“En el año 2008, coincidiendo con el 85 aniversario de la Triple Alianza de 1923 y el 75 de la creación de Galeuzca, una treintena de prestigiosos historiadores de las tres naciones publicamos un manifiesto conjunto”

Cien años de Galeuzca (I) Por Xosé Estévez
En el año 2008, coincidiendo con el 85 aniversario de la Triple Alianza de 1923 y el 75 de la creación de Galeuzca, una treintena de prestigiosos historiadores de las tres naciones publicamos un manifiesto conjunto. En él destacábamos la necesidad de ahondar en la función social de la profesión, pues la historia suministraba claves para entender el presente y la posibilidad de encauzar el futuro. Recogíamos y hacíamos nuestra la larga realidad histórica del movimiento Galeuzca, la pertinencia de la defensa de las culturas y lenguas propias frente a los ataques antidemocráticos y el impulso a la eliminación de los símbolos franquistas en los tres países, que contribuían a la fascistización de nuestras sociedades. Denunciábamos los recortes en la materia lectiva de Historia en la educación reglada, las tentativas de uniformización desde las instancias educativas del aparato estatal español frente a la evidencia de las realidades nacionales y repudiábamos los obstáculos a los investigadores para desarrollar su actividad en la recuperación de la memoría histórica. El sufrido y perspicaz lector se percatará inmediatamente de que estos problemas denunciados en el manifiesto siguen hoy más vigentes que nunca. Es más diría que algunos han subido de tono.
A raiz del manifiesto se organizaron congresos trinacionales a celebrar alternadamente en cada nación integrante, normalmente cada dos años. En éste se celebró el VIII Congreso en Bilbao, los días 24 y 25 de septiembre en dos sedes, la Arriaga gela, y el Archivo Histórico de Euskadi. Se aprovechó la ocasión para realizar un merecido homenaje trinacional a uno de los grandes impulsores y continuador persistente del espíritu originario, el profesor Joseba Agirreazkuenaga con motivo de su reciente jubilación. El evento, por supuesto, pasó sin pena ni gloria de cara a la sociedad civil, porque los medios de comunicación se hallan empeñados en que la cultura se circunscribe solamente a zinemaldi, deportes, preferentemente fútbol, música y gastronomía. Y así nos va.
La juventud no tiene memoria histórica. Piensa que Franco era un abuelete cariñoso que narraba cuentos de hadas y besaba a las nietas por las noches antes de acostarse y no sabe nada de los asesinatos que firmaba, de la enorme represión realizada y de la miseria en que se vivía. Desearía que vieron las cartillas de racionamiento que guardo en mi archivo y las postales que enviaba desde la prisión de Santoña en febrero de 1938 el gudari Joxe Arzelus Goikoetxea, donde aparecen las fotos de tres pájaros de cuenta Hitler, Mussolini y Franco.
Bajo el título, 90 aniversario del Gobierno Vasco: un recorrido a través de Instituciones, Autonomias, Guerras, Represiones y exilios, asistimos a una serie de comunicaciones referentes al temario anunciado.
En una vitrina los encargados del Archivo Histórico de Euskadi habían colocado un documento original excepcional, el acuerdo Galeuzca, firmado en Buenos Aires, aunque oficialmente en Uruguay, el 9 de mayo de 1941, con las firmas autógrafas de sus signatarios: Castelao, Prada y Rivadulla, por los gallegos; Serra i Moret, Josep Escolá y Pere Mas, por los catalanes, Y Ramón Aldasoro, Santiago Cunchillos y J. M. Llodio, por los vascos. Debo agradecer a la responsable del Archivo, Josebe Alonso, que me enviase una copia con inusitada rapidez a mi correo electrónico.
Participé en la última sesión referente a la brutal represión franquista en las tres naciones y todas las comunicaciones resultaron sumamente interesantes, algunas novedosas y todas cuidadosamente relatadas, a pesar del limitado tiempo de exposición, poniendo todas de relieve el alto grado de la represión durante de la dictadura franquista, que afectó a todos los partidos y sindicatos, a las culturas y lenguas periféricas y todas las esferas de la vida, sin olvidar el género ni algunas formas sutiles de ejercerla, como el caso del esukera, relatorio este último que me sorprendió y mereció mi sincera felictación al autor.
Mi comunicación se titulaba, “Biografías galeuzcanas: exilio, represión e morte”. Elaboré las treinta y tres biografías de los firmantes y adherentes a los pactos de La Triple Alianza de 1923, el pacto de Gernika del 2 de abril de 1933 y del pacto de Compostela o Galeuzca del 25 de julio de 1933, reformado en Bilbao el 30 del mismo mes y año. El relato proporcionó un resultado estremecedor. Tres fueron fusilados por los franquistas, el gallego Alexandre Bóveda en 1936, el catalán Manuel Carrasco Formiguera en 1938 y el vasco Ramón Azkue en 1938. Veintiseis sufrieron exilio, represión y cárcel. Cuatro se reconvirtieron forzadamente al franquismo. Por tanto, el Galeuzca tiene tres mártires y el precio que pagaron todos fue muy alto.
De los restantes participantes en los diferentes galeuzcas en el exilio (1941, 1944, 1944-46, 1958, 1959, 1970) la nómina alcanza la cifra de 89 y todos ellos estaban exiliados, algunos después de padecer represión en el interior. Advertí en mi comunicación que esos tiempos podían volver, que el pasado no hay que enterrarlo, pues el fascismo se contagia más que cualquier otro mal y contamina tanto que hasta los pobres quieren ser fascistas. “Si ignoras lo que sucedió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, decía Cicerón.
Ciertamente la fragilización de la memoria o el olvido del pasado es uno de los importantes componentes del convulso caldo de cultivo actual, al que coadyuvan otros elementos como el ascenso de neofascismos excluyentes, de liderados infamantes, de izquierdismos desorientados y divididos, de imperialismos agresivos, de colonialismos expoliadores, de neoliberalismos salvajes y depredadores, de seudodemocracias autocráticas e/ou filoteocráticas, de nacionalismos subestatales ninguneados, de diferencias sociales crecentemente alarmantes y de democracias debilitadas. Todos ellos conforman un clima semejante al previo a la II Guerra Mundial. El fascitrumpismo es el novo covid infeccioso que circula por todas as partes, de tal manera que la combinación de intimidación legal y extralegal, la subversión de la legitimidad, la exclusión institucional, el incremento del militarismo y el culto á la personalidad configuran un ecosistema donde la información crítica es tratada como sedición y la oposición como terrorismo. Parece que en el mundo actual hay dos modelos: o avanzar para atrás o retroceder para adelante.
Como remate de mi comunicación, realicé un llamamiento para la proclamación de un manifiesto conjunto por parte del congreso contra el fascismo galopante. Lo hice en el idioma de Rosalía y fue sometido al gravamen de un riguroso silencio como respuesta. Lo incluyo de nuevo este artículo, ahora en el esperanto peninsular, con la vana esperanza de un pesioptimista radical. Un jesuita, a quien conocí, afirmaba: “Estamos mal, pero tenemos la esperanza de estar peor”. El Manifiesto decía así:
“Permitídme, finalmente, por caridad hacia un viejo, que a modo de testamento exprese mis inquietudes, dado que en mi familia padecemos un problema hereditario, todos venimos muriendo, unos detrás de otros. Se divisa en el horizonte el triunfo del fascitrumpismo en muchas latitudes, lo que no le pasaba por la imaginación a los de mi generación. Quizás los historiadores de entonces cometimos un error en la Transición, nos mantuvimos más o menos callados y nos dejamos llevar por las corrientes políticas que apostaban por el olvido. Ahora estamos pagando los resultados. Non podemos seguir en silencio en estos tiempos en los que se contemplan desastres humanitarios. Este Congreso es una gran oportunidad para levantar nuestra voz profética de denuncia. Un manifesto conclusivo avisando de los riesgos que corremos, le vendría muy ben a la sociedad y a nosotros mismos, pues la dignidad y la autoestima son armas de construcción masiva. Debemos bajar del púlpito academicista y, sin perder rigor, sumergirnos en una labor divulgativa en los medios de comunicación y otros foros para llevar a cabo un rearme de la historia como antídoto contra la desmemoria. Decía Ortega Gasset, que no es precisamente santo de mi devoción: “El pasado no nos dirá lo que tenemos que hacer, pero sí lo que debemos evitar”.
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