AL coincidir este año la Korrika con periodo preelectoral, los gobernantes de UPN no le han puesto trabas: ni cambios en el recorrido, ni prohibiciones de instalar barras, ni, yo que sé, por lo menos, acusaciones de apología de la pesca ilegal de trucha. Cómo se pasan. No hay derecho. En ausencia de las ya tradicionales prohibiciones administrativas y tergiversaciones políticas, me costó mucho más reunir los ánimos necesarios para vestir el chándal, calzar las zapatillas y salir a la calle. Es que esto de estar a favor del euskera es muy cansado. Son muchos años ya de Korrika, Nafarroa Oinez, fiesta de Sortzen, día del euskera del barrio, fiesta de la toponimia del portal. Tengo para mí que no soy el único euskaltzale cuya motivación funciona de esta perversa manera, que somos legión quienes encontramos gran parte del estímulo necesario para seguir trabajando a favor del euskera en la reacción ante los abusos perpetrados en su contra. No deja de ser la consecuencia lógica del viejo discurso sociolingüístico del movimiento euskaltzale: salvemos la lengua de Aitor, ese tesoro milenario sin igual, en peligro de desaparición tras ser perseguida con saña durante la dictadura franquista. El caso es que al final, superando la pereza, participamos en la Korrika, y menos mal, porque fue una auténtica gozada ver cómo nuestra hija Maddi, de 3 años, disfrutaba como loca gritando, saltando, corriendo eufórica en favor del euskera. Evidentemente, a Maddi nunca la hemos aleccionado en favor del euskera. No sabe nada de milenarismos y agravios. Su adhesión al euskera se basa en la funcionalidad. Es el idioma en que su madre y yo le damos cariño. Es el idioma que utilizan los payasos Pirritx, Porrotx y Marimotots, cuyos vídeos son los que más le gustan, por delante de los que tiene en castellano. Es el idioma en el que se expresa con mayor comodidad. Por eso se alegra cuando en una tienda le hablan en euskera. Por eso el viernes, cuando le explicamos que la Korrika era una carrera a favor del euskera, que toda aquella gente corría a favor del euskera, se puso como loca y gritó, saltó y corrió eufórica, feliz. Resulta mucho más actual e ilusionante el discurso sociolingüístico de Maddi que el de su padre. A ver si empieza a usarse más.









