EL mismo político navarro que hablaba de la amenaza de la espada de Demóstenes, confundiéndola con la de Damocles, afirma también que Euskal Herria es una pura entelequia y hasta da la impresión de que se regodea por utilizar tan acertado helenismo. Decía mi abuela que “se dice el pecado pero no el pecador”. Nunca aclara nuestro político qué entiende por Euskal Herria cultural o políticamente y menos en qué apoya su aserto. También mi abuela sentenciaba: “¡Qué atrevida es la ignorancia!”. Todo comienza con los vascones en los Pirineos y acaba en 1512.
Claro que el pueblo del euskera está dividido actualmente por instancias superiores sin haber contado con la voluntad popular. Absurdo negar la existencia de Euskal Herria que ha perdurado durante milenios con su lengua preindoeuropea, sus mitos, costumbres, deportes propios, folclore, arquitectura, gastronomía… “No hay más ciego que el que no quiere ver”, puede que también esto lo dijese la abuela. Basta buscar en Internet la palabra Euskal Herria y se puede estar leyendo durante horas sobre el tema. Quien niegue la realidad de Euskal Herria quiere que renunciemos a nuestra propia identidad. El término de Euskal Herria se cita ya en el siglo XVI por el alavés Juan Pérez de Lezarraga o en la traducción de
Difícil plasmar en este escueto escrito las alusiones históricas al enclave político de Euskal Herria dentro de las fronteras del Reino de Navarra. Señalo sólo dos. El Rey García Ramírez afirma: “Reinante me Dei gratia rex in Pampilona et in Alaua et in Bizcaya et in Lipuzcoa…” (no necesita traducción). En “papeles sueltos de Yanguas” se afirma: “Navarra comprendió Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, gran parte de









