DJ Godzi, la historia de España contada en una sola muerte

La Guardia Civil no es una fuerza policial: es un anacronismo ambulante, un fósil viviente del siglo XIX que sobrevive en plena era digital con la misma mentalidad represiva y antidemocrática con la que nació

Michele Noschese, conocido por DJ Godzi, cometió el crimen aparentemente imperdonable de hacer ruido en Ibiza una noche de julio. Por este delito capital pagó con la vida, en manos de aquellos uniformados del tricornio que llevan ciento ochenta años encargados de mantener “el orden” en la España profunda y por extensión en los países que todavía hoy estamos gobernados desde Madrid. Su padre, cirujano y traumatólogo, ha dicho con una honestidad que rompe el corazón: “Le masacraron… No puedo llevar a mi hijo a casa en un ataúd con este aspecto”.

Ésta es la historia de España contada en una sola muerte. La historia de un Estado que hizo la transición a la democracia, pero que se olvidó de democratizar sus verdugos.

Mientras Portugal disolvía la PIDE –la policía secreta de Salazar– inmediatamente después de la Revolución de los Claveles, mientras Grecia desmantelaba el aparato represivo de los coroneles y sometía todas sus fuerzas a control civil democrático, mientras la Europa oriental hacía tabla rasa disolviendo a la Stasi en la Alemania Oriental, la Služba Bez Bulgaria, España tomó la decisión más cobarde y más peligrosa: mantener intacta y en su lugar la Guardia Civil.

El Estado español mantiene todavía una fuerza militar como fuerza de policía única y básica en buena parte del territorio, la misma que era la columna vertebral de la represión durante la dictadura. Es lo único a lo que no tuvo el coraje de decir basta a la herencia de los años más oscuros. Lo único en que confundió la prudencia con la cobardía y dejó a los lobos guardando el rebaño. Donde todavía están hoy.

La Guardia Civil no es una fuerza policial: es un anacronismo ambulante, un fósil viviente del siglo XIX que sobrevive en plena era digital con la misma mentalidad represiva y antidemocrática con la que nació. Creada para “detener la extensión de los movimientos antimonárquicos” y “mantener la servidumbre entre el campesinado”, ha cumplido fielmente la misión original durante ciento ochenta años. Los jornaleros de Jerez ejecutados en 1892, los cientos de torturados del País Vasco, los fallecidos en la valla de Melilla, los catalanes agredidos cuando querían votar y, ahora, Michele Noschese son todos víctimas de la misma institución, de la misma mentalidad, del mismo sistema, de la misma cultura violenta.

Y esto lo sabemos todos. No es en vano, por ejemplo, que Federico García Lorca, el gran poeta andaluz asesinado por el franquismo, titula su poema sobre la Guardia Civil “Canción del gitano apaleado – Escena del teniente coronel de la Guardia Civil”. Ni es anecdótico que el poema empiece diciendo “Veinticuatro bofetadas, veinticinco bofetadas…” La figura siniestra de la pareja  atraviesa la historia entera de nuestra vida, y la de nuestros padres y abuelos.

DJ Godzi hacía música electrónica, aquella música que hace bailar a los jóvenes, que los libera, que les conecta con algo mayor que ellos mismos. Quizá por eso molestaba tanto. Quizá por eso le consideraban peligroso. La música siempre ha asustado a los poderes autoritarios porque es libertad en estado puro, y la libertad es el enemigo natural de todos los tricornios del mundo.

La versión oficial, predecible como un amanecer, habla de drogas y cuchillos, de convulsiones y reanimación fallida, de error fatal. Pero es la misma historia que nos han contado mil veces, la misma mentira vestida siempre de legalidad. El padre de Michele, hombre de ciencia acostumbrado a leer cuerpos destrozados, ve qué le han hecho a su hijo y no se lo cree. Y nosotros, que conocemos bien esta historia de memoria, tampoco.

Cien ochenta años después de ser creada, la Guardia Civil sigue siendo lo que ha sido siempre: el instrumento de un poder que no tolera la disidencia, que no acepta el ruido, que no perdona la diferencia. Seguramente Michele Noschese murió porque tuvo la osadía de ser libre a la vista de una policía que todavía no ha aprendido qué significa la libertad. Pero esa muerte no es ningún accidente: es un sistema. No es una excepción: es una norma. No es el pasado que vuelve: es el pasado que nunca se ha ido.

Ahora su cuerpo volverá a Nápoles hecho cenizas porque su padre no puede soportar ver lo que le hicieron. Pero aquí y entre nosotros el Estado español seguirá reivindicándose y simulando que es una democracia mientras deja campar los fantasmas de su atávico y siempre tolerado autoritarismo –tolerado y sostenido por la derecha, pero, ¡ay!, también por la izquierda que un día fue perseguida por esa misma gente: los de la capa y el tricornio, los de las palizas, los de las palizas.
VILAWEB

(1) Federico García Lorca

CANCIÓN DEL GITANO APALEADO-ESCENA DEL TENIENTE CORONEL DE LA GUARDIA CIVIL (Cante Jondo)

Veinticuatro bofetadas.
Veinticinco bofetadas;
después, mi madre, a la noche,
me pondrá en papel de plata.

Guardia civil caminera,
dadme unos sorbitos de agua.
Agua con peces y barcos.
Agua, agua, agua, agua.

¡Ay, mandor de los civiles
que estás arriba en tu sala!
¡No habrá pañuelos de seda
para limpiarme la cara!