Las lecciones catalanas del no de Escocia

Escocia ha dicho que no. Por un margen más estrecho de lo esperado hace tan sólo un mes, el pueblo escocés ha acudido en masa a las urnas y ha decidido: se quedará una temporada más en el Reino Unido. Que Escocia no es Cataluña, ya lo sabemos. Y que el Reino Unido no es España, aún más. En principio, no debe sorprender demasiado el resultado del referéndum de independencia escocés, pero es lógico que los soberanistas catalanes tengamos una cierta decepción porque nos hubiera gustado un precedente que abriera camino a la Unión Europea. ¡Qué le vamos a hacer! No ha podido ser y ahora hay que tomar nota y extraer lecciones. He aquí las que se me han ocurrido:

 

Votar no es ganar

He oído y leído estos días el eslogan ‘votar es ganar’. Y debo decir que me parece poco acertado. Ya sé que en nuestro caso no nos dejan votar y podemos considerar que hacer un referéndum es como una victoria. Pero votar es y debería ser lo más normal y rutinario en un país democrático. Esta idea de presentar el ejercicio del derecho de voto como una victoria me recuerda demasiado aquella otra idea de ‘lo más importante es participar’. Y tampoco creo que sea nada acertada. Participar es importante, pero si nos quedamos en esto tenemos el fracaso asegurado. La mediocridad es hija de estas ideas. Para ganar hace falta mucho más que participar. Hay que prepararse, hay que luchar, hay que sacrificarse, hay que arriesgarse y se necesitan muchas cosas más que estar presente a la hora y en el lugar determinados. Si encaramos el desafío inmenso que nos hemos puesto con la consigna de que ‘votar es ganar’, ya podemos ir preparando los pañuelos para secar las lágrimas. Nuestro eslogan debe ser ‘votar y vencer’.

 

La importancia de la transversalidad

El proyecto independentista en Escocia es casi exclusivo del Partido Nacional Escocés (SNP, en inglés). Y aún más encarnado en la figura del primer ministro, Alex Salmond. Ciertamente, una vez convocado el referéndum se creó una campaña con participación de la sociedad civil que superó los muros ideológicos del partido de gobierno. Pero es imprescindible que un proyecto de esta magnitud sea compartido por un amplio abanico de partidos y tendencias ideológicas que lo hagan viable y duradero. La incertidumbre sobre el compromiso de la alternativa de gobierno es nefasta para la confianza de los electores. En Cataluña, tenemos la suerte de que, ahora mismo, la alternativa de gobierno por la izquierda de CiU es también un partido soberanista -ERC- y comprometido con el proceso de independencia. El proyecto de un solo partido difícilmente puede convertirse y ser asumido como el proyecto de todo un país.

 

La fuerza de la gente

A la vez que hay transversalidad en el ámbito institucional, es necesario que la independencia sea un anhelo popular extendido y expresado abiertamente. En Escocia el proceso lo ha dirigido desde un principio el gobierno. En Cataluña quien empuja el proyecto es la sociedad civil. De ello tenemos ejemplos bastante recientes. La transformación de un país cuando se independiza es tan grande y tan profunda que se hace imprescindible que haya una profundidad muy mayoritaria de la población que no sólo haya votado a favor, sino que lo haya empujado y asumido sus consecuencias individual y colectivamente. En este sentido, es muy importante que la movilización popular no deje de empujar y que las instituciones sean una respuesta constante de esta voluntad social.

 

No todo es la economía, estúpido

En Cataluña -y también en Escocia- se ha sustentado demasiado la argumentación independentista, casi exclusivamente, en las cuestiones económicas y materiales. Son importantes y probablemente prioritarias. Aún más teniendo en cuenta el estado precario del bienestar de las capas más pobres del país. Pero debe quedar claro que la independencia no es un cálculo. Si entendemos la transición nacional como una mejora de la cuenta de resultados de Cataluña, nos pondremos una trampa a nosotros mismos. Cataluña, aunque perdiera un poco, debe ser independiente por razones que van más allá de las finanzas públicas. La independencia es una cuestión de calidad y rigor democrático, de realce cultural, de principio de libertad, de mayoría de edad, de derechos humanos, de justicia histórica, de protección lingüística, de recuperación de valores y actitudes, etc. Si tan sólo hacemos un cálculo económico, podemos acabar perdiendo la razón si el coste que nos hacen pagar unos y otros es demasiado elevado. Lo que nos diferencia de Escocia y que ellos no han podido destacar en la campaña es que nosotros no tenemos selecciones propias, no tenemos la enseñanza blindada competencialmente, no nos respetan los símbolos ni la lengua, nos humillan día sí y día también… En el Reino Unido se puede ser escocés sin sentirse amenazado ni perseguido. Y esto no es ninguna cuestión económica, sino de dignidad humana.

 

Siempre puede llegar la oferta

Hasta ahora el gobierno español no ha movido un dedo para seducir a los catalanes contra la independencia. Es cierto que todo hace pensar que el dedo en cuestión no se moverá. Pero miremos el caso escocés. Tampoco Londres había hecho ninguna oferta hasta la última semana de campaña. Madrid no se mueve en el terreno de la seducción porque su combate es impedir la democracia. Pero si finalmente encontramos la fórmula para esquivar sus amenazas, no sabemos si no cambiarán el sentido de la estrategia, o bien la combinarán al estilo del PSOE. Hasta ahora sólo nos han enseñado el palo, no sabemos si cuando nos acerquemos a la votación enseñarán la zanahoria. Entonces tendremos que tener muy claro que España no cumple nunca sus promesas, al menos las que se refieren a los catalanes: ‘Apoyaré…’

En conclusión, aprovechemos el ejemplo de Escocia para decir que las decisiones deben tomarse de una manera democrática, civilizada y, a ser posible, acordada. Pero que no hay ninguna solución real que no sea dar la voz al pueblo. Aprovechemos el ejemplo del caso escocés y británico, y aprendamos las lecciones que nos ofrece. Y tengamos siempre presente -incluso cuando estemos en medio del gentío en una ‘V’ colosal- que se puede perder. Y que si pierdes estás perdido. Votar es votar. Y ganar es ganar.

Pere Cardús
VILAWEB