Las personas adultas vemos cómo las fiestas, al igual que las costumbres, van evolucionando en nuestro pueblo. Tras pasar por la escuela (de frailes, monjas… en castellano, por supuesto), nos hicimos jóvenes y aprendimos a disfrutar de las fiestas sanamente, sin molestar a nadie… disfrutando. Vivíamos al margen de los medios de “comunicación”, del fútbol, etc. Además, algunos adquirimos la sana costumbre de leer y gracias a ello supimos y sabemos que nuestro pueblo, desde tiempos pasados, tenía y sigue hoy teniendo famosas fiestas que se desarrollaban entre el 20 de enero y los carnavales. Entre ellas, la fiesta destacable, la diversión estrella, era la “sokamuturra” (y no la tamborrada como lo es actualmente), según nos relata, entre otros, Dionisio Azkue (Dunixi) en su precioso libro titulado “Mi Pueblo Ayer”.
La “sokamuturra” merece un estudio aparte. Se prohibió a principios del siglo XX pues, al parecer, molestaba a los veraneantes.
Actualmente, la única fiesta donostiarra verdaderamente popular que nos queda es la citada tamborrada, cuyo origen se halla en comparsas del carnaval y que resistió a la larga época franquista. En cuanto a la “semana grande”, fue ideada pensando únicamente en los mencionados veraneantes.
Esta carencia de fiestas auténticamente populares ha dado origen por ejemplo a la iniciativa de los “piratas”, ideada por la juventud donostiarra.
También cabe recordar el espectáculo que desde hace tres o cuatro años se realiza en el Boulevard para conmemorar la destrucción y genocidio de la ciudad de Donostia el 31 de agosto de 1813, a cargo del ejército inglés que, junto con soldados portugueses, eran aliados del ejército español que luchaba contra las tropas napoleónicas.
Dicho nuevo espectáculo de aire seudomilitar consiste, entre otras cosas, en representar a los ingleses conquistando la ciudad, liberándola del ejército francés, para entregársela, naturalmente, a los españoles y, al mismo tiempo, saquear, violar mujeres y niñas y asesinar, para, finalmente darle fuego a nuestro pueblo para hacerlo desaparecer. Todo ello en cumplimiento de las instrucciones de los generales españoles Castaños y Alava y del inglés Wellington. Según los testimonios recogidos de las víctimas donostiarras, la orden del general español Castaños era incendiar la ciudad y pasar a cuchillo a todos sus habitantes.
Dichas instrucciones fueron ejecutadas, eficientemente por cierto, por el el general inglés Graham, subordinado de Wellington.
Las autoridades españolas odiaban a los donostiarras pues, al parecer, además de vascos y foralistas, eran “afrancesados”, partidarios de la modernidad y porque no habían demostrado su patriotismo español luchando contra los franceses. Y Wellington no sabemos qué tendría contra nosotros para ordenar llevar a cabo con tanta eficacia lo dispuesto por Castaños). El sanguinario Wellington negó en todo momento que tuviese nada que ver con dicho genocidio, demostrando ser, además, cobarde y falsario.
Lo hasta ahora expuesto pretende ser una reflexión acerca de cómo se podría conmemorar el 200 centenario del genocidio perpetrado en Donostia, el próximo año. Se me ocurre que se podría hacer una representación somera, de manera clara y pedagógica, de las huestes inglesas y portuguesas cumpliendo la orden del general español Castaños. También opino que la representación de dichos crímenes no podría hacerse con gentes vestidas a lo tamborrero interpretando alegres marchas donostiarras, porque haría creer a algunos que lo que hicieron aquellos aliados de los españoles fue “liberar a Donostia de los franceses” y que la fecha de 31 de agosto de 1813 es maravillosamente feliz para los habitantes de este pueblo. Nada más falso… tras los ocupantes franceses estaban los españoles; el sufrimiento humano jamás se puede “celebrar”, sólo recordar con respeto; los delitos de lesa humanidad nunca prescriben; por último no podemos organizar farsas que supondrían reírnos de aquellas desgraciadas y pobres víctimas de una guerra en la que no tenían ni arte ni parte. La tamborrada que, como antes se ha dicho, tiene su origen en los carnavales, podría quedar desprestigiada al mezclarla con tan terribles hechos y el drama del 31 de agosto de 1813 resultaría frivolizado (cuando no ocultado).
Todo lo anterior son sólo reflexiones que deseo dar a conocer, nada más.
El comandante del ejército español E. Munarriz Urtasun, en su novela histórica sobre el sitio de San Sebastián de 1813, publicada en 1958 –en plena dictadura franquista- dice:
“El 31 de agosto de aquel año 1813 el general Graham al mando de ingleses y portugueses que peleaban como aliados de España en la guerra de la independencia, liberaron San Sebastián; pero cosa inaudita, mientras los vencidos franceses eran tratados con la mayor benevolencia, la ciudad amiga, que recibió con los brazos abiertos a quienes creían sus salvadores, fue entregada al más bárbaro e inhumano saqueo. Cuando terminó, San Sebastián había dejado de existir y de 600 casas que antes tenía sólo quedaban en pie 36, las de la calle Trinidad, acera del lado del Castillo, que sirvieron de alojamiento a los portugueses. Los vecinos que pudieron escapar a la matanza se refugiaron en los pueblos y caseríos cercanos.”
Esto lo escribía un comandante del ejército español en pleno franquismo (como hemos señalado), época en la que nosotros fuimos “instruídos” en la asignatura llamada “Formación del Espíritu Nacional” que, precisamente ayudaba a “olvidar”algunos pasajes de la Historia. Y algunos que, por lo que se ve, no saben por dónde sopla el viento y que todavía no se han enterado de todo ello, a lo mejor son capaces de tomar “por asalto la ciudad ocupada por el ejército invasor, la incendian, la saquean y degüellan gran número de sus moradores” como reza la placa existente a la entrada de la calle San Jerónimo (les invito a que la lean), aderezando todo ello con sonoros cañonazos, lectura de poesías, regalos de flores y alegres marchas. Y en ese caso, ¿qué tendríamos que hacer los donostiarras y los turistas? ¿Reírnos, aplaudir, saltar al son de la música… o huir aterrados llorando a refugiarnos en los pueblos y caseríos cercanos?
Para terminar, citar a los que, por su parte, en esa fecha aciaga de 1813 sólo ven un mérito a celebrar: la reconstrucción de la ciudad. Y es que mencionar la destrucción es de mal gusto, saben? Pero oiga, si va a contarme Vd. con grandes alabanzas la RECONSTRUCCIÓN de Donostia, tendrá Vd. que explicarme primeramente su DESTRUCCIÓN. Realmente, a muchos nos interesa más la Historia (la destrucción) y la Justicia (el honrar a las víctimas de la masacre) que la historia de la actividad de los gremios del sector de la construcción, dicho sea con todos los respetos.
Donostia 2012ko uztailaren 27an.
EZ DAKITE NONDIK JOTZEN DIEN HAIZEAK
Adineko pertsonok ikusten dugu gure herrian nola jaiak hala ohiturak aldatzen diren. Fraideen, mojen eta eskolatik igaro ondoren (gaztelaniaz, jakina), gazte bihurtu ginen eta jaiak sanoki disfrutatzen ikasi genuen, inortxo ere gogaitu gabe. Ez ginen “komunikabideez”, futbolaz eta enteratzen. Gainera, batzuek irakurtzeko grina jatorra ere lortu genuen eta honi esker jakin genuen eta badakigu gure herriak, aspaldidanik bazituela eta badituela festa entzutetsuak, urtarrilaren 20tik inauteriak bitartean ospatzen zirenak. Festa haien artean, azpimarratzekoa, jolas nagusia, sokamuturra zen (eta ez gaurko danborrada), besteak beste Dionisio Azkuek (Dunixi) “Mi Pueblo Ayer” bere liburu zoragarrian kontatzen duen bezala.
Sokamuturrak aparteko azterketa merezi du. XX. mendearen hasieran debekatu egin zuten, dirudienez udatiarrentzat gogaikarri gertatzen zelako. Gaur geratzen zaigun donostiar jolas herritar bakarra danborrada da, zeinaren jatorria inauterietako konpartsetan aurkitzen baita, frankismoaren garai luzeak desagertu ezin izan zuena. “Aste Nagusia” lehen aipatu udatiarren gozamenerako izan zen asmatua.
Benetako herri-jairik ezak, adibidez, “piratak” izeneko ekimena sortu du, gazte donostiarrek asmaturik. Halaber ekar liteke gogora duela hiruzpalau urtetik hona Boulebarden burutzen den ekimena, 1813ko Abuztuaren 31n Donostiako hiriaren suntsipena eta genozidioa gogorarazteko. Egun horretan armada ingelesak, soldadu portugesekin batera, tropa napoleonikoen aurka gerran ari zen espainiar armadarekin aliatuta, Donostiako hiria suntsitu zuen.
Itxura pseudomilitarra duen ikuskari berri honek, besteak beste, ingelesak irudikatzen ditu hiria konkistatzen, frantses armadaren menpetik liberatu eta aldi berean arpilatu, emakume eta neskatoak bortxatu eta erailtzeko, azkenean gure herriari su eman eta desagerrarazteko. Eta hau guztia Castaños eta Álava jeneral espainolen eta Wellington ingelesaren aginduak beteaz. Donostiar biktimen ahotik jasotako testigantzen arabera, Castaños espainiar jeneralaren agindua Donostiari su eman eta bertako biztanle denak ezpataz pasatzea zen.
Aipatu aginduak Wellingtonen menpekoa zen Graham jeneral ingelesak betearazi zituen, oso eraginkorki gainera. Agintari espainolek gorroto zieten donostiarrei, dirudienez euskaldunak eta foruzaleak izateaz gainera “Napoleonen aldekoak” zirelako, modernitatearen aldekoak eta frantsesen aurka borrokan ez zutelako espainiar abertzaletasunik erakutsi. Eta ez dakigu Wellingtonek zer eduki zezakeen gure aurka Castañosen aginduak horren eraginkorki betearaztea agintzeko. Wellington odolkoiak beti adierazi zuen berak ez zuela zerikusirik izan genozidio harekin, horrela koldarra eta faltsua ere bazela demostratuz.
Orain arte azaldutakoak gogoeta bat izan nahi luke, Donostian gauzatu zen genozidioaren 200. urteurrenaren oroitzapena datorren urtean egiteko. Burura datorkit Castaños espainiar jeneralaren agindua bete zuten ingeles eta portugesen tropen irudikapen xume bat egin daitekeela, era argi eta pedagogikoan.
Halaber da nire iritzia aipatu krimenak ezin daitezkeela danborrari jantzitako jendeak donostiar martxa alaiak interpretatuz irudikatu, askok usteko bailuke espainiarren aliatuak ziren haiek egin zutena “Donostia frantsesen menpetik liberatzea” izan zela eta 1813ko Abuztuaren 31 data guztiz zoragarria izan zela gure herriarentzat. Zer hori baino faltsuagorik. Frantses okupatzaileen atzean espainiarrak aurkitzen ziren; giza sufrimendua ezin daiteke “ospatu”, errespetuz oroitu bakarrik baizik; gizarte irainduaren delituak ez dira inoiz baliogabetzen; azkenik, ez da bidezkoa inolako parte hartzerik izan ez zuten zorigaiztoko biktima triste haien kontura barre egitea liratekeen fartsak antolatzea. Lehen esan bezala, danborradak inauterietan du jatorria eta prestigioa galduko luke hain gertaera gaitzesgarriekin uztartzean eta 1813ko Abuztuaren 31ko drama fribolizatua geratuko litzateke (edo agian ezkutatua). Hau guztia ezagutzera eman nahi ditudan gogoetak dira, ez besterik. E. Munarriz Urtasun espainiar armadako komandanteak, 1958an –diktadura frankista bete-betean- publikaturiko bere nobela historikoan, 1813an Donostiak jasandako setioari buruz honela dio: “1813ko abuztuaren 31 hartan Graham jeneralak, independentzia gerran Espainiaren aliatuak ziren ingeles eta portugesen buru zelarik, Donostia liberatu zuen; baina hara gauza harrigarria, menderatuak izan ziren frantsesak guztiz adeitsuki tratatuak ziren bitartean, hiri adiskidea, bere salbatzaileak besoak zabalik hartu zituen hiria, su eta gar kiskali eta arpilaketa basatien eta gizagabeenaren objektu izan zen. Hau bukatzean, Donostia desagertua zen eta lehendik zituen 600 etxeetatik 36 bakarrik geratu ziren zutik, Trinitate kalekoak, Gazteluaren aldeko espaloikoak, portugesen ostatu izan zirenak. Sarraskia ekidin ahal izan zuten bizilagunak inguruko herri eta baserrietan errefuxiatu ziren”.
Hau guztia espainiar armadako komandante batek idatzi zuen frankismo bete-betean (lehen esan bezala), hain zuzen ere gu “Formación del Espíritu Nacional” deitu irakasgaian eskolatuak izan ginen garaian, zeinak Historiaren pasarte batzuk “ahaztea” gomendatzen zuelarik. Eta batzuek, haizeak nondik jotzen dien ez dakiten horiek, oraindik ere enteratu gabe dauden horiek, agian ausartu egingo dira “armada inbaditzaileak okupatutako hiria erasoz hartzera, arpilatu eta kiskaltzera eta bertako bizilagun gehienak ezpataz pasatzera”, San Jeronimo kalearen sarreran dagoen plakak dioen bezala (irakurri mesedez), guztia kanoikada ozenez, olerkiak irakurriz, loreak oparituz eta martxa alaiak burutuz. Eta kasu honetan, zer dagokigu egitea donostiarroi eta turistei? Barre egin, txalotu, musika doinuaz salto egin… ala izuturik ihes egin eta inguruko herri eta baserrietan errefuxiatu?
Amaitzeko, aipatu beharra dago1813ko data dohakabe horretan meritu bat bakarra ikusten dutenak: hiria berreraikitzea. Jakina, suntsipenak aipatzea gustu txarrekoa da, ezta? Baina, entzun, Donostiaren BERRERAIKUNTZAREN gorespen handiak kontatu behar baldin badizkidazu, lehenengo bere SUNTSIPENA esplikatu beharko didazu. Askori benetan gehiago interesatzen baitzaigu Historia (suntsipena) eta Justizia (sarraskiaren biktimak ohoratzea), eraikuntzaren sektoreko gremioen jardueraren historia baino, errespetu handiz esanda.
Donostia, 2012ko uztailaren 27an.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua








