Como nota introductoria a este, a mi juicio, interesante aportación del Dr. Guntram von Schenk al trabajo presentado por la Comisión de historiadores: A inicios de febrero del 2005 ocurrió una cosa sorprendente en la historia del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán: 128 diplomáticos jubilados se alzaron contra el ministro Joschka Fischer. En el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitiung (FAZ) insertaron una esquela de gran formato por el colega fallecido Franz Krapf, antiguo miembro del NSDAP y de las SS, que en la República Federal de Alemania había llegado a ser embajador en Tokio y director de la representación permanente en la OTAN. Protestaban en contra de un decreto de Fischer relativo a las necrologías, que disponía que no se debía dispensar en adelante en la revista interna del Ministerio ningún “recuerdo honroso ni distinguido” a los miembros del partido nazi. Con este paso espectacular por parte del ministro los exdiplomáticos provocaron una reacción involuntaria. El ministro de Asuntos Exteriores agarró el toro por los cuernos y pasó a la ofensiva: quiso aclarar algo por lo que los anteriores pasaron de puntillas: analizar la historia del Ministerio de Asuntos Exteriores en la época del nacionalsocialismo y su historia posterior en la República Federal de Alemania, tarea que se encomendó a la Comisión de historiadores independientes, formada por cinco historiadores de cinco Universidades deiferentes: Eckart Conze, Norbert Frei, Peter Hayes, Klaus Hildebrand y Moshe Zimmermann. Cinco años después, el 21 de octubre del 201, se presentó públicamente el trabajo bajo el título “Das Amt und die Vergangenheit Deutsche Diplomaten im dritten Reich und in der Bundesrepublik” (El Ministerio y el pasado. Diplomáticos alemanes en el III Reich y en la República Federal de Alemania). Este artículo del embajador jubilado Dr. Guntram von Schenk es un comentario a este libro elaborado por los cinco profesores indicados (Mikel Arizaleta).
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El libro “Das Amt und die Vergangenheit. Deutsche Diplomaten im Dritten Reich und in der Bundesrepublik” de la editorial Blessing, Munich 2010 de la Comisión de historiadores independientes, encargada por el Ministro de Exteriores Joschka Fischer en 2005, provoca algunos comentarios críticos complementarios:
– el papel de Ernst von Weizsäcker como secretario de Estado del Ministerio de Exteriores de 1938 a 1942
– el discurso de su hijo Richard von Weizsäcker como Presidente de la República Federal de Alemania el 8 de mayo de 1985 (“Día de la liberación”)
– -el holocausto y la supuesta participación de la cúpula del Ministerio de Exteriores en la decisión sobre la “Solución final” (Endlösung)
1.- El ascenso de Ernst von Weizsäcker y su papel activo en el Estado del
Nacionalsocialismo
Casi nadie nos hubiera podido conducirnos y acompañar por las profundidades agrietadas de la época del Nacionalsocialismo y de la posguerra mejor que Ernst von Weizsäcker, secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores de 1938 a 1942 y embajador en el Vaticano de 1943 a 1945. No es casualidad que con cierto ritmo se suscite en torno a su persona la discusión sobre continuidad y discontinuidad, decencia y crimen, resistencia y fidelidad al régimen de las élites funcionales y de una gran parte de la sociedad alemana de 1933 a 1945 y en la época posterior. En su biografía se raciman las preguntas supurante y no resueltas, como muestra la última discusión sobre el libro “Das Amt und die Vergangenheit”.
En la exposición del ascenso de Ernst von Weizsäcker la Comisión de historiadores da la palabra también al propio Weizsäcker. El ascenso a la secretaría de Estado habría ocurrido “sin ninguna ambición por su parte, obedecería más bien a un sacrificio justificado en pro de conservar la paz”. En manos del lector imparcial queda el que crea o no lo que dice Weizsäcker. Naturalmente es más elegante y queda mejor decir que uno ha sido llamado que decir que uno ambicionaba o reclamaba el puesto. Quien conoce bastante bien el paño y sabe qué ocurre en el Ministerio de Asuntos Exteriores difícilmente se creerá esta “narración evocativa”. A nadie se elige “de cualquier manera y porquesí” secreatario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Se exigen requisitos fundamentados no sólo en la competencia de la materia del futuro funcionario. El secretario de Estado ejecuta la voluntad del ministro, es cierto que que goza de un cierto campo de juego pero no en las cuestiones fundamentales en política, sobre todo en cuestiones de guerra y paz. Ahí ministro y secretario reman juntos y más siendo tanto tiempo secretario
Weizsäcker acarreaba consigo ese tipo de condicionamientos y requisitos. Abogó con insistencia por la pérdida de la nacionalidad de Thomas Mann en 1936 de acuerdo con el régimen (Thomas Mann fue mi primera viviencia política como estudiante en Bonn a mediados de los 60, el debate sobre la pérdida del título de doctor honoris causa de Thomas Mann por la Universidad de Bonn en 1936). Frente al enviado suizo en París Weizsäcker dio a entender en 1938 que los judíos tenían que abandonar Alemania, “de lo contrario tendrían que afrontar a corto o largo plazo su aniquilamiento total”. Weizsäcker dirigió desde agosto de 1936 el departamento político de Asuntos Exteriores, primero provisionalmente y a partir de abril de 1937 como director ministerial. Se ofreció al régimen como simpatizante, y ya en el puesto de director político aspiró a la secretaría de Estado. Cuando Hitler quiso activar la política exterior del nacionalsocialismo encontró en Ribbentrop a un ministro complaciente, si bien algo inepto, y en Weizsäcker un secretario de Estado capaz y preparado, que podía y quería llenar las lagunas del Ministro de Exterior. Ernst von Weizäcker y el régimen nacionalsocialista se encontraron, aun cuando Weizsäcker sólo entrara en el NSDAP tras su nombramiento como secretario de Estado y admitido en la SS con el rango de Oberführer, un brigadier. Los nazis tenían muchas carencias pero no en cuestiones de poder y lealtad, en eso estaban muy bregados y sabían lo que hacían.
Ante la gran problemática jurídica del proceso de criminales de guerra de Nuremberg se tuvo el mérito indiscutible de presentar hechos y documentos y de colaborar en la clarificación de determinadas cuestiones. En el proceso de la denominada calle Wilhelm (Wilhelmstrasse), uno de los procesos que siguió al de Nuremberg: “United States vs. Weizsäcker et al.”, en el que se acusó a los diplomáticos del Ministerio de Asuntos Exteriores con Ernst Weizsäcker a la cabeza, se hicieron públicos documentos que muestran que Weizsäcker también más tarde “siguió el tema”. Weizsäcker juntamente con Göring y el exministro de Asuntos Exteriores Neurath elaboraron el boceto del Acuerdo de Munich de 1938 por el que se obligaba a Checoslovaquia a la cesión de la región de los sudetes, acuerdo que sería presentado por Mussolini como una propuesta de mediación. Weizsäcker firmó una hoja del Ministerio de Asuntos Exteriores a Rademacher, encargado de la cuestión judía, en marzo de 1942: en contra de la deportación de 6000 judíos de Francia no se “formula demanda alguna”. El mismo Weizsäcker había redactado el escrito y cambiado la fórmula de “no hay inconveniente” (keinen Bedenken) por “no se eleva demanda”. En Nuremberg no se conocía que Weizsäcker había firmado informes de los grupos de intervención en Polonia y en la Unión Soviética 1941/42. En el informe nº 6 se menciona explícitamente la liquidación de 4891 judíos. Weizsäcker sabía lo que se cocía.
A veces historiadores y profanos –lo mismo que en su tiempo los fiscales y jueces de los procesos de Nuremberg- hacían patente la dificultad que sentían para captar, entender e interpretar en su justa medida procesos internos en ministerios como el de Asuntos Exteriores. Los documentos son importantes, pero no lo es todo. También la “historia oral” choca con sus límites. Auch die „oral history“ stößt an ihre Grenzen.
2.- ¿Weizsäcker en la oposición?
Es controvertido el círculo opositor del Ministerio de Asuntos Exteriores en torno a Weizsäcker. Pero resulta raro, diríamos hasta desconcertante, que la colaboración de Werizsäcker en el Acuerdo de Munich de 1938 debiera interpretarse como una especie de oposición. Se argumenta que porque ya en esta época Hitler había optado por la guerra este acuerdo vendría a propiciar “una política de paz a espaldas de Hitler y de Ribbentrop” (entrevista de Richard Weizsäcker, FAZ, 24-10-2010)
En el intercambio diplomático con los gobiernos de Londres y París sin duda interesaba hacer creíble, interesaba demostrar con el acuerdo que de parte alemana existían “fuerzas pacíficas”, papel que tocó en suerte al secretario de Estado. Neurath, quien como exministro de Asuntos Exteriores y protector del Reich de bohemios y moravos fue condenado en Nuremberg a 15 años de prisión, en el traslado a la cárcel de Spandau pensó en alto sobre el tema: “cuánto mayor debiera ser el castigo para Weizsäcker (y otros), que apoyaron abiertamente la política de agresión activa de Hitler” (Das Amt, pág 379). También debió pertenecer al grupo opositor en torno a Weizsäcker el director de la oficina de Ribbentrop, Erich Kordt, desde 1940 Obersturmführer de las SS y desde 1941 enviado de primera clase a Tokio (Das Amt, pág. 296). Quien conoce desde dentro la burocracia ministerial se sorprende instintivamente (fasst sich unwillkürlich an den Kopf). El diplomático Ulrich von Hassel, que al inicio abogó en pro del régimen nacionalsocialista, pero que tras el 20 de julio de 1944 fue ejecutado como opositor activo, anotaba en 1942: “Todo el círculo en torno a Weizsäcker a medida que pasa el tiempo muestra con más nitidez que en el fondo es débil e impresionable. De ahí no se puede esperar nada que huela a pleito” (Das Amt, pág. 136) A quienes nacimos con posterioridad no nos resulta fácil comprender la situación de quienes actuaban bajo el régimen del nacionalsocialismo. Pero se constata que desde el inicio hubo oposición al régimen nazi: socialdemócratas, comunistas, gente del centro, gentes de la Iglesia, sindicalistas etc., en todas las capas de la sociedad hubo gente que ya desde 1933 se opuso con gran sacrificio de su parte: jugándose el puesto de trabajo, perdiendo su oficio, ingresando en la cárcel, penando en campos de concentración, obligados a emigrar o siendo asesinados… Por nombrar tan sólo a uno entre las decenas de miles: el primer presidente de la posguerra del SPD (partido socialista), Kurt Schumacher, estuvo penando casi toda la época nazi en un campo de concentración con grave deterioro de la salud. Entre los militares se formaron grupos críticos en tiempos del régimen, que más tarde, el 20 de julio de 1944, actuarían en contra de Hitler con graves consecuencias para ellos. Se puede suponer que Weizsäcker tuviera consideraciones y pusiera reparos contra el curso de la guerra de Hitler y las diversas formas de la política nacionalsocialista, reparos que podían ser compartidas por amplios círculos de población. Weizsäcker estaba muy bien informado gracias a sus contactos con la oposición interna y a su función de secretario de Estado. Y no se conoce en él una actuación de oposición relevante. Desde 1943 hasta el final de la guerra fue embajador ante el Vaticano. También tras la ocupación de Roma por los aliados siguió en el Vaticano hasta agosto de 1946. En el exilio vaticano, según un interrogador británico, debió exhibir una especie de “auréola de santidad” (Das Amt, pág 405).
Desde 1933 se ejerció una oposición clara contra el régimen hitleriano, parece ser que Weizsäcker no se encontraba entre ellos. No hay datos que avalen. Carlo Schmid, uno de los representantes más importantes de la Socialdemocracia de la época del postnazismo, rechazó rotundamente interceder de alguna forma por Ernst von Weizsäcker en el contexto del proceso a los criminales de guerra en Nuremberg.
3.- Creación de la leyenda
A Weizsäcker se le podría haber encuadrado dentro de ese número infinito de simpatizantes y colaboradores alemanes de las élites funcionales olvidados si, en ese mundo, no se hubiera intentado convertirle en representante del funcionariado alemán que permaneció honesto, sobre todo de los del Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante el denominado proceso de la calle Wilhelm (Wilhelmstrasse) se formó un nuevo “círculo Weizsäcker”, que en la defensa de Weizsäcker no sólo quiso rechazar un determinado modo de leer la historia sino que además negaba los vínculos de Weizsäcker con el Ministerio de Asuntos Exteriores o cuando menos los relativizaba. Este círculo quiso mostrar tradiciones e ideales integradores para el Ministerio de Asuntos Exteriores, que perduraron más allá de la época nazi (Das Amt, pag 421). Se presentó una falange de colegas diplomáticos de entonces con el intento de rescatar a Weizsäcker del fuego. Crearon las leyendas de los servidores apolíticos del Estado, hablaron de los dos ministerios en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el uno “contaminado-nazi”, el otro habría permanecido “sano y honesto” y se habrían hecho la guerra entre sí. Estos últimos habrían mencionado el golpe de Estado, que habría fracasado ante la postura denegatoria de Londres. Al fin y al cabo el Ministerio de Asuntos Exteriores habría aportado el mayor tributo de sangre de todos los departamentos del Reich etc (Das Amt, pág. 412-414). Se formó la leyenda pero no yuvo éxito en la defensa de Weizsäcker, había demasiadas pruebas en contra. Weizsäcker, a pesar del inicio de la guerra fría, que resultó beneficiosa para muchos otros acusados en Nuremberg aminorando años de condena a presos e incluso dictaminando sentencias absolutorias, fue condenado en noviembre de 1948 a 7 años de cárcel un mes antes de la aprobación de la constitución. El historiador Daniel Koerfer, que se muestra muy crítico con los resultados de la Comisión de Historiadores, creada por el ministro de Asuntos Exteriores Fischer, piensa que Weizsäcker en Nuremberg “posiblemente hubiera sido ejecutado” si se hubiera conocido entonces la firma de Weizsäcker en los informes sobre los grupos de intervención en 1941/1942, se supo que tras el frente se cometió una matanza a gran escala” (Entrevista, FAZ, 28-11-2010).
De los procesos de Nuremberg se puede pensar lo que se quiera, hay no pocas voces críticas: El veredicto contra Weizsäcker está sin solucionar (Urteil gegen Weizsäcker steht im Raum
La leyenda del ministerio de Asuntos Exteriores “del viejo ministerio, sano, apolítico, honesto, al que habrían salvado y custodiado los diplomáticos de carrera en tiempos del nacionalsocialismo ha sido refutado por la Comisión de historiadores. (Das Amt, pag. 401, 412). Sorprende lo mucho que han perdurado estas leyendas.
4.- Richard von Weizsäcker y el 8 de mayo
Richard von Weizsäcker, el hijo del secretario del ministerio de Asuntos Exteriores, Ernst von Weizsäcker, y más tarde Presidente de la República Federal de Alemania (1984-1994) participó en el proceso de la calle Wilhelm de Nuremberg como miembro de la defensa de su padre y para este fin interrumpió su carrera. No es difícil entender lo muchó que tuvo que agotarle el proceso y la defensa de su padre. El tema le seguiría ocupando y le preocuparía también en lo sucesivo.
¿Cómo se aborda –como representante de un Estado, de una sociedad, de una élite funcional, como Presidente de la República Federal de Alemania- en un discurso en el 40 aniversario de la capitulación?
¿Se retoma de nuevo la vieja argumentación de Nuremberg, se enlaza con las antiguas leyendas o se las esquiva? No, Weizsäcker da un gran paso adelante: a la derrota de 1945 llamó una “liberación”. Sobre todo esta frase, la interpretación de la derrota como una liberación, es lo más destacable del discurso, la frase que queda del discurso. Y esa fuerza de convicción le venía a Weizsäcker de su vivencia personal. Fue una descarga liberadora. Al menos así se tomó el discurso mayoritariamente en Alemania. Y en lo sucesivo quedará la frase cuasi “canonizada”.
Iinterpretaciones y nuevas valoraciones de la historia es algo usual, toda generación reinterpreta de nuevo su historia. Lo que hace medio siglo se valoró como negativo ahora brilla con nueva luz y al revés. Pero cuidado: el trato y juego demasiado suelto y ligero con la historia encierra peligros, trampas y simas. Las interpretaciones tienen, entre otras cosas, consecuencias y también conllevan su precio. O chocan tan duramente con la realidad histórica que duele. Luego uno se queja de la falsificación de la historia. Hay que pensar también en las tradiciones que se subrayan y en las tradiciones que se desechan. Resulta peligroso el nacimiento de leyendas que ponen reparos a una comprensión realista y serena del pasado y programan decisiones erróneas para el futuro. Como ejemplo clásico y de advertencia cabe recordar ahora el denominado “mito de la puñalada” tras la Primera Guerra Mundial, que atribuye la derrota militar alemana de 1918 al fracaso de la patria, y que tuvo un influjo devastador hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Cuarenta años después del final de la guerra hay un Presidente de la República Federal de Alemania que da la razón a los vencedores con la frase de la liberación. Es raro y habrá sido escuchado con seguridad con gusto y agrado en Washington, París, Moscú, Londres y otras partes. Claro está, el final de la guerra fue una liberación para las gentes de los campos de concentración, para los prisioneros de guerra, para los secuestrados, perseguidos y demás personas y grupos afectados. Pero la gran mayoría de alemanes el final de la guerra en modo alguno lo vivió como “una liberación de los alemanes”. Tampoco los vencedores lo querían así. Se enfrentaron a los alemanes, que incluso tras la muerte de Hitler siguieron luchando hasta el final, que entre otros lugares siguieron defendiendo el Parlamento cuando el ejército rojo hizó la bandera de la victoria. Tampoco los millones de fugitivos del Este entendieron la expulsión de su patria como una liberación, así como tampoco los diplomáticos que fueron juzgados y condenados en Nuremberg. El mismo Richard von Weizsäcker siguió combatiendo en la guerra, en el ejército, hasta ser herido en abril de 1945, es decir, hasta poco antes de la capitulación y arriesgó su vida (uno de sus hermanos murió en la guerra).
¿Cuáles son los motivos y las razones aducidas por Richard von Weizsäcker para esta interpretación? ¿Impulsa al hijo el desasosiego que tiene su fuente en el fracaso del padre en la época nazi a pronunciar esta frase muy poco en consonancia con los hechos históricos? (Leopold von Ranke: “¿cómo fue en realidad?”) ¿O acaso Richard von Weizsäcker, y con él los alemanes que lo han aceptado mayoritariamente, han asumido como suya 40 años después de terminada la guerra la famosa frase de Hegel, si bien cuestionada, de que: “lo que es razonable es real y lo real es razonable”? (Principios básicos de la filosofía del derecho).
¿O es la búsqueda de reconocimiento y rehabilitación, de un perdón de los pecados, lo que ha proferido la frase de la “liberación” porque las élites funcionales alemanas sirvieron a Hitler hasta el final y fracasaron en liberar a Alemania de Hitler por sus propios medios? ¿Arrojó, se desprendió Richard von Weizsäcker con la aceptación de la culpa de un peso y de un lastre –suyo y como Presidente de la República de los alemanes, de los que muchos sobre todo en las élites funcionales tenían biografías igualmente gravosas o conocían de círculos de parientes o conocidos? Se juntan un gran puñado de motivos y razones que pueden aclarar y explicar el poderoso efecto del discurso.
La interpretación de la “capitulación incondicional de 1945” como una “liberación” no es una frase vacía, una flor retórica, tiene consecuencias, tiene su precio: Quien califica la victoria de los aliados 40 años después como liberación no puede abstraer y separar de ello lo que conllevaba la liberación y cuáles fueron sus consecuencias. Hubo no sólo alivios y beneficios sentidos como tales a largo plazo, hubo también medidas dolorosas impuestas por los aliados vencedores a corto espacio. En el ámbito personal del Presidente de la República Federal está la condena del padre, Ernst von Weizsäcker, por el tribunal de criminales de guerra de Nuremberg. Sin la derrota, interpretada como liberación, no hubiera habido proceso ni hubiera sido condenado el secretario de Estado del antiguo Ministerio de Asuntos Exteriores. Con respecto al pueblo alemán está la pérdida de las regiones del Este, habitadas por alemanes durante siglos y que constituían o conforman una tercera o cuarta parte del territorio nacional. En el último caso Weizsäcker sí ha sacado la consecuencia y se convirtió en uno de los representantes más comprometidos con la renuncia. Por eso todavía hoy es considerado por los polacos como el político alemán de rango más querido. Pero en el caso de su padre Richard von Weizsäcker siguió remiso a aceptar la condena como consecuencia de la liberación, no quiso aceptar la culpa de su padre, pintándole todavía en nuestros días como un opositor a la política de Hitler, como un resistente.
Hasta aquí sobre una interpretación problemática de la historia: la “liberación” tiene su precio (va más allá de los puntos enunciados y en verdad es muy superior; véase Guntram von Schenk, 8. Mai 1945: Tag der Befreiung?). Richard von Weizsäcker todavía no ha satisfecho este precio, debe reconocer sin ambages la culpa de su padre, del secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores, allí no hay nada que salvar. ¿O espera imponer oficialmente las leyendas de la familia como en el pasado con ayuda de su influyente red familiar y política y con la ayuda de los medios?
5.- Holocausto y Ministerio de Asuntos Exteriores
La participación del Ministerio de Asuntos Exteriores en la política judía del nacionalsocialismo forma parte de los pasajes más perturbadores y confusos del libro. La implicación y enredo del Ministerio de Asuntos Exteriores en la política judía y en la aniquilación de los judíos por parte del régimen nacionalsocialista queda patente de la mano de numerosos documentos. No sólo fueron personas individuales o responsables aislados que sabían lo qué ocurría. Todo el Ministerio de Asuntos Exteriores estaba implicado, tomando incluso algunas veces la iniciativa. En el libro se dice además: “En la decisión sobre la “solución final” (Endlösung) partició directamente la cúpula del ministerio. El destino de los judíos alemanes se tomó el 17 de septiembre de 1941: Este día se celebró un encuentro de Hitler con Ribbentrop” (Das Amt, pag. 185). Uno de los investigadores más importantes del holocausto, Saul Friedländer (entre otros trabajos “Das Dritte Reich und die Juden, Munich 2007) data en cambio esta decisión fatal en diciembre de 1941 y remite al contexto del desarrollo de la guerra (entrevista, Der Spiegel 41/2007). No menciona una conexión con Ribbentrop o con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Para la decisión del holocausto, es decir, el asesinato sistemático de los judíos europeos, no hay documentos que permitan una datación exacta, por lo menos hasta el día de hoy no se ha encontrado. El protocolo de la Conferencia de Wannsee documenta únicamente la realización de la decisión, que antes fue tomada en el círculo más nuclear de la dirección del nacionalsocialismo, posiblemente sólo entre Himmler y Hitler. En la jerarquía del nacionalsocialismo Ribbentrop era considerado un peso ligero.
El dato de la decisión del holocausto es uno de los más importantes por ser uno de los más funestos de la joven historia alemana; de ahí que en este lugar hagamos un breve excursus. La cuestión de la datación está en relación con el desarrollo de la guerra en 1941, que comprende y abarca todos los ámbitos del III Reich. Antes de que la decisión del holocausto se convirtiera en aniquilación ejecutada de modo sistemático, se vieron como irrealizables los planes de obligar a los judíos a emigrar o de desplazamiento. El desarrollo de la guerra anuló primero la emigración a Palestina y después la colonización de Madagascar. La “reserva” pensada en Polonia fue rápidamente rechazada, la expulsión a Siberia, que sin duda deberían sobrevivir los menos, fracasó por no conseguir el ejército alemán la victoria sobre la Unión Soviética.
La paralización y estancamiento del ejército alemán a las puertas de Moscú en diciembre de 1941 marca el adiós definitivo a todos estos planes (un participante del ataque alemán sobre Moscú, que con una vanguardia de tanques llegó hasta los arrabales de Moscú, fue Paul Frank, secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores entre 1970-1974). Hitler y su círculo de dirección más estrecho se encontraron en diciembre de 1941 ante una decisión enteramente nueva, más cuando la furia asesina de los grupos de intervención en Polonia y en la Unión Soviética se encontraron al límite. La “política judía del nacional socialismo” o se radicalizaba mucho más o –porque era contraproducente para la dirección de la guerra- se suprimía o se dejaba para más tarde, como ocurrió en otros ámbitos como por ejemplo respecto a la política eclesial.
La situación de la guerra se complicó dramáticamente en diciembre de 1941. No se venció a la Unión Soviética, no se le pudo derribar en la primera embestida. La guerra de los dos frentes, que Hitler siempre quiso evitar porque en su opinión era insostenible, se había hecho realidad. En el Oeste con Gran Bretaña el Reich alemán se enfrentaba a un enemigo correoso, que seguía luchando libre de toda claudicación. Y aún peor: con la declaración de guerra a USA el 11 de diciembre de 1941 en el Oeste le salió al III Reich otro enemigo, que ya en la Primera Guerra Mundial inclinó la balanza en favor de la entente y en contra de Alemania. Contra esta coalición no se podía ganar una guerra. La inmensa superioridad de los aliados en personal y material tendría su efecto y determinaría el desarrollo de la guerra hasta la victoria de los enemigos de la guerra sobre el III Reich. El III Reich alemán se encontró a partir de diciembre de 1941 en una situación crítica, de superviviencia –muy endeudada por culpa propia-, ya en el horizonte se dibujaba el “finis Germanie”. Hitler era consciente de ello y actuó teniendo en cuenta la amenanzante derrota.
En esta situación dramática Hitle tomó dos decisiones: radicalizó la guerra que cada día tenía menos visos de victoria hasta la batalla final por Berlín, en abril de 1945, sin mencionar seriamente jamás ni una parada o una marcha atrás. Y radicalizó la política judía hasta el etnocidio impulsado sistemáticamente. Los motivos se encuentran en la psiqué de Hitler (el ansia de loa puede haber jugado un papel). Ya el 30 de enero de 1939 Hitler en un discurso en el Parlamento amenazó a los judíos diciendo que les pediría cuentas si alguna vez llevaban al mundo a una guerra mundial. Ambas decisiones: la guerra hasta la probable derrota, siempre latente, y el aniquilamiento de los judíos forman parte de su imperio, ambas están inseparablemente unidas entre sí. La guerra radicalizada hasta el derrumbe final y la aniquilación de los judíos en el imperio del nacionalsocialismo son las dos caras de la misma medalla. Las decisiones se tomaron en diciembre de 1941.
Una participación del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Ribbentrop en la decisión del holocausto no está fundamentada en pruebas y es improbable. Los argumentos hablan como desencadenante de ambas decisiones fundamentales la marcha de la guerra en diciembre de 1941.
6.- La reacción del Ministerio de Asuntos Exteriores en la cuestión de la continuidad
En el acto de presentación por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores de la publicación “Das Amt und die Vergangenheit” del 29 de octubre del 2010 y que iba a ser recogido literalmente en un DVD dijo el secretario de Estado Ammon ya en la primera frase del epílogo: Entre el antiguo Ministerio de Asuntos Exteriores y el nuevo no hay “ninguna tradición común, ningún puente, ni tampoco puede haberlo”. Era algo que tenía que decirlo, todo lo demás resultaría catastrófico y la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores se habría visto necesitada en aclarar qué es y qué no es continuidad. Y esto no se puede hacer. Pero los historiadores y publicistas en este campo tienen las manos más libres. Quien ha leído el libro llega a otra conclusión: la continuidad se imponre –cuando menos en algunos ámbitos-. Y esto afecta sobre todo al personal. Adenauer no quería ningún “Wilhelm restaurado” (Das Amt, pág 450), pero ya Blankenhorn, el primer encargado de la estructura de un nuevo Ministerio de Asuntos Exteriores, consiguió que se admitiera a casi todos los diplomáticos antiguos, que se habían juntado en la oficina alemana para cuestiones de paz (Das Amt, pag 451). Con Wilchelm Melchers llegó al departamento del director del encargado de personal del servicio superior una de las figuras principales de la construcción de la leyenda del Ministeroio de Asuntos Exteriores (Das Amt, pag 455). Ya poco después de la creación del nuevo ministerio, en 1951, los puestos más importantes estaban en manos de los antiguos, de la vieja guardia (Das Amt, pag. 469) El desarrollo del personal en el Ministerio de Asuntos Exteriores provocó en la opinión pública y en los partidos tanta crítica que el Parlamento creó una comisión de investigación (nr. 47). No dio mucho de sí esta comisión porque Adenauer quiso dar carpetazo a ese “olfatear en el nazismo” „Nazi-Riecherei“.(Das Amt, pag. 487).
La comisión de historiadores presenta números: entre 1949 y 1955 el 64´3% de los funcionarios del Ministeroio de Asuntos Exteriores del servicio superior procedía del viejo ministerio (Das Amt., pag. 492); en 1950 el 42´3% de los funcionarios del servicio superior fueron miembros del NSDAP, en 1952 era de un 34´5%. En la base de cración del Ministerio la comisión de historiadores resume que alrededor de una tercera parte fueron miembros del NSDAP, a mayor rango más alto porcentaje de miembros del NSDAP. Casi la mitad de los miembros del NSDAP. Casi la mitad de los miembros del NSDAP en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1952 no procedía de la antigua Wilhelmstrasse (Das Amt, pág. 494). Lo chocante es que tras la guerra hubo en el Ministerio de Asuntos Exteriores más miembros del NSDAP que antes de la guerra, algo confirmado por los números: antes de la guerra alrededor de una tercera parte de los funcionarios superiores de la central de Berlín poseía carnet del partido; con más del 40% en la central de Bonn a inicios de los años 50 la cuota de los antigios NSDAP era claramente superior (Das Amt, pág 494). Cuéntese como se quiera y se hagan las comparaciones que se desean –sin duda que surgen preguntas aquí y allá- pero una cosa es cierta, que no cabe señalar una ruptura en la continuidad.
Más importante que el número de los antiguos miembros del NSDAP es la continuidad personal directa entre el antiguo y nuevo Ministerio de Asuntos Exteriores. En la tribuna internacional estaban ahora las mismas personas en representación del nuevo Estado democrático, aquellas que antes habían representado la política del nacionalsocialismo. Ello irritó a muchos y para muchos cuestionaba la política exterior de Bonn. El famoso espíritu de corporación (Korpgeist) del Ministerio de Asuntos Exteriores estaría de nuevo funcionando y se preocuparía del cambio de sistema para la cohesión interna, mientras el ministerio estaría aislado hacia fuera (Das Amt, pag. 496). En este contexto es interesante que 2-3 años después del final de los procesos de Nuremberg una cooperación con el ministerio público era suficiente como razón de exclusión para una idoneidad en el Ministerio (Das Amt, pag. 548). Asimismo dominaba la desconfianza frente al emigrante (Das Amt., pag. 548) A mitades de los 60 a los miembros de la embajada de US en Bonn, en el nuevo ministerio, no les llamó la atención el cambio sino la continuidad: “Un funcionario de antes de la guerra del Ministerio de Asuntos Exteriores encontraría cosas que le resultaban familiares al nuevo ministerio” (Das Amt, pág. 503).
Egon Bahr, que como director del equipo de proyectos llegó al cargo con Willy Brandt en 1966, distinguió tres grupos: el grupo de los antiguos de la calle Wilhelm, que por razones de edad era cada vez más pequeño; los nuevos, que tras la guerra habían estudiado la carrera diplomática, a los que Bahr los catalogaba como “snobs y cínicos” y finalmente los advenedizos, aquellos que llegaban de otros ámbitos, que como marginados no tenían nada que decir (Das Amt. pag. 656). Contra los antiguos los aliados occidentales no tenían nada o muy poco que reprochar, les parecían los mejores porque eran interlocutores más fiables. Para ello además de la profesionalidad había otras razones: los antiguos buscaban reconocimiento, se ofrecían y se veían –más o menos conscientemente- en la obligación de aportar. A ello contribuyó el que los aliados sabían –y también los antiguos eran conscientes de ello- que los ataques desde Berlín Este contra los datos personales de muchos del Ministerio de Asuntos Exteriores, denunciando su pasado “pardo”, eran verdad; los ataques fueron rechazados como propaganda. Los antiguos encontraron en la identificación con el “oeste” el sucedáneo de una política exterior comprometida con los intereses nacionales, como era y seguía siendo por ejemplo evidente para los diplomáticos de Gran Bretaña y Francia también en la guerra fría. Los diplomáticos de la calle Wilhelm podían contactar sin problemas con los viejos modelos de pensamiento anticomunista. Una excepción constituían los imparciales y quienes abogaban por mejores relaciones con Moscú que hasta la política del Este y de distensión de Willy Brandt fueron observados con recelo por los aliados del oeste.
La comisión de historiadores enumera con la estructura organizativa del Ministerio de Asuntos Exteriores, con el modelo de pensamiento y comportamiento del nuevo Ministerio, otros puntos de contacto con el viejo Ministerio (por ejemplo el espíritu de corporación (Korpsgeist), postura ante los venidos de otros ámbitos etc). Esto no debía ser supravalorado. En esto se diferencia el Ministerio de Asuntos Exteriores poco o nada de otros ministerios clásicos de Asuntos Exteriores como el Foreign Office o el Quai d´Orsay francés.
Lo significativo en el nuevo ministerio no es la ruptura sino la continuidad personal con el antiguo. Notabene: hoy, 60 años después de la refundación del Ministerio de Asuntos Exteriores, han aumentado los “vestigios del reinicio”.
Ruptura óptica con el pasado
Al mismo tiempo el Ministerio de Asuntos Exteriores como muestra de una ruptura con la tradición –si bien tardía cuando menos óptica- en una especie de cascada de imágenes ordenó el descuelgue de los retratos de los jefes de misión de las distintas representaciones del extranjero (las denominadas galerías de antepasados) de la época anterior a 1945. ¿No actuaron bajo parecido impulso los faraones en el antiguo Egipto mandando rascar o cincelar los jeroglíficos de los predecesores desafectos de las paredes del templo, o los revolucionarios franceses entre 1792-1794 cortar la cabezas a las figuras de reyes y santos en las catedrales, o los talibanes de Afganistán destruir las estatuas de Buda? Pero el pasado no se puede borrar; esta especie de exorcismo nunca ha funcionado.
Guntram von Schenck, diciembre de 2010
Nota a pie de página, septiembre de 2013
El Ministerio de Asuntos Exteriores y las listas
El Ministerio de Asuntos Exteriores, y no sin razón, pasa por ser una de las mejores burocracis de Alemania. El personal, en especial el personal dirigente de los puestos altos es elegido con esmero y asimismo es preparado cuidadosamente para el servicio; la tarea exigente, la representación de los intereses de la República Federal de Alemania, exige una forma de trabajo eficiente, precisa y absolutamente confidencial. Y el que así es precede al Ministerio o es proclamado por el Ministerio eficazmente ante la opinión pública.
En el Ministerio de Asuntos Exteriores al igual que en todas las burocracias alemanas se elaboran listas: listas de personal para ascensos, para puestos elevados, para puestos medios, para secretarias, para personal local, de miembros antiguos etc. Y con la técnica de datos actual todo se puede mantener al día, que es lo que ocurre. Pero ya sin la técnica moderna de datos la burocracia alemana era conocida por su extremada precisión en la elaboración de listas. El ejemplo menos honroso: las listas de deportados en los campos de concentración nazis. Las listas encierran algo y eso no sólo ocurre en las listas ennumeradas. Existen, por ejemplo, las llamadas “listas negras”, en las que se colocan por ejemplo aquellas que quedan excluidas de una promoción, o que hay que despedirlas, o que de alguna manera han llamado la atención, o que no caben dentro del esquema. La mayoría de las listas tienen un carácter informal, huyen, evitan la luz pública, o son elaboradas por iniciados que niegan su existencia. Quien haya trabajado en una burocracia alemana importante cuando menos habrá oído rumores sobre estas listas.
Había ya listas en la antigüedad. Las más conocidas son las listas proscritas de la República romana. Fueron elaboradas por Lucio Cornelio Sila en el S. 1 antes de Cristo, y pocas décadsas después por Marco Antonio y Octavio, más tarde césar y emperador augusto. En las listas proscritas aparecían enemigos provenientes de las guerras civiles, es decir enemigos del Estado a los que había que matar y confiscarles los bienes. La víctima más importante fue Cicerón, que defendió a la República como político, retor y escritor, provocando la ira de Marco Antonio. Augusto le debía mucho pero no pudo (o no quiso) protegerlo.
Experiencias del autor con listas del Ministerio de Asuntos Exteriores
Pero también hay listas en las que conviene estar. Hay que decir de antemano que el autor como “advenedizo, como venido de otro ámbito” y en un puesto de embajada en Roma codiciado (FAO, WPF, IFAD) gozó de una cierta atención. En general los advenedizos no son bien vistos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y menos cuando poseen puestos en ciudades apreciadas, agradables e interesantes. Puesto que estos puestos son “reservados” a los “diplomáticos de carrera”, a los denominados “de cosecha propia del Ministerio”. Se puede entender el enfado si ha tenido que prestar servicio durante muchos años en sitios infectados de malaria, en ciudades pequeñas y sin interés o en la rutina de la central de Berlín (antes Bonn).
En el otoño del 2010 debía ser presentado en el Ministerio en Berlín el estudio encargado por el Ministro de Asuntos Exteriores Joschka Fischer sobre el pasado del Ministerio de Asuntos Exteriores del nacionalsocialismo “Das Amt und die Vergangenheit. Deutsche Diplomaten im Dritten Reich und in der Bundesrepublik de Eckart Conza, Norbert Frei, Peter Hayes, Moshe Zimmermann, editados por la editorial Blessing en Munich el 2010 y ser discutido por los individuos del Ministerio (29 octubre del 2010). Ya con anterioridad se había filtrado que el contenido del estudio podría contener algo no demasiado adulador para el Ministerio. En los vestíbulos del Ministerio y en las embajadas se discutía que el estudio había sido entregado a gente ajena, es decir que no era un trabajo llevado a cabo por trabajadores del Ministerio ni tampoco había sido elaborado por el Instituto de Historia Contemporánea de Munich cercano al Ministerio.
El autor, él mismo doctor en historia, estaba por supuesto muy interesado. Al fin y al cabo él también le debía su “puesto de advenedizo” en el Ministerio al Ministro Joschka Fischer. En el 2010 se encontraba ya desde hacía algunos años jubilado, pero la organización del 29 del 10 del 2010 estaba abierta también a los antiguos miembros del Ministerio, es decir también a los jubilados. Sobre todo estaban interesados en los resultados los otrora miembros del Ministerio, conocidos también como “momias”. Fue una disputa del Ministro de Asuntos Exteriores con los miembros del antiguo Ministerio, el denominado “affäre de las necrologías”, lo que desató este encargo de investigación. A una gran parte de los jubilados les cogió de sopetón un cambio en la praxis necrológica; el ministro Fischer rehusó una necrología laudatoria a los miembros del antiguo Ministerio que habían sido miembros del nacionalsocialismo.
El autor se anunció 2 semanas antes de la celebración ante el departamento del Ministerio encargado del acto. El departamento le comunicó que los miembros que habían pertenecido al ministerio no necesitaban invitación ni aviso etc: que se colocaría una lista a la entrada principal y por supuesto el autor sería admitido para que participara (hay que advertir que no todo el mundo puede pasearse por el Ministerio. Se hace necesario un documento del servicio o como outsider se recoge normalmente en la puerta para un asunto oficial. Esto es así y se actúa de igual manera en otros edificios oficiales). Por tanto me presenté en la mañana del 29 de octubre del 2010 en la puerta del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Para ser breve: había una lista pero yo no estaba en ella. Como insistí y no dejé que me quitaran de encima, los trabajadores de la puerta preguntaron en el departamento organizador, al personal de allí y, como he dicho, no estaba en la lista de participantes. Cosa curiosa. Yo no aparecía en las listas corrientes del Ministerio. Eso se me dijo a través del personal de la puerta y yo erre que erre mandé que investigaran e hizo que un funcionario de seguridad interviniera. Este funcionario de seguridad me preguntó si conocía a alguien en el Ministerio que pudiera identificarme. Lew dije algunos nombres pero no sabía debido a rotaciones estaban en Berlín o en el extranjero. Y este tira y afloja duró unos 20 minutos. Y porque no cedí, el funcionario de seguridad me acompañó finalmente a la sala en la que debía celebrarse el acto. Casualmente tropecé allí con Boomgaarden, antiguo secretario de Estado y en el 2010 embajador en Londres, que me saludó. El funcionario en adelante me dejo a mi suerte pero sin apartar la vista de mi persona. Intervine durante el acto y hablé con varios de mis antiguos colegas, la mayoría momias como yo que se concentraban en las primeras filas. Al final dejé que me firmaran el libro los autores Conze, Frei, Hayes y Zimmermann. El funcionario me sonrió como despedidda: tuve la impresión que quería señalar su “valerosa” acción de dejarme entrar. Quizá él, desde su punto de vista, había corrido un riesgo y se veía ahora distendido. Le hice un gesto y abandoné el edificio. De todas formas nuy agradecido.
De regreso al lago Costanza patrio intenté saber por qué no aparecía en ninguna lista correspondiente, me dirigí primero a VLR Fischbach, al encargado de organizar el acto Después de conectar por tres veces se conformó con un: él no sabe nada, sobre las listas nada puede decir. A mi ruego de poner a mi disposición el CD con la toma de la presentación del libro en el Ministerio, cuya publicación fue anunciada, respopndió tras repetirle mi ruego con la advertencia “expresa” de no “abusar”. Bravo…
Primero se quedó en eso, escribí y publiqué mi recensión al libro “Das Amt und die Vergangenheit” con el título: “Das Auswärtige Amt und die Vergangenheit oder Vom Kratzen an den Tempelwänden”. Recibí algunos escritos críticos, pero no de miembros del Ministerio. En la discusión pública intensa y en el gran número de posicionamientos mi reseña pasó algo inadvertida al principio ante la percepción pública. Desde hace unos meses aparece en Google con la entrada “AA Vergangenheit oder Vergangenheit AA” en el número 1 de resultados de búsqueda.
Volvamos a las listas del Ministerio de Asuntos Exteriores
Quizá es verdad lo que Fischbach dijo respecto a las listas. Pero lo curioso fue que me pasó algo parecido una vez con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Entre 1982-1985 ejercí, también como advenedizo, en la embajada alemana de Damasco como ponente de prensa y cultura. Tras mi regreso de Damasco en 1985 quise iniciar una publicación y mencioné también mi tiempo en Damasco. La redacción preguntó en el Ministerio, que –así se me indicó- negó que yo hubiera estado en la embajada. ¿De nuevo una lista de este tipo…? Para mí una situación desagradable y lesiva. D todas formas no se llevó a cabo en la forma planeada.
Después de que yo volviera en el 2000 de nuevo al Ministerio, nadie parecía saber que yo había estado entre 1982-1985 en la embajada de Damasco. En cualquier caso el departamento de personal retenía esta información frente a los colegas del Ministerio. Los colegas a los que mencioné mi estancia en Damasco, se mostraron sorprendidos y admirados porque el departamento de personal no había dado a conocer. Quizá el departamento de personal se escandalizaba de que yo, cuya toma de posesión permanente lo rechacé en 1985, ahora regresaba de nuevo al Ministerio con un sueldo sensiblemente superior y como embajador. Los colegas que al mismo tiempo habían estado conmigo en Damasco a pesar de todo conocían el hecho. Pero lo que llama la atención y resulta curiosa es esta forma de dirección de personal. ¿Casualidad? ¿O un caso de paranoia? Y como siempre: De una burocracia perfecta y perfectamente superorganizada, como quiere ser el Ministerio de Asuntos Exteriores, cabe esperar que las listas (puedan) ser elaboraas ordenadamente. Y esto vale sobre todo para la lista de antiguos embajadores, que naturalmente no es especialmente grande y sumarial. Dr. Guntram von Schenck, September 2013.
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Como es evidente un trabajo parecido sigue sin hacerse en los ministerios e instituciones por parte del Estado español. No cabe duda que de hacerse un trabajo honesto y parecido el resultado sería sonrojante y la transición, proclamada con frecuencia como modélica, aparecería en este aspecto como lo que fue, dos puntos y seguido. Mismo perro con el mismo collar. Quienes representaron a Franco y su dictadura siguieron representando a la España “democrática”, los jueces de antes siguieron golpeando ahora con la misma maza en sus sesiones y sentencias y para el aparato represor tan sólo fue distinto el traje que estrenaron.
(Traducido por Mikel Arizaleta)






