Hay libros que te superan por todas partes. La poesía del pensamiento, de George Steiner, es uno de ellos. Este lúcido y heterodoxo judío, con un saber enciclopédico perfectamente organizado en su cabeza, es posiblemente uno de los más grandes críticos de nuestro tiempo.
Ha leído mucho y ha pensado más. Sus textos son una incursión inacabable por las profundidades del pensamiento que, en este caso, va desde los pre socráticos hasta nuestros días. Ata todos los cabos para relacionar la poesía con el pensamiento filosófico y metafísico. El pensamiento occidental, con sus contradicciones y sus avances, pasa por el juego dialéctico de las páginas densas de Steiner. Su lectura me confirma las limitaciones de quienes nos dedicamos a hablar y escribir sobre la epidermis de la realidad.
Quiero simplemente señalar el pavor que al final del libro invade el pensamiento de este escritor tan agudo. Se refiere a las nuevas tecnologías que forman parte sustancial de la vida ordinaria de las jóvenes generaciones. En Estados Unidos, dice, los niños y jóvenes de ocho a dieciocho años pasan unas once horas diarias ocupados con medios electrónicos. La realidad virtual tiene lugar en el interior de ciberesferas. Se ha integrado la mentalidad con pocas posibilidades de salir de lo que está marcado como políticamente correcto.
La memoria son sólo datos recuperables y el silencio y la privacidad, las coordenadas clásicas de los encuentros con el poema y con el enunciado filosófico, se están convirtiendo ideológica y socialmente en unos hijos sospechosos. Como dice el crítico H. Crowther, el zumbido dentro y fuera de la cabeza ha asesinado al silencio y la reflexión. Esto podría ser terminal, pues la cualidad del silencio está orgánicamente ligada a la del habla. La una no puede alcanzar toda su fuerza sin la otra.
Dice con sorpresa Steiner que “en el horizonte está la perspectiva de que los descubrimientos bioquímicos y neurológicos demuestren que los procesos imaginativos y cognitivos de la psique humana tienen una fuente en última instancia material y que hasta la conjetura metafísica o el hallazgo poético más grandioso sonformas complejas de química nuclear”.
Steiner se declara obsolescente y a menudo tecnofóbico. Pero está viendo cómo las humanidades que tan sombríamente nos fallaron en el siglo XX queden silenciadas por un lenguaje extraño y sin sentido, expresado con máquinas que pretenden sustituir el pensamiento individual. Pero la aventura de utilizar las nuevas tecnologías sin perder el humanismo dependerá de que alguien, en alguna parte, un cantante rebelde o un filósofo embriagado de soledad, diga NO.
La Humanidad ha avanzado siempre aunque haya tropezado con frecuencia y se haya despeñado a menudo por la sabiduría de los necios.
http://www.foixblog.com/2012/08/08/steiner-el-silencio-y-la-palabra/







