Cuando las bolsas cierran el viernes por la noche y durante el fin de semana, Donald Trump endurece el tono y amenaza a Teherán con la destrucción · Cuando las bolsas están a punto de volver a abrir el lunes por la mañana, habla de “conversaciones productivas”, de prórrogas del alto el fuego y de planes de paz
Hay una forma relativamente simple de saber cómo irá la semana en el Levante: mirar el reloj de Wall Street. Porque, desde que comenzó la guerra contra Irán, el 28 de febrero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha repetido un patrón que ya no pasa desapercibido. Cuando las bolsas cierran, el viernes por la noche y durante el fin de semana, Donald Trump endurece el tono y amenaza a Teherán con la destrucción. Pero cuando las bolsas están a punto de volver a abrir, el lunes por la mañana, habla de “conversaciones productivas”, de prórrogas del alto el fuego y de planes de paz “viables”.
No es una impresión. Es una pauta que varios analistas estadounidenses han documentado con fechas y horas en la mano, y que dice mucho sobre cómo Trump utiliza la guerra como instrumento de gestión del mercado.
La interpretación más precisa del fenómeno proviene de la CNN, en un análisis sobre los anuncios del presidente que aparecen sospechosamente sincronizados con la apertura y cierre de los mercados. Trump no improvisa: suelta las amenazas cuando nadie puede vender acciones y retrocede cuando pueden volver a hacerlo.
La historiadora Heather Cox Richardson lo resumió con un ejemplo neto del 23 de marzo. Poco después del cierre de la bolsa del viernes, Trump publicó un mensaje diciendo que la guerra “se acababa”, un mensaje pensado para calmar a los inversores durante el fin de semana. Pero aquel sábado por la noche, con los mercados cerrados, cambió de registro y dio a Irán un ultimátum de cuarenta y ocho horas para reabrir el estrecho de Ormuz o bombardearía sus centrales eléctricas. Y el lunes por la mañana, justo unos minutos antes de la apertura, volvió a dar la vuelta al timón y empezó a hablar de conversaciones “muy buenas y productivas” y aplazó los ataques cinco días. Los días en los que la bolsa estaba abierta. El resultado de esa maniobra concreta, el índice S&P 500 subió 240 puntos.
La guerra ya empezó con las bolsas cerradas
El patrón viene desde el principio. Trump esperó a que cerraran los mercados un viernes para anunciar los primeros ataques contra Irán, y la operación ‘Epic Fury’ arrancó de madrugada al día siguiente, el sábado. Desde entonces, la lógica se ha repetido en cada episodio de tensión. La agencia Associated Press dedicó un análisis en el que constataba que, cuando había cualquier señal de peligro en los mercados, Trump se apresuraba a publicar un mensaje o a hacer una declaración para asegurar que la guerra que él mismo había puesto en marcha se podía acabar pronto.
El caso más descarado fue un lunes antes de la apertura de la bolsa: en un solo mensaje, Trump anunciaba grandes avances en las conversaciones de paz con Irán y, al mismo tiempo, amenazaba con atacar infraestructuras civiles si no había acuerdo “rápidamente”. Paz y guerra en una misma frase, según qué público le escuchara.
La revista ‘Time’ ha descrito un patrón relacionado aunque no idéntico. En su análisis, lo característico de Trump es lanzar amenazas máximas y después retroceder a medida que los riesgos de ejecutarlas se hacen evidentes. Según ‘Time’, el presidente busca, cada vez más rápido, una salida del conflicto, porque el apoyo popular a la guerra cae y los precios de los carburantes y la volatilidad de los mercados tienen alarmados a los republicanos, que piensan en las elecciones de noviembre.
La sombra de los mercados de predicción
Hay también un inquietante ángulo que va más allá del relato oficial. Un trabajo de ‘Axios’ recogió movimientos de mercado difíciles de explicar en torno a las decisiones de Trump. El viernes antes del comienzo de la guerra, más de 150 cuentas de la plataforma ‘Polymarket’ apostaron de golpe en que Estados Unidos atacaría a Irán al día siguiente. Y un lunes entraron de repente 580 millones de dólares en futuros del petróleo, sin noticia pública alguna que lo justificara, a falta de dieciséis minutos para que Trump anunciara una pausa en los ataques contra las centrales iraníes. Como si alguien supiera lo que pasaría antes de que ocurriera.
Sea como sea, ya estamos a finales de mayo y el alto el fuego sigue siendo una ficción funcional. Trump llegó a decir, desde el Despacho Oval, que la tregua se encontraba “con soporte vital”, mientras el Pentágono decidía que los ataques iraníes contra barcos estadounidenses y contra los Emiratos no llegaban al “umbral” de violación del acuerdo.
La conclusión a la que llegan los analistas es simple e incómoda a la vez: la insistencia de Trump en no reanudar la guerra a gran escala le ha quitado credibilidad y fuerza negociadora ante Teherán, que ha aprendido a leer el calendario tan bien como los inversores. Mientras, la guerra continúa. Ocurre que los peores titulares, o eso parece, quedan reservados para los días en los que Wall Street duerme.
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