Todo un éxito, la moción presentada por la CUP de Sant Cugat en el Pleno Municipal pidiendo la reafirmación de la ciudad en su compromiso como ciudad antitaurina y el rechazo al Proyecto de Ley del Gobierno, que pretende blindar las corridas de toros declarando la tauromaquia patrimonio cultural inmaterial. Todos los grupos municipales, salvo el PP, la apoyaron y Sant Cugat, por tanto, ha dejado claro que defiende la resolución del Parlamento catalán, de julio de 2010, en virtud de la cual las corridas de toros quedan abolidas en Cataluña.
Los argumentos del PP, a través de la concejala María Dolors Domenech, favorable al espectáculo sanguinario de la Fiesta Nacional española, son de esos que provocan vergüenza ajena. Siguiendo la tónica de las personas carentes de argumentos, la señora Domenech se sirve de apetencias taurinas de personajes conocidos -Serrat, Joaquín Sabina, Enrique Tierno Galván… – para construir un discurso tan consistente, intelectualmente hablando, como un castillo de arena. Si ya es grave sacralizar los gustos personales de alguien por el solo hecho de que es un cantante famoso o un profesor universitario, aún lo es más comulgar con una solemne barbaridad como ésta de Tierno Galván: “Los toros son el acontecimiento que más ha educado social y políticamente al pueblo español”. Qué lástima que Tierno Galván ya no pueda avergonzarse de sí mismo al leerlo.
La parte más lamentable de todo esto, sin embargo, es que la señora Domenech y su partido nacionalista español acusen al resto de partidos de politizar las corridas de toros a pesar de saber que hay pocas cosas tan manifiestamente políticas como ésta. En este sentido, habría estado bien que antes de hablar se hubieran hecho este par de preguntas: ¿si las corridas de toros no son política, cómo es que tienen el rango de ‘Fiesta Nacional’? ¿Si las corridas de toros no son una cuestión política, por qué el PP pretende imponerlas por encima de la voluntad del Parlamento de Cataluña? Las corridas de toros, digámoslo claro, son política. Son una orgía machista institucionalizada de martirio y sangre, un espectáculo que denigra la condición humana y que necesita fabricarse una coartada cultural para que los que asisten puedan disfrutar impunemente de la tortura de un ser vivo.








