Tengo una idea. ¡Qué peligro! Es una idea que no será una realidad. Ya aviso de antemano para que nadie tenga expectativas infundadas. Es un método para sumar a un determinado sector político -el que ha cristalizado con ‘Barcelona en Común’ y que se llama los ‘sí se puede’- a las filas del independentismo incondicional y consecuente. De hecho, en este artículo me referiré más a los dirigentes y caras visibles de este sector que a la población que los apoya y les vota. Porque este grupo no es homogéneo ni tiene una posición única sobre la cuestión de la independencia. Más adelante explicaré el método con claridad, pero antes quiero hacer un par de consideraciones.
Qué contraste más grande y sorprendente en la manera de exigir compromiso y claridad sobre la independencia a Duran y a Unió, y la permisividad, comprensión y condescendencia infinita con los Podemos y compañía. Supongo que a unos había que ahuyentarles antes posible porque son malos, y a los otros hay ‘seducirles’ porque, pobrecitos, todavía no han tenido tiempo de entender que sin independencia no harán nunca nada de lo que querrían hacer.
Me da la impresión de que este trato desigual se debe más bien a esa superioridad moral que otorga una determinada izquierda desde el franquismo hasta nuestros días. La larga noche de cuarenta años de franquismo extendió una visión contrahecha, según la cual sólo la izquierda -una determinada izquierda- era buena por naturaleza. Todo el que no sea de esa izquierda es ser un malvado con intereses oscuros. No se puede querer el bien de la sociedad ni la justicia social si no eres de esta izquierda hecha de eslóganes y grandes capitanes. Y todavía hay unos cuantos -demasiados- que viven instalados en esta canción. Y así justifican que se tenga que tratar con guantes de seda a una determinada izquierda que no ha mostrado nunca más compromiso con la libertad de Cataluña que la gente de Unió, mientras que el partido histórico, al ser demócrata-cristiano, había que expulsarlo y decir mil pestes de ellos. Cuando cargábamos con dureza -yo el primero- contra la Unió de Duran por falta de claridad y compromiso, por qué no salían todas estas buenas almas a decir que era un error estratégico ‘criticarla en lugar de seducirla’ y ‘hacerla nuestra’. ¿O es que hay unos votos que valen más que otros?
¿Sabéis qué? Que todos somos lo suficientemente mayorcitos y sabemos exactamente qué pasa en este país. Y el paternalismo de pensar que todavía hay alguien que no tiene suficiente información y por ello aún no es independentista más bien da pena. ¿Acaso quieren decir que no son lo suficientemente vivos como para darse cuenta de que las instituciones catalanas se encuentran ahogadas y estranguladas por el Estado español y esto les impide prestar mejores servicios sociales? ¿De verdad que se siente tan superiores para pensar eso? Paternalismo desnudo y crudo. Todo el que ha vivido estos últimos cinco años en Cataluña y ha tenido un mínimo interés por la política sabe que sin independencia no hay mejora social posible. Y quien no defiende la independencia como única vía para resolver los problemas graves que hay es que le pesa más una visión unitarista española o que ya le va bien con la situación actual. Y esta segunda opción no debe extrañar a nadie. Porque resolver determinados problemas y conseguir más bienestar y servicios sociales mejores podría hacer peligrar la ‘revolución’ y la crítica del ‘sistema’. En una Cataluña con todos los recursos y las competencias, ¿qué futuro tendrían determinados movimientos que se han alimentado de la indignación? Especialmente los que se han construido ‘a la contra’ -por ‘utilizar el odio contra Mas’- y no con mentalidad propositiva y constructiva.
Bien. Decía al principio que había un método para conseguir que todo un sector de gente se sumara de repente a la causa de la independencia. Se trataría de renovar completamente el gobierno de Mas. Hoy mismo. Lo siento por los nuevos consejeros que hace tan sólo tres días que han sido nombrados. Pero el país tiene que pasar delante. Y si hay que sacrificarse, no hay ningún problema, ¿verdad? La propuesta es la siguiente: destituir a todos los consejeros -el presidente Mas que se quede en su lugar-; nombrar a Teresa Forcades en Sanidad, Gemma Ubasart en Bienestar Social, Joan Herrera en Economía y Finanzas, Albano Dante Fachín en Enseñanza, Gemma Galdón en Interior, y así ir llenando la cosa. Dejarles gobernar estos tres meses que faltan para el 27-S. Si es necesario, retrasar la convocatoria electoral para que, en lugar de tres meses, sea hasta noviembre. Ya sé que es un riesgo muy grande para el bienestar de la ciudadanía, pero (vuelta a empezar) la independencia y la libertad están por encima de todo esto, ¿verdad?
Con tres meses, cuatro o cinco debiendo cuadrar el presupuesto y haciendo todos los equilibrios del mundo para poder pagar a los funcionarios, las ayudas sociales, las prestaciones y los programas de servicio público tiene que haber suficiente para darse cuenta de la imposibilidad de hacer nada sin la soberanía plena y la recaudación total de los impuestos generados en Cataluña. Lo único que me hace dudar del éxito del plan es el ejemplo de los señores Espadaler y Pelegrí. Después de años de gestión en una autonomía intervenida, coja y estrangulada, deberían ser los más independentistas de la clase. Pero diría que, más que una falta de convencimiento sobre la solución de la independencia, sus razones para continuar en España son de otra dimensión que rehuyen las opciones cognitivas del resto de mortales.
¿Qué opinan? ¿No es una buena idea? Ya me imagino que a Mas no le hace ninguna gracia tener una tropa de consejeros que le han insultado y tratado de mafioso, pero (vuelta a empezar) el proceso de independencia pasa por delante de las incomodidades personales, ¿verdad?
El presidente Mas puede pensar que estoy loco. Y tal vez tenga razón. En principio, no hay que probar ninguna droga para saber que te puede hacer daño. Y esto vale también para los políticos que tienen toda la información al alcance. No debería hacer falta estar al frente del Departamento de Bienestar Social para saber hasta qué extremo se trabaja con las manos atadas y sin recursos ni competencias. Tal vez la suspensión del decreto de pobreza energética ya debería convencer de una vez a todos los ‘indecisos’ (categoría falsa). Pero, si no es suficiente, quizás lo probamos, ¿no?
Si el presidente leyera esta columna, también pensaría que estoy loco por otra razón. Porque vivimos en un país de políticos que se pasan el día con el pueblo en la boca. Y defendiendo la implicación de la ciudadanía en la política. Y exigiendo una profundización democrático. Y reprochando al gobierno que es el pueblo el que ha llevado el proceso de independencia y que no se debe poner medallas que no le corresponden. Y pidiendo generosidad. Y reivindicando que el liderazgo debe ser compartido. Pero cuando el presidente hace una propuesta para que las entidades cívicas más importantes del país, las que han montado los follones más grandes de la historia, encabecen y organicen una candidatura para el 27-S que favorezca un resultado incontestable, se le echan encima aquellos que defendían todo lo que hemos dicho. Porque las entidades no deben hacer política y tienen otra función. Porque, aunque él ya ha dicho que puede quedar el margen si esto favorece este paso adelante, lo hace para salvarse. Porque eso las divide y es mejor que no entren a hacer política. Etc., etc.
Está muy bien que estemos en plena ebullición y que todo se exprese con más agresividad y dramatismo de lo que convendría. Pero también es cierto que nos lo jugamos todo y no es momento de frivolidades. Cuando alguien reivindicaba hace varios meses que había que poner toda la carne en el asador, ¿no se trataba de eso? ¿Tenemos el derecho de arriesgarnos ahora en la disputa partidista típica? ¿No hemos aprendido qué consecuencias tiene para el estado de ánimo de la gente?
Si me dejan hablar con toda sinceridad, el sábado pasado no esperaba que el presidente hiciera una propuesta como ésta. Me parecía que había que poner la directa y no abrir ningún debate más de este tipo. Habiendo dejado de lado la mochila de Duran y compañía, tenía la impresión de que Mas estaba en condiciones de jugarse el todo por el todo con un buen equipo de independientes y gente joven de Convergencia y hacer un buen resultado el 27-S. Que, acompañado del buen resultado de ERC y de la CUP, nos permitiría a los catalanes el efectuar el salto que queremos dar. Ahora se ha abierto este periodo -obligatoriamente breve de debate sobre una posible candidatura inspirada o impulsada por la ANC y Òmnium. Que lo hagan deprisa y cierren la respuesta tan pronto como sea posible. Si lo quieren probar, adelante con más fuerza que nunca. Y que ERC y la CUP piensen un poco en ello también. Pero si no lo creen conveniente, que Mas y CDC se pongan a hacer el trabajo que les corresponde sin más demora y que comience el baile.
La idea que he propuesto no se aplicará. Ya lo sé. Pero que se acabe esta comedia de la seducción de los pobrecitos inocentes que acaban de aterrizar y no saben que sin independencia no hay caminos abiertos a la justicia social. Ya basta de tratar a los unos como malvados porque tienen dudas y a los otros como unos grandes aliados porque podrían cambiar de parecer. El 27-S es un plebiscito sobre la independencia. Y quien quiera contribuir a confundir este sentido plebiscitario con otros objetivos que sepa que la historia le atribuirá la derrota. Porque una cosa veo clara: si el eje de alianzas políticas no es independencia-España, no lo lograremos. La historia está ahí para no repetir los errores que nos han impedido avanzar. Y quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo. Ahora toca independencia sí o no. Sin embargo, no podremos hacer ninguna más pasa hacia el objetivo de verdad: la prosperidad, la justicia y la libertad.
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