Es difícil predecir la dimensión que puede alcanzar un hecho en sí mismo irrelevante e incluso ramplón. Sin embargo, los que menudeamos por estos lares, somos testigos de que, quizás pelín saturados por el mejunje político, somos capaces de hacer derivar cualquier chascarrillo en trifulca o pequeña pelotera.
Quizás proponer algo tan prosaico como una anécdota hecha de tortilla de patatas, no sea muy apropiado para un espacio tan decoroso como éste.
Espero se me pueda perdonar, teniendo en cuenta que la modesta tortilla, hoy respetada por eximios gourmets y restauradores, dejó de ser plebeya. Así pues, como que no va a desmerecer en este paraninfo.
Haría varias lunas que no coincidía con el coleguilla Aristu. Se trataba de un viejo amiguete de esos que cuando los varones, años ha, ejercíamos el alterne –para evitar suspicacias, poteo–, el tal individuo, se constituía en alma de la cuadrilla, o mejor, en factótum de las estaciones del trago ritual.
¡Ay aquellos años sin colesterol!
– ¿Ya tomaremos un crianza? ¡Tantos siglos sin vernos!
– ¡Venga ese crianza! –entramos al bar–.
– ¡Qué pinta tiene esa tortilla de patatas!
–Tortilla navarra! –apostillé sin malicia alguna–.
– ¡Joder…!, ya estamos…! Tú por odiar todo lo que sepa a español, eres capaz de hacer navarro al Cid…
La verdad que me expresé con toda naturalidad, pues ni siquiera había tenido tiempo para urdir segundas intenciones.
Simplemente así, como saliendo de no se dónde, que aterrizó en mi coleto, un correo muy interesante de Joseba Garmendia. En él, el bueno de Garmendia, me puntualizaba alguna de las investigaciones que el “Antsoainen kantuz elkartea”, había recabado sobre la tortilla navarra.
Tampoco me extrañé de la reacción de este pequeño botarate de mollera algo desvencijada, que siempre me pareció este alcahuete –por tal lo teníamos– de Aristu…–.
Me armé de paciencia y traté de referirle la anécdota de “el tío Tomás”. Fue probablemente allá, por las Améscoas, cuando una Etxekoandre, le preparó algo, para nuestro Zumalakárregi, tan nuevo y exquisito, como una tortilla de patatas.
Ni siquiera traté de exponer al amiguete, la reivindicación que Iribarren recoge en su “memorial de la ratonera”, donde un anónimo dirige a las cortes navarras en el 1817 un documento atestiguando la importancia de este manjar en nuestra dieta.
Porque, y es una pena que sea así, pero tal de “cerraos”, están fabricados muchos caletres de algunos ciudadanos navarros.
Porque Aristu, por supuesto era navarro, pero muy español, eso sí. De esos que en ciertas encuestas tan sibilinamente cocinadas, contestan que se sienten tan navarros como españoles…, es decir, forales y olé.
Osease, navarros de los que vibran con los triunfos del Madrid, la selección Española, Manolo Escobar, Isabel Pantoja y toda la jarca moruna esa… Que por otra parte, por un servidor, pueden vibrar si así lo desean con todo el venerable Rocío, aunque el tal tembleque, esconda su busilis…
Pero aún hay más, el coleguilla, además y ¿cómo no?, era ciudadano de todo el mundo. ¡Pura trola…!. Que un servidor ya está hasta la peluca de tantos cosmopolitismos, que rehuyen pasar – por manifiesto desprecio en insolidaridad con lo que buye tra esas latitudes- de Algeciras, Cancún o Estambul…
Pero al tema. Pues que el Aristu, se me puso caviloso, o más bien matizando, machucho.
– ¿Y que más dará que la tortilla sea navarra o española? ¿Tú crees que un valenciano o madrileño se iba a mosquear porque alguien hablara de la paella española o del cocidito español?
– Pues probablemente sí. En cualquier caso, sintiéndose como se sienten la quinta esencia española, no creo que la sangre corriera al río…
– Exactamente, tú lo has dicho. Aquí sin embargo, por la p… política, hemos de montar una zambra hasta por una jodida tortilla…
– Nadie quiere montar ninguna zambra. Simplemente, que así como ellos reclaman su paella, su cocidito o su fabada, nosotros podíamos reclamar nuestra tortilla… Y que cada uno es libre de enorgullecerse de lo que estima original y sobre todo propio ¿o no? Bien orgullos que te sientes de pertenecer a uno de los PIGS… -evidentemente había cierta dosis de causticidad en mi envite-.
– ¿Los pis..? Bastante c… se lo que sean esos pis, ni me importa… Y no te me escurras… que si todo el mundo habla de la tortilla española, por algo será…
– Y hablan del santo español que no es otro que nuestro Francisco de Jaso. Y si algún prócer o deportista vasco es internacionalmente famoso, lo pregonarán como montañero o ciclista español, y así con todo… Fíjate por ejemplo que caso hacen a la pelota vasca y cuánto la potencian, aunque quizás sea mejor así, porque en cuanto ellos meten en algo la mano…Al final a los navarros y en general a los vascos, que eso bien que lo recalcan, sólo nos reconocen el terrorismo, ¿o no…?
– Hombre, no te pases, que ahí están nuestros sanfermines, una fiesta sin igual como dicen… ¿Dime a ver donde hay otra fiesta de tal calibre…y a ver si no nos la reconocen?
– ¿A los sanfermines…? Sí, hoy día tan… navarros –apunté no sin cierta cabreada ironía-. Eso al menos nos permite exportar cutrez y demencial despomporro… ¿Esa es la cara que quieres que presente nuestra tierra…? Pues a mi me molesta. ¿Qué quieres que te diga?
–Pues mira, al menos por eso, los navarros somos bien conocidos, porque si nos hubieran de conocer por la tortilla de patatas…
– Pues quizás lo preferiría, por lo menos sería algo más digno, y por lo menos nutritivo.
– Lo cierto es que los sanfermines son bien nuestros, en cambio tu dichosa tortilla… ¿A ver quien, que no sea navarro o uno de los tuyos, la menciona por ahí como un producto de nuestra tierra…?
– ¿Tu has oído hablar de un tal Mesonero Romanos?
-¿Ni conozco ni me importa semejante tal?
–Pues semejante tal, como tú dices, en “Memorias de un sesentón”, un libro escrito a mitades del siglo XIX, que tampoco creo que te importe mucho, reconoce que la tortilla en cuestión era habitual en las serranías navarras, en las guerras carlistas. ¡Oye…!, y este no era vasco, que era madrileño…
No se si Aristu, bien por sentirse algo sitiado o quizás apelmazado, le dio un buen ataque a su tortilla. Ya casi farfullando y con la boca bien espesa, trató de contemporizar…
-¡Venga, sácate un pintxo –se ve que trataba de confraternizar…- que está soberano…!
-Que no, la verdad es que ahora no me entra, además que paso de estás tortillas, que están globalizadas…
Me miró así, como con grandes ojos de cebolla… – -¿Cómo que están globalizadas? Chico, me estás soltando cada frasecitas que la verdad, y no te me enfades, que me parecen verdaderas chuminadas…
– Mira –intenté mostrarme distendido, algo más didáctico o quizás petulante-, cada tortilla ha de tener su personalidad, el sello de su etxekoandre o cocinero, que las hace diferentes. Estas son demasiado unilaterales, o sea, prefabricadas…
-Acabemos, o sea que la desprecias porque no es navarra, o sea, esta es una tortilla globalizada, ni española, ni francesa ni ná… Y todo porque no tienen el sello de la “checoandre” esa…
–Puede ser…¡ja, ja!…
–Te has pasado, tío…
Todo hubiera acabado ahí, si el cotilla del camarero que aunque aparentaba flotar en las nubes no se había perdido ripio, no hubiera intervenido…
-Perdonen ustedes, pero estando detrás de la barra, pueden imaginarse la cantidad de tonterías, burradas y disparates que la mayoría de las veces, se oyen desde aquí… Por lo menos lo que dice Vd. –se refería a un servidor- resulta como poco, curioso, o por lo menos novedoso…
– Vaya, ya tenemos a otro forofo navarro -saltó el Aristu-.
– Ni forofo, ni navarro. Soriano y a mucha honra… Simplemente que a uno le gusta aprender cosas nuevas, porque que la tal tortilla sea navarra, española o francesa, me importa un pito. Lo que importa es que esté buena, como esta, aunque como dice el señor esté precocinada. Y si se demuestra que es navarra, si los navarros creéis que es tan importante, pues adelante… Pero sigan, sigan y perdonen mi intromisión…
-¿Ves…? –le apunté algo aleccionador- Ahí tienes un hombre razonable… ¿Y no se por qué reconquistar nuestras cosas, nuestras costumbres incluso nuestra historia, os enerva tanto a muchos navarros?
-Pues mira, ya que lo dices, porque siempre que actuáis así solo perseguís una cosa, demostrar que esto es Navarra y no España…
– Evidentemente, evidentemente querido Aristu, sin duda al menos en parte, has atinado con la verdadera cuestión.
No creí que, vamos a decir la trivial disquisición, diera ya más de sí, sobre todo teniendo en cuenta a mi interlocutor. Afortunadamente, y nunca en mejor momento, entraban en el bar nuestras respectivas señoras.
Me consta que la mía, se encontraba ya bastante pasada de soportar la vacua verborrea de Sor frígida –así apodábamos antaño, a la compañera de Aristu, según éste, siempre aquejada de jaquecas… y con la carga que eso llevaba-.
Porque la tal dama, pía cofrade de media docena de antros místicos del chiringuito eclesial, rezumaba puritanismo hasta en sus perfumes. Así es, que con lo hembra carpetovetónica que era, no quiero pensar el “pifostio” que hubiera liado con el temita en cuestión. Que no era la primera vez, que la fémina castellana, de alguna aldea de las márgenes del Pisuerga o por ahí, “se fregaba” contra nuestra cultura… ¡Cómo para seguir dándole a la tortilla navarra!
Este chascarrillo, puede parecer algo anodino. Tal vez lo sea. Sin embargo no estaría de más reflexionar, que habitualmente, la idiosincrasia e incluso determinados aspectos de la cultura de los pueblos –donde la gastronomía suele ser un referente y sobretodo en nuestra cocina con tantos platos exclusivos–, se tejen con un buen dosier de sencillos hábitos, pitanzas típicas y por supuesto escenarios festivos propios…
Y evidentemente, y sobre todo cuando se trata de un pueblo como el nuestro, al que han secuestrado su soberanía, que se ha de estar constantemente como se dice “al loro”. Siempre en alerta, a fin de evitar que el invasor se apropie o en su caso trate de eliminar o desfigurar, cualquier elemento que revele, que aquí existió y quiere seguir existiendo un pueblo soberano.
Porque ciertos elementos, como ya hemos dicho, por muy mínimos que parezca pueden tener su relieve, en paladino, su miga, como es el caso de la tortilla “Navarra”, en cuyo honor, no me resisto a omitir el original soneto que Joseba Garmendia, dedica a tan “soberano” pintxo.
EN EL MEMORIAL DE LA RATONERA
MAS CLARA NO PUEDE ESTAR LA RECETA,
PUES ES SABIDO QUE SI EL HAMBRE APRIETA
MILAGROS HA DE HACER LA COCINERA.
COMO HIZO LA INTUITIVA CASERA
QUE JUNTO Y MEZCLÓ EN UNA CALDERETA
PATATAS CON HUEVOS Y EN FELIZ PIRUETA,
CREÓ LA TORTILLA RICA Y AUSTERA.
NO PUDIENDO NI SIQUIERA INTUIR,
EL ALCANCE QUE EL INVENTO TENDRÍA
LO QUE EN LA PITANZA IBA A INFLUIR
ALGO QUE JAMÁS SOSPECHARÍA
Y…DESEO EL SONETO CONCLUIR
DICIENDO, “ZORIONAK ETXEKOANDRIA”
Joseba Garmendia
Publicado por Nabarralde-k argitaratua








