
La Ikastola San Fermin, lista para acoger el Nafarroa Oinez 2026 Javier Bergasa
Otro Oinez. Otro día de fiesta, cultura, historia, lengua, solidaridad, reivindicación del pasado, presente y futuro para celebrar el avance del euskera en Navarra y culminar el esfuerzo y trabajo de cientos de personas –madres y padres, profesorado, alumnos y colaboradores–, a lo largo y ancho de la Comunidad Foral y otros territorios de Euskal Herria. La gran fiesta del euskera en Navarra organizada este año de forma conjunta por las ikastolas Erentzun de Viana y San Fermin en Zizur. 50 y 60 años respectivamente enseñando, educando y conviviendo en sus aulas en y con el euskera. Una jornada más para disfrutar y para destacar el valor de una jornada de exaltación del euskera como patrimonio de la comunidad que formamos todos las navarras y navarros, de su historia, de su cultura y de su identidad. Desde aquellos primeros años de esfuerzo, lucha e ilusión para poner en marcha proyectos educativos cooperativos en euskera, hoy la calidad de la enseñanza en esta lengua navarra no solo está evaluada y contrastada, sino que es una opción elegida por miles de familias y suma ya más de un tercio de los jóvenes navarros menores de 30 años.
Las lenguas minorizadas no lo tienen fácil en ningún sitio, tampoco en Navarra y en el resto de los territorios de Euskal Herria, pero si se echa la vista atrás en estas últimas cinco décadas los avances y la consolidación progresiva del euskera en Navarra son reales. Es cierto que hay problemas e inquietudes y visiones más pesimistas, críticas o negativas alrededor de su normalización y avance en Navarra. Y, sobre todo, obsesiones políticas e ideológicas y trabas, como el injustificable veto político a la oficialidad del euskera, que incomprensiblemente continúan por parte de quienes promueven un conflicto identitario y la confrontación de lenguas desde sectores políticos y mediáticos interesados en la división permanente de los navarros y navarras y en la explotación partidista de falsos conflictos entre territorios y zonas invocando una falsa pugna entre lenguas y ciudadanos. Y no sólo por esa manipulación política constante que utiliza la lingua navarrorum como una herramienta de división, esa anormalidad única en Europa y en el resto del Estado con más de una lengua oficial de legislar en contra de una lengua propia perseverando en viejos fanatismos y persecuciones. Una actitud absurda, burda e inútil.
También por la irrupción de los avances tecnológicos y su influencia en las nuevas generaciones o la cada vez mayor concentración de la información y la comunicación en las grandes redes sociales… terrenos nuevos que ofrecen nuevas oportunidades al euskera, pero que igualmente conforman otros modelos de relación y comunicación en los que el euskera compite en inferioridad. Aún con todo ello, la botella está mucho más que medio llena y los últimos once años, con los sucesivos gobiernos, se han ido revertiendo poco a poco importantes recortes, pasos y decisiones políticas y presupuestarias anteriores y los balances globales de la Política Lingüística son más positivos que negativos. Se trata de construir discursos, argumentaciones y visiones compartidas en positivo alrededor del euskera que superen las intoxicaciones que falsean su realidad en Navarra.
Frente a estos discursos, actos como este Nafarroa Oinez, ponen en valor la fuerza del euskera y también el papel de las ikastolas, aunque sea ocioso recordarlo, que ha sido y sigue siendo imprescindible, como el modelo D en la educación pública, para poner a la lengua en el lugar que ahora ocupa. El euskera vive en Navarra. Ongi pasa!
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