Una de las certezas de la crisis actual es que resulta difícil encontrar en Europa un gobierno más incompetente y cínico que el Gobierno central español. El estilo de gobierno combina una improvisación y falta de criterio constante al lado de un perfil de frivolidad provinciana –haber retrasado la acción de gobierno por las elecciones andaluzas o el caos y opacidad en el tema Bankia fueron sólo unos primeros indicadores de lo que está viniendo después–. Son ya varios los ridículos internacionales acumulados.
Es falso que sólo haya una única política posible. Las cosas se pueden hacer demaneras diferentes. Además de una acumulación de errores existe un claro sesgo ideológico en el Gobierno central. Algunos ejemplos: una amnistía fiscal que incentiva el fraude y no procura el retorno de capitales; medidas impositivas (IRPF, IVA) que castigan muy preferentemente a las clases medias y populares, sin incidir en las grandes empresas y fortunas; olvido del crecimiento de la economía y de gravar las transacciones financieras; construcción de infraestructuras como los nuevos AVE que se sabe serán muy deficitarios; apoyo al demencial corredor ferroviario central –con marginación del corredor mediterráneo que supondría un salto de productividad; pérdida de calidad de los servicios con recortes que, además, no compensan el crecimiento de la deuda; erosión del estado de bienestar (sanidad, educación); incumplimiento de leyes y acuerdos de financiación; impagos sistemáticos… Y la previsión es un aumento estructural del paro, la pobreza, la marginación, una disminución del peso internacional del Estado, y aumento de la inestabilidad política interna.
La imagen final del Gobierno central es la de un grupo de aficionados de ideología conservadora no muy inteligentes que no tienen políticas definidas y que improvisan errores día sí día también.
Toda esta incompetencia se combina a menudo, de manera curiosa pero lamentablemente nada sorprendente, con un estilo de ignorancia pusilánime (Rajoy), de convicción errática (Guindos) o de coacción fachendosa (Montoro). También se combina con mentiras que pretenden presentar a las autonomías como la causa del déficit acumulado –cuando la mayor parte corresponde al Gobierno central– y con amenazas de chantaje de no transferir fondo para pagar a los gobiernos autonómicos que se muestren “rebeldes”, a pesar de ser gobiernos de los ciudadanos que más pagan al Estado por los servicios y las infraestructuras que reciben. Eso sí, al mismo tiempo se establece una recentralización que invade competencias autonómicas y obliga a los demás a recortar, mientras a la Administración central le sobran ministerios enteros.
El resultado es un clima de desconfianza y deslealtad permanentes. Y las medidas tomadas son ineficientes: disminución de depósitos bancarios, prima de riesgo muy alta, bonos a diez años en torno al 7%, el FMI anunciando recesión para el 2013, mientras en Europa aumentan las voces a favor de una intervención mientras eso todavía sea posible.
Desde Catalunya sabemos de sobra que el Estado español es refractario a reconocer su pluralismo nacional y lingüístico interno, y que se encuentra muy alejado de la cultura federal basada en el respeto igualitario entre colectividades nacionales que caracteriza otras democracias. Ideológicamente, tanto la derecha como la izquierda españolas están muy retrasadas. A pesar de los años recientes de democracia y de integración europea, tanto el PP como el PSOE son dos partidos nacionalistas muy anticuados, tanto en términos liberales como en términos democráticos.
Después del cambio de modelo que significó la interpretación del Tribunal Constitucional sobre el autogobierno y el modelo de financiación (2010); del resultado de algunos procedimientos decisivos ya viciados de entrada en la constitución de 1978 (Tribunal Constitucional, Consejo de Política Fiscal y Financiera, régimen local, modelo autonómico…); o de sentencias de tribunales y “defensores del pueblo” que parecen vivir todavía en pleno franquismo, la conclusión más razonable es que, para Catalunya, España se ha convertido en una realidad insostenible. Para Catalunya, España es el pasado.
El futuro inmediato apunta que el presidente Mas no tendrá más remedio que plantarse y convocar elecciones anticipadas, ya sea por el ahogo financiero desesperado que sufre, ya sea por la más que previsible falta de acuerdo de un “pacto fiscal” que significara un cambio demodelo, con una hacienda propia que acabara con el escandaloso expolio económico y fiscal actual que sufre el país.
El Govern que salga de las próximas elecciones no puede ser “un gobierno más”. Tiene que ser el gobierno que prepare y organice el proceso hacia la independencia de Catalunya. En este sentido tendría que ser un gobierno de coalición entre aquellos partidos que están a favor de este objetivo, organizado internamente para alcanzarlo. Un gobierno que puede encabezar el mismo presidente Mas. Hay que hacer bien toda una serie de cosas antes de “proclamar” la independencia. Empezando por la dimensión internacional, una gestión propia de la crisis, reforzar la mayoría interna y establecer una estrategia solvente. Así, el país pasará de la fase actual del independentismo a la fase de la independencia. Los elementos clave?: mayoría social amplia, internacionalización del proceso, máximo consenso entre fuerzas políticas, un “gobierno de los mejores”, movilización de la sociedad civil y un liderazgo político de prestigio.
No será un camino fácil, pero es perfectamente posible en el contexto internacional y europeo del siglo XXI.
Ferran Requejo, catedrático de Ciencia Política en la UPF.
http://elcomentario.tv/reggio/espana-es-el-pasado-de-ferran-requejo-en-la-vanguardia/30/07/2012/






