A grandes mentiras, grandes bellacos

La política es el arte de saber mentir. En este eslogan -hoy para los snobs mantra- se contiene  una de las raíces de la perversión de nuestro mundo.

Un servidor, por lo que tan de cerca nos toca,  añadiría que si la mentira oliera mal, lo que llaman España sería un tufo insoportable.

Cuando un gobernante, engaña, incumple, miente… transfigura la verdad, se convierte en un desalmado…  es así de simple. Es bien cierto que, cuando el gobernante miente al ciudadano, es porque oculta algún delito: un cohecho, una ley nefasta, una guerra a espaldas de la ciudadanía etc…

Pongamos un ejemplo. Cuando estados como el yanqui, hablan de enemigos (EEUU, siempre los necesita para sustanciar su perverso sistema y su gran parafernalia de terrorismos y contrainsurgencias), miente como el más bellaco entre los bellacos. Es sin duda, por lo que le preocupa bastante más el asunto WiKileaks, que desnuda sus miserias, que la muerte de los miles de seres humanos que propicia su sistema.

Y deben preocuparse los yanquis, porque su economía se oxigena con el más criminal de los imperialismos, aniquilando y empobreciendo pueblos y patrias.

¿Para vender armas, necesitas enemigos, por eso robas y masacras. No hay otra..

El ciudadano de a pie, no quiere guerras, para eso se le manipula y engaña hasta transformarlo en estúpido. El crítico, el que escapa a tal estupidez es tachado de contestatario, antisistema etc…

Hoy día –¡hay tanta dignidad en tantas rebeldías!- va a resultar un orgullo y  un ejemplo moral, ser subversivo

Pero vayamos al hilo. En puridad, si los ciudadanos, fueran coherentes, responsables, conscientes de su poder, a un gobernante, que incumple su programa, le destituirían y en su caso le procesarían.

En auténtica democracia, el poder del político, jamás debe exceder al que le otorga la ciudadanía. Si no puede cumplir sus promesas, tiene dos alternativas: dimitir, o pedir permiso a quien le ha elegido, antes de implantar nuevas propuestas no contempladas en el programa plebiscitado

Saltarse a la torera sus compromisos es un delito gravísimo, que si no es inmediatamente sancionado, es debido a la abulia y letargo de la sociedad.

Y por supuesto, un delito, que si la judicatura fuera honesta y soberana, no tendría más remedio que encausar al gobernante.

He aquí una radiografía de la sociedad.

Los políticos mienten, gran parte de ciudadanos  son –o somos…-unos trapisondistas. Los políticos roban, “mogollón” de ciudadanos siempre que pueden hacen lo propio o torean al fisco. Los políticos trapichean con los grandes trust oligárquicos, ¿no  hacemos los ciudadanos lo propio, acogiéndoles y entrando en su juego o en sus grandes superficies? Tantos políticos son  de mente ramplona, cutres y chafarderos, ¿cual es la imagen de tantos ciudadanos, que solo respiran futbol y realytis…?

Etc…etc…¿Valdría tamaña radiografía?

Que sí, que la política está corrompida. ¿Y la ciudadanía? Porque si la mayoría ciudadana fuera cabal y formada, jamás engendraría semejantes gobernantes. Es evidente.

El poder en tal caso lo ostentarían los ciudadanos mas honestos y  preparados.

¿Por qué un médico, un agricultor, un maestro, un bombero etc… necesita una preparación específica y el político al parecer no?

Nuestros políticos, hoy día son geniales,  valen para todo… ya lo vemos… Y el más tonto capador…

Llamemos a las cosas por su nombre. Hoy los partidos políticos no pasan de la pura empresa. Se gobierna, según los intereses del partido: ley de castas.

Bien dice J.A. González Salazar, en una partitocracia, el pueblo es el gran ausente.

Lo de los partidos, es un modus vivendi, hoy día, mantenido por los jetas más desvergonzados y desaprensivos, para forrarse con el erario público. Al ciudadano que le den… Y que mientras muchos ciudadanos, sigamos ebrios de imbecilidad, ya nos embridarán los cascos…

En definitiva, que lo único preciso para un político es saber apañar con desparpajo, arte y cinismo en altas dosis…

¿Quiere decir que la sociedad no necesita políticos? En absoluto.  Evidentemente precisa de ellos. Pero siempre que estén preparados “ad hoc”, sean honestos y laboren exclusivamente en pro del ciudadano.

En resumidas cuentas, que un buen político no debiera estar para plegarse a los chanchullos de los que manejan las gónadas  -lo que llaman aparato- de un partido, sino para gestionar en conciencia, la voluntad del ciudadano.

Pero aquí ya se sabe, el que no asume la voz de su amo, no baja la cerviz ante el dedo enhiesto, ya sabe, no sale en la foto. Que aquí no estamos para premuras de conciencias…

¡Rara la anécdota del “es lo que pienso y si dicen que dizan…”!

No son complicados los requisitos para un buen político, simplemente son raros: oficio, instinto e intuición para las decisiones  justas y por encima de todo andar en verdad… Esa conciencia de ser garante de los intereses de los pueblos, no de las oligarquías, ni de los desalmados del FMI, BNC, Bruselas y otros antros muy mafiosos, pero poco humanos y solidarios.

Está tan desprestigiada, tan poco reputada, tan desasistida la virtud de la verdad, que llevarla a rajatabla en cualquier relación humana –sobre todo en las económicas y en las políticas-  es considerado ñoñez y apocamiento…

Vivimos la gran mentira. Las finanzas, la propaganda, las gobernanzas, la monarquía, los medios… el fanatismo y la hipocresía de las grandes religiones… todo se sustenta en el fraude y el engaño, eso es, en la más descarnada mentira.

Ese mundo arcádico, tantas veces soñado y otras tantas frustrado, caso de que este planeta no se rompa, únicamente acaecerá, el día en que la verdad sea consustancial con la persona. Una auténtica revolución ética. Ciertamente una milagrosa utopía.

¿Pero acaso las mas bellas realidades, no han germinado a partir de los sueños, es decir, abriéndose desde el capullo de las grandes utopías…?

 

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua