¿Por qué sí importa?

Mikel_Sorauren

La conmemoración del quinto centenario de la conquista española de Navarra suscita irritabilidad en muchos sectores políticos que se manifiestan de modo diverso. No voy a repetir los esfuerzos realizados por la administración de la Comunidad Foral de Navarra, en manos permanentes de U.P.N. y P.S.N., para manipular la cuestión, marginando a quienes rechazan las tesis oficiales. Lo último que quedaba por oír es a esa señora burgalesa, Barcina, quien hace poco tiempo se atribuía el derecho a calificar a los navarros en buenos y malos, quejándose de que la revisión de la historia oficial …divide a los navarros… En otro orden, hay quienes se ven a sí mismos como los únicos sensatos y críticos, al entender que la preocupación por tales eventos históricos está de más, porque –afirman- carecen de virtualidad sobre la realidad actual. Se expresan con altivez, aunque su hallazgo sea …el parto de los montes… y no merece esfuerzo explicarles la utilidad de la historia. ¡Qué lean libros!

Finalmente nos encontramos con quienes insisten en que la historia muestra la realidad humana, condicionada por factores materiales y la organización de los mismos en el marco de la rivalidad de grupos humanos –clases- con intereses contrapuestos. El enfrentamiento consiguiente debe permitir la superación de los conflictos, gracias igualmente al progreso en el campo del desarrollo material y técnico. Los marxistas son los defensores de tal planteamiento; pero el marxismo no deja de ser un corpus teórico, susceptible de presentar variantes diversas. De hecho ha predominado la sostenida por los denominados partidos comunistas, ligados a lo que fue la extinguida U.R.S.S. Stalin impuso con autoritarismo una disciplina férrea que alcanzó a la misma ideología, excluyente y dogmática, asumida por el conjunto de los partidos filiales.

Zdanov se encargo de la teorización ortodoxa del marxismo, simplificando hasta el extremo unas teorías de Marx ofrecidas como las únicas válidas al conjunto de los marxistas. Stalin defendía la importancia del Estado. De hecho asumía el Estado-Nación burgués, calificando de reaccionaria la liberación nacional reclamada por tantas naciones sometidas. Era ésta una actitud que venía de la vieja social-democracia. Esta corriente se había desarrollado en el seno de los países industrializados por la burguesía diseñadora del Estado-Nación. Las clases trabajadoras habían hecho suya la ideología nacionalista de su presunta enemiga, la burguesía. La realidad histórica evidenciaba, sin embargo, la connivencia nacionalista de las diferentes clases nacionales en la persecución de objetivos comunes interclasistas, lo que constituye el nacionalismo más pernicioso. De hecho el discurso de quienes se consideran socialistas se encuentra apresado en las redes de este nacionalismo que no deja de ser auténtico imperialismo. Los teóricos socialistas asimilaron de una manera mecánica y poco crítica los esquemas de Marx. No tuvieron nunca en cuenta la posición nacional como expresión de la lucha por los medios materiales, y otros, entre los seres humanos y se limitaron a reproducir ciertos esquemas más generales del mismo Marx, sin ninguna concesión a las reclamaciones de las naciones sometidas, hasta negar en la práctica el derecho de autodeterminación, bajo el pretexto muy stalinista de que esta reivindicación responde a intereses pequeñoburgueses.

En el presente ha desaparecido la organización de las formaciones comunistas dirigidas desde la U.R.S.S. También estos partidos han renunciado a la toma del poder mediante la violencia. Queda, sin embargo, la envejecida teorización de Stalin, particularmente en lo que toca a la interpretación del desarrollo histórico de la Humanidad. No es extraño, por tanto, que muchos viejos marxistas –incluidos quienes han renegado de manera extemporánea de Marx- se empecinen en la defensa del Estado-Nación. Siguen sosteniendo que el socialismo resolverá la contradicción nacional con la transformación socialista de los Estados existentes. También han asumido el discurso liberal que ve en la ciudadanía constitucional el único camino para resolver los conflictos sociales y la satisfacción de los derechos humanos.

El proceso de transformación operado en los denominados partidos comunistas –de vieja obediencia moscovita- ha llevado a modificar los planteamientos del pasado, que se querían revolucionarios, haciendo suyos los valores defendidos por las élites político-económicas, particularmente en lo que ha sido denominado en líneas generales democracia. Dentro de este sector de la vieja izquierda estatal, reducida hoy a una minoría, puede considerarse la formación española de Izquierda Unida y otras adyacentes. Su consideración de la historia sigue los esquemas diseñados por la intelectualidad tradicional burguesa, insistiendo en la importancia de las clases bajas a las que consideran antecesoras del proletariado contemporáneo. Este rasgo lo convierten en eje de su interpretación de la historia, reduciendo el proceso histórico al enfrentamiento que tiene lugar en el marco de los Estados-nación de una manera artificiosa. En este camino llegan a descontextualizar el proceso histórico encajándolo violentamente en el esquema del enfrentamiento que se produce entre los grupos sociales que articulan cada Estado-Nación, negando la virtualidad de la lucha por la liberación nacional que se puede dar dentro del mismo. Sostienen la tesis de que la lucha nacional en este ámbito responde a los intereses de mira corta de sectores pequeño-burgueses y cerrados sobre sí mismos. Lo cierto es que enlazan con los planteamientos nacional-imperialistas del viejo fascismo y en definitiva con el diseño de nación hecho por la burguesía contemporánea.

El imaginario de las corrientes socialistas europeas tiende a obscurecer todo lo referente a la lucha de liberación nacional, exceptuada la actuación de la burguesía a la hora de constituir el Estado-Nación. Del mismo modo se desdibuja el esfuerzo del conjunto nacional propio en la expansión imperialista contemporánea, a la que prestaron su entusiasmo los grupos inferiores de la escala social. Igual cabe decir de la actitud nacionalista de las clases trabajadoras en el enfrentamiento de los Estados imperialistas que desgarraron Europa y el mundo a raíz de las guerras mundiales. En esta falta llegaron a incurrir la mayoría de las organizaciones de carácter socialista y obrero, más allá de lo que proclamaban en su política cotidiana y foros, como era la misma Organización Internacional de Trabajadores. El presumido internacionalismo de que hacían gala partidos socialistas y otros no pasaba de ser sino un argumento paupérrimo utilizado en la descalificación de los movimientos nacionales que reclamaban la liberación de los Estados-Nación so capa de la solidaridad entre las diferentes naciones. El discurso nacionalista de las organizaciones socialistas y obreras sonaba diferente al más brutal y sincero de quienes se declaraban defensores abiertos de la propia grandeza nacional, pero planteaba idéntica solución, negando que la imposición de una cultura, estructura económica y demás exigencias aparejadas a la soberanía significara sometimiento nacional.

En la actualidad el residual comunismo y epígonos sigue ofreciendo con modificaciones escasas el viejo discurso stalinista en relación a la cuestión nacional. Muchos desencantados revolucionarios se han desprendido del disfraz de la solidaridad y han asumido las formas del nacionalismo de la derecha y fascismo tradicionales sin complejos. Algunos pretenden ocultar sus vergüenzas con el ropaje del cosmopolitismo recalcitrante de cierta intelectualidad que nunca ha dejado de mirar a los sectores sociales dominantes. Es cierto que se han limitado a hacer suyos ciertos valores despreciados por ellos en tiempos anteriores, como pueden ser las formas políticas de la democracia parlamentaria. En cualquier caso resulta muy lamentable su negativa a considerar las argumentaciones de los defensores de la libertad nacional. El conjunto de los nacionalistas defensores de Estado-Nación practican la descalificación sistemática de quienes reclaman la liberación nacional. Quienes defienden el Estado-Nación desde las denominadas posturas izquierdistas trabajan en la racionalización de su discurso nacionalista, afanándose para que se vea diferente del contundente e impresentable discurso de los calificados como derecha. Finalmente todos convergen y termina por escucharse la misma letra con diferente melodía.

Es importante todo lo que precede, para llegar a entender actitudes y discursos. En el caso de la nación navarra es vieja la formulación que hacen de la cuestión nacional los españoles defensores del Estado-Nación español. En el momento presente la frustración gana a gran parte de la ciudadanía. En el caso de naciones como Navarra y Cataluña por el no cumplimiento de las aspiraciones de libertad que sentían los soberanistas, en tanto quienes confiaron en las promesas de acuerdos autonómicos están decepcionados por los incumplimientos de los españoles. La decepción gana a muchos sectores que apoyaron la denominada Transición, que no fue sino el aggiornamento del franquismo. La situación de crisis ha hecho saltar por los aires las pretensiones de modernización y avance que ofrecieron y proclamaron los principales agentes del proceso. Son muchos los decepcionados, entre ellos los integrantes de Izquierda Unida, organización que se ha revelado como un proyecto fracasado por la falta de atracción sobre la sociedad española. No debe olvidarse que el Partido Comunista Español apoyó la transición del franquismo hacia la monarquía de Juan Carlos propuesta por el dictador. Hoy vuelven a mostrarse las banderas tricolor que fueron arrumbadas en 1975, 78 y 81. ¿Cuál fue la razón que llevó a este movimiento a renunciar a la República en aquel momento? Como al resto de los implicados en el proceso: ¡España!

Pretender recuperar en la actualidad el patrimonio que se abandonó hace casi cuatro decenios no parece razonable. La trayectoria seguida por Izquierda Unida y similares muestra las grandes dificultades para que se genere en el seno de la sociedad española un proceso de reorganización democrática. La responsabilidad en este terreno, quizás, no corresponda a los sectores políticos de izquierda españoles, si se concede que este hándicap es resultado de la misma cultura española -amiga de la corrupción y de la marrullería-, pero siempre estas últimas van unidas al sistema y, mejor aún, al mismo Estado español. Desde esta perspectiva resulta fácil explicar la visión de estos sectores españoles con respecto a la historia de España. Coinciden totalmente con la proclamada derecha nacionalista en el desarrollo de la historia de España. El mismo no puede tener otro sentido que la configuración de la nación española. De hecho llegan a encajar las diferentes fases del proceso histórico al esquema establecido por la intelectualidad izquierdista europea para la historia de Europa. Hacen por tanto hincapié en la feudalización de la sociedad medieval, por considerar el enfrentamiento de clases de los territorios cristianos como fundamental. Se olvidan, por el contrario, de analizar el enfrentamiento con el mundo musulmán, salvo en el puro aspecto conquistador. Otorgan igualmente importancia a la constitución del Estado castellano, como un ejemplo de la configuración del Estado moderno, al mismo tiempo que olvidan la conformación de un Estado como auténtica modernidad de un Estado representativo.

En definitiva se sienten incómodos ante las reclamaciones soberanistas de Navarra, pretendiendo que la existencia del Estado español en sí misma no condiciona el problema nacional, puesto que toda problemática nacional se resuelve en el marco de un Estado democrático y socialista. Con este discurso pretenden ocultar estos sedicentes marxistas su apuesta por el Estado-Nación español, similar en muchos puntos a los europeos organizados por la burguesía. Desde tal perspectiva se revuelven frente a todo planteamiento de los soberanistas navarros, a quienes en el pasado que calificaron de pequeño-burgueses, mientras que desde la asunción actual de los valores políticos defendidos constantemente por la burguesía, califican a nuestros soberanistas de cortedad de miras y egoísmo nacionalista, contrario por tantas razones a los valores de universalismo y solidaridad.

Nihil novum sub sole… decían los clásicos. Lo cierto es que nuestros sedicentes izquierdistas se ven traicionados por sus propias palabras a la menor oportunidad. Sin ir más lejos, Cayo Lara, coordinador de Izquierda Unida, ha vituperado a los responsables del P.P. por su deficiente patriotismo frente a las exigencias de instancias internacionales. Según parece el patriotismo es perverso cuando corresponde a los abertzales; el de los españoles de I.U. no, e incluso los seguidores del P.P. pueden ser buenos patriotas… Son éstos hechos de suficiente relieve para considerar que el discurso de estos izquierdistas sobre el hecho nacional tiene muchos recovecos.

En esta línea se entiende la actitud de los miembros de I.U. en la C.F.N., cuando se ve a su representante Nuin objetar a raíz del debate sobre el Vº centenario de la conquista española de Navarra, que aquel Estado no era democrático. Se le puede replicar que todavía en 1811, tras varios siglos de intervención española y no gracias a ella, los redactores de la Constitución gaditana de 1812 propusieron como modelo al sistema jurídico navarro. Supongo que las virtudes del mismo eran resultado de la entidad conseguida cuando el Estado navarro era independiente. Referirse al carácter democrático de un sistema jurídico resulta particularmente inadecuado y podemos preguntar a I.U. cuáles deben ser las condiciones para ello. A Nuin en concreto cabe preguntarle si considera democrático el vigente sistema jurídico-político español…, el creado por Robespierre y Napoleón…, la Unión Soviética de Stalin o la China de Mao…

Lo siento, una vez más, por los militantes de Izquierda Unida y otros. Creo que coincidiremos en formulaciones más generales sobre la organización de las sociedades humanas y solidaridad internacionalista. No obstante entiendo que debemos estar dispuestos al debate con la mirada puesta en la instauración de una Humanidad en que todos sean solidarios y libres.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua