Finalmente el Gobierno de la Comunidad foral navarra se ha visto forzado a comparecer a través del consejero de cultura Sánchez de Muniain, para hacer frente a los navarros que reclaman la conmemoración adecuada de una efemérides como es la conquista del espacio que constituía el centro geográfico del Estado de Navarra por parte de España en 1512. Será preciso aclarar a muchos de los que se consideran navarros que Navarra es algo muy diferente a lo que denominan provincia española los propios españoles –hoy C.F.N.-. Navarra es la denominación de un Estado europeo que como tal funcionó a lo largo de la Edad Media, hasta la conquista española de 1512 ¡Claro que siguió siendo considerado reino! Pero, ¿qué sentido tenía esta denominación para unos territorios y sus habitantes repartidos entre los imperios español y francés? ¿Qué importa que sus fragmentos se siguieran denominando reino y su blasón figurase al lado de las lises en Francia y del castillo y león en España, si, finalmente, los dos Estados los declararon parte irrenunciable de las naciones española francesa? ¡Lamentable el esfuerzo de los seudo-navarristas! ¡Nunca dejarán de arrastrar su falta de origen al tener que añadir a Navarra el calificativo de española, como cualquiera otro de los distritos que Javier de Burgos constituyó en provincias!
El acontecimiento a conmemorar es de tal entidad que los autodenominados navarristas hubieran preferido olvidarse del mismo. No les ha sido posible como resultado de la actuación de los auténticos navarristas, que no necesitan añadir el calificativo de español, porque reclaman la estatalidad de Navarra y su cultura peculiar, la euskaldunidad. En un contexto que no tiene otro referente que la destrucción de lo que hicieron los navarros, mediante la conquista del territorio, el sometimiento y espolio de los propios navarros y su asimilación cultural por parte de España y Francia, quienes colaboran en el sometimiento de la nación navarra se encuentran privados de cualquier legitimidad, salvo la derivada de la imposición política, refrendada por la fuerza militar. El conjunto de formulismos legales en los que se pretenden apoyar constituyen una cortina, sin que puedan evitar que en los mismos textos legales aparezca la violencia ejercida sobre la libertad de los navarros, insistiendo en la indisolubilidad del Estado español y la amenaza de la fuerza. Por lo que se refiere al terreno del pensamiento y debate histórico, estas instancias políticas niegan el pan y la sal a los soberanistas navarros. De poco sirve el recurso a profesores universitarios y la organización de Congresos que se afirman científicos, si se sigue excluyendo del debate a los discrepantes, en contradicción flagrante de la principal exigencia del trabajo científico, como es la libertad de crítica y de pensamiento.
Me atrevo a decir que el intento de estos seudo-navarristas queda descalificado de entrada por todo este conjunto de circunstancias. Los soberanistas navarros vienen denunciando la presunción de cientifismo de las instancias oficiales. La carencia de la obligada neutralidad del investigador es una constante en la C.F.N. como resultado del sometimiento de su administración al sistema jurídico español. Sorprende, por ello, más la afirmación del consejero de cultura Iribas de que los soberanistas navarros fomentan la desunión de nuestra colectividad nacional. El fomento de la discordia en nuestro cuerpo social constituye, no ya una práctica, sino un objetivo del seudonavarrismo. En otro orden de cosas es obligado que reclamemos a aquellos investigadores y estudiosos de nuestra Historia que tengan la honestidad de abrirse al debate y el contraste de planteamientos. Sus títulos universitarios y otros no dejarán de ser un oropel sin valor en cualquier otro caso.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua









