cuando tan en entredicho –eso sí ladinamente, cuando no con auto-odio- se ponen ciertos modelos educativos, bien podríamos analizar alguna de las barbaridades del franquismo. Y conste, que me consta, que algunas no está ni tan lejanas, ni tan obsoletas. Porque lo del “imperio hacia Dios”, sigue bien presente -al menos en sustancia-, en bastantes sectores sociales. Y no exclusivamente en los predios del opus o de los legionarios de Cristo esos…
Muchos son los tabús del imperio de los Austrias… Los dejaremos para mejor ocasión. Y es que de entre todos los tabús emanados de ese tinglado, suma de nacionalcatolicismo y transición, ninguno como el santo sacramento de la constitución.
Y es curioso que en un país, dicen que  hecho de pura médula carpetovetónica, desde la llamada Pepa, las constituciones –ocho-, se han volatilizado sin pena ni gloria. Es decir, sin la más mínima pantomima, siempre que a los intereses del chiringuito, sacro-oligarco-milico, les ha parecido oportuno.     Eso, que resulta sorprendente que ahora, tan hipócrita como taimadamente, vengan a instalárnosla como muga, ante cualquier aspiración democrática.
¡Venga, cabilderos y farsantes! Que ya sabemos que hacéis cuando os interesa con esa vuestra intangible constitución de los… eso, de lo que mejor os cuadre.
Porque si algo hemos de tener claro, sobre todo los vascos, es que somos hijos de un sistema foral. Y que puesto al día, quizás no fuera la mejor constitución, pero si nuestro mejor modo de gobernarnos. Y por supuesto el nuestro. Al margen de peregrinos tabús de necias superioridades, pretenciosos y vacuos slogans y sobre todo de imperiales estupideces…
Y toda esta, por mi parte modesta reflexión, lo único que pretende es reclamar mi derecho como ciudadano a formar parte del estado que mejor proteja mi identidad. Esto por una parte. Y además, y entre otras cosas, a liberarme de un mundo de rufianes.
Hoy España es un caos de injusticias, políticos y banqueros corruptos, violencia institucional, alarmantes desigualdades sociales… Es decir, un mundo de mentira, todo mentira e inacabable mentira.
Que al menos no me quiten la esperanza de soñar en una Euskalherria libre.