Entrevista: mikel sorauren historiador

“El Estado navarro perdió fuerza y se convirtió en una víctima de la ambición castellana”

Mikel Sorauren (Pamplona, 1946) es parte activa en el congreso que estos días se celebra en Oñati. Miembro de su comité científico, este historiador anima a las nuevas generaciones a que “no desprecien” algo que es lo “más fundamental de su personalidad: la identificación”

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Sorauren, ayer en la antigua universidad de Oñati, que acoge el congreso organizado por Nabarralde. (A.D.)

 

Historiador, escritor y profesor ya jubilado, Mikel Sorauren es uno de los fundadores de la asociación Nabarralde que hoy clausura su segundo congreso. A las puertas de la conmemoración de la conquista de 1512, el encuentro ha profundizado en la relación de los territorios vascos, especialmente los occidentales, con el Estado navarro.

¿Qué espera aportar este encuentro?; ¿cuál es su importancia?

Las diferentes ponencias tratan de aportar una visión de la participación que tuvieron los territorios occidentales del antiguo Estado de Navarra en la conquista de 1512, reflejando, en alguna medida, las situaciones que mueven a los protagonistas. Teniendo en cuenta que algunos se implican más porque tienen unos intereses determinados, más bien en lo referente a las élites, mientras que el conjunto de la sociedad, tal y como podemos deducir de ciertos hechos que aparecen en la documentación, veía esta participación como una carga e imposición. Al estar estos territorios bajo el poder castellano, estaban obligados y forzados en alguna medida a contribuir como fuerza armada con los reyes, pero es sintomático que a la hora de hacer la convocatoria se recurriese a la amenaza para aquellos que se negaban.

Su conferencia ha versado sobre los vínculos históricos de los territorios navarros. ¿En qué aspectos ha querido profundizar?

He tratado de dar una visión más general de los elementos identitarios que pueda tener nuestra colectividad nacional. Hablo de colectividad nacional porque creo que esta condición se da cuando se ve a los vascones claramente delimitados rechazando la autoridad, sobre todo de los germanos, y terminando por constituir un Estado navarro. Para mi ése es el origen de nuestra nación, que además se mantiene durante bastantes siglos y es reconocida como tal por parte de los estados que están en los entornos. El Estado navarro incluso tiene un aspecto de muy fuerte, pero por una serie de acontecimientos pierde fuerza y se convierte en una víctima de la ambición castellana. Queda en situación de inferioridad lo que explica que sea fragmentado.

La ofensiva de la corona castellana hace perder presencia al Estado navarro.

Si en el siglo XVI y XVII las agresiones de la corona española eran más puntuales y no obedecían a una sistematización, en el siglo XVIII se establecerá ya un plan importante de organización igualitaria que implicaba la absorción de los territorios vascos, eran como una oveja negra en el conjunto del Estado español. El sistema de fueros se mantiene pero cada vez más asediado. Hablamos de identificación aduanera, cultural y supresión de cualquier rasgo de poder en el que el rey o el estado tenga alguna limitación.

Y comienzan las reacciones internas.

Así es. Cuando se vio que el proyecto de la monarquía española era la supresión del sistema de fueros tuvo lugar la reacción interna, primero por parte de las élites. Surge el conflicto en las instituciones a las que se le exige que acepten las imposiciones del rey en el terreno fiscal, aduanero o de colaboración con hombres para el ejército; los tres pilares de la reforma española. De una manera subterránea también está la lucha por el euskera.

Saltándonos varios capítulos de la historia y sin entrar demasiado en materia, llegamos al siglo XIX. ¿Qué ocurre entonces?

El país pierde la batalla frente al Estado español en este siglo, pero eso no basta para que renuncie a su identidad. Se mantiene la lucha por la reintegración foral y la recuperación del euskera; son dos objetivos que van de la mano.

Ante estos acontecimientos hay distintas versiones. ¿Qué tiene que decir sobre la interpretación oficial o tradicional de estos hechos históricos?

Todo el mundo tiene derecho a hacer su historia. Sin embargo, lo que condena a la historia oficial no es lo que pueda o no decir, sino la forma excluyente con la que ha actuado tradicionalmente. Es el resultado del autoritarismo y la imposición. Esa forma de imponer que esto ha sido un pacto; que los vascos formaron parte de la nación española porque contribuyeron al imperio. Que la historia oficial plantee que esto ha sido España, que ha habido identificación y demás, tiene derecho a decirlo siempre que dejen al resto manifestar de la misma manera lo contrario. Eso es lo que ha fallado y falla en estos momentos, lo cual descalifica totalmente la actitud de la versión oficial y puede que nos permita cuestionar su validez.

Cuando dice excluyente se refiere también al programa de celebraciones del 500 aniversario de la conquista que prepara el Gobierno navarro.

Un hecho clarísimo de esta actitud excluyente es lo que está sucediendo en la Comunidad Foral de Navarra. Para la conmemoración se ha convocado a gente de una sola tendencia y se ha cerrado la puerta al resto.

¿Cómo habría que conmemorar la efemérides?

Con un carácter científico y de disciplina histórica. Por ejemplo, mediante congresos que dejen que la gente exponga sus planteamientos. Tenemos que hacer un esfuerzo por conseguir la objetividad. Es imposible ser objetivos pero hay que contribuir a ello. Ésa es la obligación del historiador a la hora de buscar documentos, que no la oculte, que la forma de investigar sea abierta. Este tipo de congresos -en alusión al de Oñati- van en esa dirección.

¿Cuál es el mensaje que debería transmitirse a las nuevas generaciones?

No hay ninguna sociedad que renuncie a tener su historia, es su propia imagen y, en alguna medida, también su propio proyecto como colectividad. Que pueda ser modificado por las generaciones sucesivas, por supuesto que sí. En el momento presente nosotros pensamos que tenemos que dejarles la mayor parte del patrimonio que ha sido hecho por nuestra colectividad. ¿Qué estamos valorando en nuestra historia? La lucha por la libertad, la organización política en la que se marcha hacia la igualdad y nuestras peculiaridades lingüísticas, culturales, de paisaje…. Estos elementos nos permiten hacer un plan de configuración de una sociedad que resuelva nuestros problemas y es lo que tendríamos que transmitir a nuestros sucesores.

¿Y qué les pediría?

Que no desprecien algo que en el fondo todo el mundo estima como es lo más fundamental de su personalidad: la identificación.