En el momento de escribir estas líneas ha transcurrido una semana y aún no se han esclarecido los hechos de acuerdo con los que una mujer habría dado una bofetada a Pere Navarro en la puerta de la catedral de Terrassa ni tampoco se ha dado a conocer la identidad de la mujer en cuestión. Este silencio, esta opacidad a la hora de saber de ella la verdad, no sólo deja sin respuesta el montón de preguntas que se hace la gente, sino que convierte a la supuesta víctima en sospechoso. Sobre todo a partir de dos detalles clave. El primero es el afán con que Navarro contacta con los medios de comunicación para sobredimensionar el caso. El segundo es la instrumentalización política que hace, en beneficio propio, basándose en lo que él llama “percepción”. “Los motivos son muy claros”, afirma, “son el resultado del clima de crispación”. Y, de paso, culpa de ello a “la actitud del presidente Mas”. Es decir, que, falto de pruebas, elabora una teoría que le permita presentarse como víctima del independentismo catalán. Así, el independentismo se mostraría al mundo como violento, rabioso, sanguinario y rompedor de la convivencia mientras que él y su partido nacionalista español serían la opción de la paz.
¿Pero qué pasó realmente? Según informó el diario terrassense La Torre, “ni los clientes ni los responsables del bar La Taverneta, ubicado justo a diez metros de la escalera de la catedral con ocho mesas en la calle y llenas a rebosar, no vio ni oyó nada”. Ni tampoco vieron ni oyeron nada “los trabajadores que ese día y hora [27 de abril a tres y media de la tarde] estaban los bares-restaurantes El Vermut y Plaça Vella, situados igualmente a pocos metros de la catedral”. Esto coincide con lo que dice un señor que asistió a la misma ceremonia religiosa que Navarro en calidad de familiar de un niño que hacía la primera comunión: “Coincidimos con él mientras esperábamos para entrar en la iglesia. Yo estaba cerca de la entrada, y él también. Había gente por medio, él hablaba con un grupo que tenía alrededor. Dentro de la iglesia también estábamos muy cerca, casi lo tenía al lado. Vi que, cuando entró, el ??sacerdote lo saludó y que hablaban. Me quedé muy sorprendido cuando leí la noticia”.
¡Qué misterio!, ¿verdad? Tenemos una ceremonia a la que asistían seiscientas personas, una supuesta agresión en la cara que no dejó la más mínima marca, una supuesta agresora sin identidad y cientos de personas alrededor que no vieron ni oyeron nada. “Quizás fue un sueño”, pensará alguien. En todo caso, cuando alguien convoca a los medios de comunicación para emitir un juicio de intenciones, como ha hecho el señor Navarro, es lógico que los que escuchan duden de su veracidad. Incluso, dada la explotación política que está haciendo, puede haber quien piense que se trata de un sueño hecho realidad. De lo que se dice “¡de mil amores!” Este extremo adquiere verosimilitud teniendo en cuenta que, según el citado diario terrasense, fuentes cercanas a la investigación afirman que no habría habido ningún puñetazo, sino una pequeña bofetada “que casi no rozó la cara del líder socialista”.
Sea como sea, hay más interrogantes. Veamos algunos: ¿por qué se mantiene oculta la identidad de la autora de la bofetada? ¿Tiene que ver, esto, con el hecho de que la bofetada no existió y que, por tanto, al no haberse producido, no tendría siquiera la consideración de falta? ¿Por qué el señor Navarro dedicó la mañana del día siguiente a victimizar ante los micrófonos de Catalunya Ràdio, RAC1 y la SER, entre otros, y no fue hasta la tarde cuando fue a la comisaría de los Mossos? ¿Cómo es que la indolencia en la denuncia no se corresponde con el tono alarmante de las declaraciones? ¿En qué datos objetivos fundamentaba su criminalización del independentismo, en general, y del presidente Mas, en particular, diciendo que todo era fruto “del clima de crispación que determinados partidos alimentan con un discurso que no es de diálogo, sino todo al contrario”? ¿Lo hizo porque el aumento de la conciencia nacional de Cataluña está dejando su partido sin votantes ni militantes, quizá? Si el señor Navarro cree que en Cataluña hay un “clima de crispación” y una “fractura social” tan grandes, ¿cómo se entiende que prescindiera de la escolta? Parece un contrasentido ¿no?
Debemos suponer que tarde o temprano, si el señor Navarro no lo impide, sacaremos su entramado. Pero lo cierto es que la carta que dirigió a la militancia cuatro días después de los hechos, aunque ofrecía más opacidad, ya que justificaba la falta de escolta por el hecho de que se trataba de un acto familiar y estrictamente privado. ¡Un acto al que asistían seiscientas personas! Curiosamente, en la misma carta, Navarro dejaba y ya no vinculaba los hechos al independentismo, ni a los partidos soberanistas ni al presidente Mas, lo que demuestra hasta qué punto mintió deliberadamente en sus primeras declaraciones y hasta qué punto también ha instrumentalizado los hechos en beneficio de su opción política con el claro objetivo de criminalizar la decisión del Parlamento de Cataluña de celebrar una consulta.
La carta, de hecho, denota en sí misma el deseo de aparecer de nuevo en los telediarios para continuar rentabilizando el asunto. Y esto es tan grave en un representante político que a estas alturas el señor Pere Navarro ya debería haber presentado la dimisión. Realmente es necesario mucha falta de ética para mentir tan vilmente mostrando a Cataluña como una sociedad crispada, fracturada, violenta y en el umbral de la sangre. Justamente Cataluña, que es uno de los pueblos más pacíficos, tolerantes y democráticos de Europa; un pueblo que el Once de Septiembre pasado, con dos millones de personas en la calle, admiró al mundo al mostrarse como una exquisita simbiosis de reivindicación y civismo; un pueblo, en definitiva, que quiere decidir su futuro político el 9 de noviembre de 2014. Así lo expresó por mayoría absoluta el Parlamento de Cataluña. Sin embargo, el 8 de abril en el Congreso español, el partido del señor Pere Navarro votó en contra del principio democrático más elemental; el partido del señor Pere Navarro votó en contra de que Cataluña pueda decidir su futuro; el partido del señor Pere Navarro votó en contra de que Cataluña pueda votar. ¿Quién es, pues, el que crispa? ¿Quién es que fractura? ¿Quién es que violenta? ¿Quién es que abofetea?
EL SINGULAR DIGITAL







