Tanto los responsables políticos que conocen el tema como los que claramente lo ignoran predican el sujeto alardeando de un pretendido dominio en la materia. Hoy se aplaude la firma del acuerdo de creación de una Eurorregión, que no comprende Nafarroa.
Los miembros de la UE vigilan el verdadero alcance de este tipo de iniciativa y miden los riesgos de acuerdos entre regiones de diferentes Estados que pudieran vulnerar su autoridad. Sabiendo que Europa se hará por ordenaciones territoriales interregionales, el concepto de Región es observado de reojo por los Estados europeos que prefieren una “Europa rota” en dos o tres grupos de Estados, la Europa de geometría variable, que una Europa de las Regiones. Los Estados se satisfacen de un Mercado Común cada uno de ellos ahuyentando el fantasma de la Europa con gobernanza política única. Se trata de preservar la estructura europea, compuesta, hoy en día, por 27 egoísmos estatales. Mientras tanto EEUU seguirá marcando el compás. Me viene a la memoria el sabio Perich, que en plena crisis entre EEUU y la URSS nos decía que “se llaman países libres los que dependen de los EEUU”. La URSS ya no existe pero Perich sigue teniendo razón.
¿Qué hay en realidad en el acuerdo Aquitania-Euskadi? De vuelta hacia la utópica isla “Europa” nos encontramos con sirenas que nos anuncian iniciativas, disfrazadas de genialidad estratégica, alimento en dosis homeopáticas de las aspiraciones de políticos muy locales que acarician ambiciones limitadas.
En verdad se trata de la firma de un catálogo de intenciones de consolidación de relaciones en el marco de las ya existentes Agrupaciones Europeas de Cooperación Territorial (AECT), que puede servir quizás, como comienzo de reflexión sobre la creación de una verdadera Eurorregión.
No hay que distraer al ciudadano. La sociedad civil está preparada para recibir información sobre el verdadero alcance de cualquier acto político. A veces, no siempre, el ciudadano civil conoce mejor algunos temas que su representante político.
¿Qué representa Aquitania-Euskadi? Euskadi (CAV), redondeando, 7.300 metros cuadrados y 2.110.000 habitantes, cuando Aquitania se extiende sobre 41.300 metros cuadrados habitados por 2.800.000 habitantes y comprende el mayor macizo forestal de Europa con un millón de hectáreas de superficie. Esto ya es significativo sobre la densidad del socio.
Pretender que el acuerdo de Eurorregión Aquitania-Euskadi puede erigirse en cauce prioritario de actuación frente a las competencias de los Estados francés y español es puro deseo piadoso. La supuesta creación, gracias al acuerdo, de una circunscripción electoral conjunta, en este momento en el que Francia y España en particular, conocen un subidón de nacionalismo estatal, es por lo menos ilusa.
En cuanto a disposiciones legislativas comunes, el tratado de Baiona ya ni ocupa línea en los periódicos locales. A pesar de todo merece la pena examinar la manera de llegar a una verdadera Eurorregión cuya masa crítica se imponga a los líderes europeos. Seamos ambiciosos como la historia que nuestros recientes antepasados nos los ha enseñado y separémonos del pelotón de cola cuya única pretensión es llegar justo antes que el coche escoba.
Europa no se hará por acuerdos entre Estados insolidarios que nos muestran constantemente su condición de adversarios en materia económica y social, y se despreocupan de la labor de hacer surgir una cultura europea de paz en un continente cuyas únicas alianzas lo han sido por motivos bélicos.
Nuestro interés personal, el de Euskal Herria, lo encontraremos más ampliamente en una estructura que disponga de una influencia considerable, por su dimensión física, económica y social.
La talla de la Eurorregión Aquitania-Euskadi poco contará en el escenario político europeo y será dominada por las decisiones de los Estados francés y español. Convendría fijarse un objetivo más ambicioso, una utopía realizable que consiguiera la estructuración política de una Confederación de cuatro comunidades autónomas al sur de los Pirineos (CAV, Nafarroa, Aragón y Catalunya), y de tres regiones a la francesa, al norte (Aquitania, Midi Pyrenées y Languedoc-Rousillon). Cada componente entraría con sus características sociales, cultura comprendida claro está, y económicas y podría, si lo desea un día, abandonar la estructura territorial sin problemas mayores, como ocurre en toda Confederación. El territorio de esa Eurorregión, llamada Pirineos, se extendería del Cantábrico al Mediterráneo, sobre 200.000 kilómetros cuadrados y lo habitarían más de 17 millones de habitantes respetuosos de las culturas existentes y defensora de las nociones de base de un territorio en el siglo XXI como lo son el equilibrio entre zonas rurales y zonas urbanas y más generalmente de los valores vitales medioambientales.
Euskal Herria, como sus socios confederados, encontraría su interés como territorio, suelo más identidad, más seguramente protegido por las regiones asociadas y por la UE, que por Estados jacobinos como es el caso en la Eurorregión Aquitania-Euskadi.
Por ahora la Nafarroa gobernante no entra en el tratado firmado por Aquitania y Euskadi y sigue presentando brotes de urticaria cada vez que percibe el término Euskadi sin posibilidad de diluir la colaboración en un ente que sobrepase las iniciativas bi o trilaterales. La Eurorregión Pirineos será un concepto más securizante para la hermana mayor de Euskal Herria.
Consideremos el proyecto Aquitania-Euskadi como un primer paso, un prototipo, quizás necesario, para presentar iniciativas de más envergadura. Si es así, bienvenido sea. Nos presentan el señuelo de disposiciones administrativas que si desprovistas de intención política real serán estériles. La iniciativa es interesante si se trata de un comienzo de asociación, y si la sociedad política no consiente el mínimo paso hacia atrás en la realización de acciones que serán controladas por los Estados francés y español, situación a la que estamos desgraciadamente acostumbrados, conociendo tristes resultados.
Nuestro futuro cercano se desarrollará en una Europa constituida por Eurorregiones cuya talla crítica, económica y social, permitirá obtener el label de interlocutor pertinente en las esferas de la gobernanza europea parlamentaria.
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