El principal enemigo del presidente Mas no se llama Rajoy, ni Camacho, ni Rivera, ni Navarro, ni Millo, ni Lucena… Todos estos, con su nacionalismo español, todavía le dan más vida política y hacen que, comparado con ellos, sus ambigüedades independentistas queden minimizadas. El verdadero enemigo del presidente Mas se llama Josep Antoni Duran Lleida. Este es el auténtico enemigo. Pero no porque sea diferente a los demás, sino porque va disfrazado de amigo, y esto le hace más pernicioso.
Duran es el “amigo” que todo el mundo identifica con las mismas siglas que Mas, es el “amigo” que tiene cuota en el Parlamento, los telediarios y los altavoces mediáticos, es el “amigo” que cada vez que abre la boca quita votos a su socio de gobierno, es el “amigo” que con sus declaraciones contra la independencia en plena campaña electoral restó escaños a CiU, es el “amigo” españolista disfrazado de catalanista que está en contra de la independencia de Cataluña y que fue a la manifestación de la Diada para desacreditarla y para poder decir que los cerca de dos millones de personas que había eran tan autonomistas como él. Duran es también el “amigo” que enamora la caverna española y todos estos grandes referentes de la libertad de los pueblos, que son Soraya Sáenz de Santamaría, Alicia Sánchez-Camacho, Pere Navarro, Albert Rivera y Maurici Lucena; Duran es el ” amigo “, en definitiva, que va diciendo que Artur Mas “es su presidente y su candidato”, pero que contraprograma actos en España, el mismo día, para empañar los actos de su queridísimo presidente en Cataluña.
La pregunta es: ¿por decir que Mas es su presidente, y tener que hacer un acto el mismo día en Madrid? ¿Para decir que “lo que diga Mas estará bien dicho”, había que convocar a todos los medios de comunicación? ¿Cree alguien que estas anodinas palabras tenían el más mínimo interés para ningún periodista? Si la prensa de Madrid fue a escuchar Duran fue porque todo el mundo sabía que él es el aliado del españolismo y que aquel acto constituía un boicot envenenado en toda regla contra el gobierno de Cataluña y, especialmente, contra el proceso independentista.
Duran no sólo es muy consciente de que su proyecto personal es incompatible con la independencia de Cataluña, también percibe que el tiempo se le escurre y gesticula tanto como puede esperando que, llegado el momento -falta de mayoría absoluta de Rajoy en el Congreso español- el PP se lo tenga en cuenta y le agradezca los servicios prestados. Y es que la ambición de este señor es tan desmesurada que, como se vio en las elecciones, está dispuesto a dinamitar incluso Unió para autosatisferse. Es Unió, por lo tanto, quien debe decidir si quiere conectar con el grueso de la sociedad catalana y convertirse en una fuerza independentista o acompañar a Duran en su caída por el acantilado y desaparecer como partido.
Así las cosas, me parece suicida para CiU la presencia de Duran en una próxima lista electoral. Una lista electoral catalana en el marco español, claro, ya que en una Cataluña independiente, Duran, políticamente hablando, no será absolutamente nadie. Esto significa que CiU deberá reflexionar y decidir qué quiere hacer: o mantener a Duran, favoreciendo la sangría de votos hacia Esquerra, o sacrificarlo para salvar la federación. En otras palabras, es necesario que el presidente Mas, si quiere dar verosimilitud a su proyecto nacional, se quite a Duran de encima planteando un ultimátum a Unió. Es decir, que sea Unió quien lo sacrifique. Y si, a pesar de todo, no hay entendimiento, Convergencia deberá dejar sola ante las urnas a Unió, lo que significará su muerte. Unió, claro, aunque podría cobijarse bajo las faldas del PP, no podría evitar una fuga de militantes hacia CDC, lo que también terminaría siendo letal. Deberán decidir: o el fin de Duran o la inmolación de CiU.







