El Golfo no cede

Según el último informe sobre el mercado del petróleo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la caída en el precio del barril, que en agosto cotizó a mínimos no vistos en seis años, se traducirá en el 2016 en un recorte del suministro proveniente de los países no integrados en la OPEP de casi 0,5 millones de barriles diarios. Un descenso que constituye la mayor caída experimentada en más de dos décadas, más concretamente desde el colapso de la Unión Soviética en 1991.

Cerca de un 80%, del descenso de la producción comentado provendría de petróleo de fracking en EE.UU. La AIE afirma que el petróleo barato ha frenado en seco la expansión de la industria del shale en dicho país. Hasta hace poco, esta había mostrado una resiliencia sorprendente frente a la caída de los precios del crudo. Sin embargo, la AIE señala que la creciente presión financiera sobre los operadores y el abrupto descenso en el número de equipos de perforación están empezando a notarse en las cifras de producción.

Lo expuesto son buenas noticias para la OPEP, que el pasado noviembre imprimió un giro espectacular a su política, tomando la decisión de no rebajar su producción pese a la caída en barrena de los precios del crudo. Arabia Saudí, el líder de facto de la OPEP, explicó entonces que esta nueva estrategia respondía a un intento de defender la cuota de mercado de la organización a costa de los productores de shale en EE.UU. y de otros rivales.

En su informe, la AIE considera que esta política ha logrado su objetivo: “El colapso de los precios del petróleo está cerrando la producción de alto coste, desde Texas hasta Rusia, pasando por el mar del Norte”, de modo que “el esfuerzo de la OPEP para mantener su cuota de mercado sea cual sea el precio del barril está logrando el efecto perseguido”. Asimismo, la AIE comenta que el actual contexto de precios bajos está forzando al mercado a “comportarse como debe”, disminu­yendo la producción e impulsando la demanda.

Pero eso no significa que la OPEP vaya a darse por satisfecha. Ciertamente, los países productores de crudo del golfo Pérsico, con Arabia Saudí a la cabeza, están sufriendo las consecuencias de la caída de los precios de crudo, lo que se traduce en un drástico recorte de los ingresos generados por la exportación de esta materia prima.

Sin embargo, pese a ello, siguen empeñados en no ceder ni un milímetro de terreno en su política de defensa a ultranza de la cuota de mercado y, con este fin, su intención es la de impulsar nuevos proyectos para aumentar aún más la producción de petróleo y gas. Los estados árabes del Golfo, con la excepción de Iraq, todavía no han reducido sus inversiones en exploración y producción, limitándose a apretar las tuercas a las operadoras y otros contratistas para que acepten unas retribuciones menos generosas a cambio de mantener el trabajo. La batalla por el mercado no ha finalizado.

LA VANGUARDIA