«Los independentistas quebequeses disuadieron a los electores no fracófonos», según Alain G. Gagnon

Sorpresa en Montreal. La economía, la clave del descalabro soberanista quebequés. La perspectiva de un nuevo referéndum derrumba a los independentistas en las urnas. La mayoría de los quebequenses dejaron claro el lunes (7-IV-2014) que ahora no es el momento de un nuevo referéndum soberanista. La victoria de los federlaistes liberales se explica por su mensaje económico e integrador. «Los independentistas quebequeses disuadieron a los electores no fracòfonos», según  Alain-G. Gagnon, autor del libro ‘Tiempo de incertidumbres. Ensayos sobre el federalismo y la diversidad nacional’ [Editorial Afers]. Para el profesor Gagnon, el electorado joven está «menos preocupado» por el mundo anglosajón y mira hacia el exterior. «Para esta generación, es así como Quebec ha logrado su independencia de Canadá».

Otra vez, “¡es la economía, estúpido!» Esta célebre frase de la campaña de  Bill Clinton  -que le llevó hasta la Casa Blanca en 1992 tras ganar a un presidente  George Bush, padre, fortalecido en política exterior- no es nada original, pero sigue teniendo la misma fuerza para explicar de manera simple muchas de las derrotas electorales actuales en todo el mundo. La gran derrota del Partido Quebequés (PQ) de lunes es el último ejemplo. Los independentistas, capitaneados por la hasta ahora primera ministra quebequense, Pauline Marois, obtuvieron el peor resultado desde la fundación de su partido.

La bandera canadiense, pues, volverá al Parlamento de Quebec y el soberanismo ha quedado aparcado sine die. Los federalistas liberales recuperan el poder gracias a una estrategia electoral centrada en la economía, la creación de puestos de trabajo y la defensa de los derechos de las minorías. Su líder, Philippe Couillard, elegido tan sólo hace un año, logró una sorprendente mayoría absoluta, a pesar de los escándalos de corrupción que desterraron su partido a la oposición en los comicios de 2012.

Estos días muchos analistas se han apresurado a redactar el obituario del sobiranime quebequés, mientras que otros consideran esta lectura demasiado simplista. Es verdad que el resultado electoral deja claro que los quebequeses no están nada interesados en abrir un nuevo proceso independentista. Pero la derrota de Marois, con sólo un 25% de los votos y 30 de los 125 escaños, está ligada también a unos errores de cálculo políticos.

 

La polémica carta de la laicidad

El gobierno en minoría del Partido Quebequés convocó nuevas elecciones convencido de que capitalizaría entre los francófonos la nueva Carta de Valores que aprobó para prohibir a los funcionarios llevar símbolos religiosos como un hiyab o un kipá. Con esta legislación secular, sin embargo, los independentistas quebequeses disuadieron a los electores no francófonos, según el profesor de la Universidad de Quebec y autor del libro ‘Tiempo de incertidumbre’ [Editorial Afers], Alain Gagnon.

«El gobierno de Marois creía que la carta les beneficiaría, pero el balance es cero. Ganaron apoyo entre el electorado rural, pero también perdieron votos entre los jóvenes», añade la socióloga de la Universidad de Montreal Claire Durand. Este «cambio identitario» de la formación, añade Gagnon, se aleja de la definición de país integrador que tenía en los años 90.

El Partido Liberal aprovechó esta polémica legislación para tachar de xenófobas y discriminatorias las políticas de Marois. Además, se presentaron como los únicos capaces de hacer frente a las preocupaciones de los quebequeses. Para Couillard, el mensaje era economía, economía y economía. También Quebec Solidario, una formación similar a ERC, consiguió parte del electorado descontento con las políticas de austeridad de Marois.

Por otra parte, los federalistas liberales se beneficiaron de una campaña que en las últimas semanas se centró en el debate sobre la celebración de un nuevo referéndum soberanista. Quebec ya celebró consultas en 1980 y 1995 y, en ambas, una mayoría -aunque más estrecha la segundo vez- los quebequenses votaron en contra de separarse de Canadá.

La líder de los independentistas, que se esforzó para hablar de economía y de los casos de corrupción de sus máximos rivales, evitó hablar del referéndum soberanista, ya que era consciente de que el tema le podía perjudicar. Marois, sin embargo, no lo pudo impedir por mucho tiempo. El reciente fichaje de su partido para reforzar su perfil económico, el magnate de los medios  Pierre Karl Péladeau, prometió con un puño cerrado y ante las cámaras la celebración de una nueva consulta.

Sus palabras fueron un terremoto letal para los independentistas quebequenses y su líder, Pauline Marois. Sin embargo, algunos analistas lo consideran uno de los grandes favoritos a liderar la nueva etapa del Partido Quebequés. «No nos rendiremos, queremos un país», cantaban sus seguidores durante la noche electoral. De hecho, hasta ahora los líderes del PQ no han hecho demasiada autocrítica.

 

Los jóvenes, menos soberanistas

Para la socióloga Durand, los resultados del lunes no certifican la muerte del soberanismo. «Durante los últimos años el apoyo soberanista se ha mantenido en torno al 40%, pero esto puede cambiar si hay una crisis constitucional o un escándalo político», afirma.

De todos modos, según ella, las encuestas muestran que los jóvenes quebequenses son menos soberanistas que sus padres. Durand, que ha estudiado el comportamiento electoral de sus conciudadanos en los últimos 40 años, cree que los jóvenes han dejado de ser la principal fuerza del soberanismo. En los años 80 y 90 un 60% de los jóvenes estaban a favor de la independencia, mientras que ahora el porcentaje es de un 40%.

Para el profesor Gagnon, el electorado joven está «menos preocupado» por el mundo anglosajón y mira hacia el exterior. «Para esta generación, es así como Quebec ha logrado su independencia de Canadá».

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