El próximo Congreso Internacional sobre ciudadanía digital que bajo la organización de DV se desarrollará en Donostia los días 14 y 15 de abril devuelve protagonismo al debate en torno a los nuevos liderazgos sociales y políticos en el ‘universo’ de internet y las nuevas tecnologías. Antoni Gutiérrez- Rubí, experto en comunicación estratégica, ha marcado tendencia: los políticos tienen que salir de sus sedes partidistas e ir a las redes sociales. Sigue habiendo escépticos que proclaman la irrelevancia de todo aquello que se mueve, se opina, se debate y se construye en la dimensión ‘virtual’ de internet, pero la realidad se impone. Y como ejemplos baste citar la trascendencia de esta dimensión social y política en las revueltas del norte de África, o el interés mediático desplegado a raíz del ‘Cablegate’ y del escándalo generado por los más de 400.000 documentos que WikiLeaks ha volcado en la red. El Departamento de Estado del país más poderoso del mundo, EE UU, ha visto burlados sus controles de seguridad, y todo el escándalo suscitado reaviva la dimensión geopolítica de internet.
La comunicación es cada vez más una materia prima estratégica para los gobiernos, y el control de internet otorga al poder que lo ejerce una ventaja estratégica decisiva. En el siglo XIX Inglaterra dominó el mundo gracias al control de las vías de navegación planetarias. Salvada la distancia, la metáfora histórica revive en el presente: quien domina internet domina y crea opinión local, regional y mundial.
En la política vasca esta dimensión ‘on line’ de la política va cobrando mayor protagonismo, y cada vez con mayor frecuencia numerosos dirigentes políticos de primer nivel en nuestro país recurren ya a esta herramienta de difusión como relatora y difusora de su discurso político. Lentamente, pero algo se mueve: la organización tradicional de los partidos políticos, anquilosada en tiempos ya superados, debe responder a la imparable necesidad de cambio y de regeneración derivada de una nueva cultura política, impulsada en buena medida por las ‘tecnologías sociales’ cuyo principal exponente es la red, es internet. Se ha hablado mucho en torno al proceso electoral que condujo a Barack Obama a la presidencia de los EE UU; no todo se explica por el estratégico dominio que logró en el ámbito de las redes sociales, porque sin discurso, sin contenido, no hay liderazgo ni político ni social, pero sin duda la red, internet, fue decisiva en la movilización pro-Obama y en la socialización de su tan retórico como brillante discurso.
También la nueva etapa política en Euskadi reclama un liderazgo más transparente, basado más en la ‘auctoritas’ que en la ‘potestas’, menos anclado en las clásicas jerarquías verticales partidistas, menos soportado en camarillas internas y en cerrados escenarios de poder, y más centrado en el mérito de las ideas y en la capacidad para cohesionar y movilizar recursos y equipos.
El fosilizado sistema de partidos políticos basados en agrupaciones territoriales como encuadramiento básico para la participación política va a acabar siendo superado. Un ciudadano que pretenda participar en la construcción del discurso de su partido no puede ver limitada su capacidad de acción al recurso tradicional de acudir a una asamblea local. Obsoletas organizaciones políticas basadas en un superado régimen asambleario, y que frenan la capacidad de iniciativa de simpatizantes enredados en la burocracia interna deben dejar paso a otras formas de relación entre los dirigentes políticos y los ciudadanos. Emerge una dinámica mucho más estimulante de participación, aunque para los que seguimos siendo inmigrantes digitales y no nativos digitales, y seguimos apegados, por ejemplo, al placer de la lectura de prensa escrita, todo ello pueda parecer a veces ciencia ficción o una mera moda posmoderna inventada por los asesores de comunicación y los politólogos.
Ante el desapego del ciudadano frente a la política, la movilización de tanta potencial energía vital para la acción política puede encontrar un filón en el universo internet: un modelo de partido pensado fundamentalmente como maquinaria electoral abandona las referencias cívicas del activismo crítico.
La Red está en permanente ebullición mientas que las estructuras clásicas y anquilosadas de los partidos políticos languidecen. Esta nueva cultura digital puede aportar una ola de regeneración social, un impulso de fuerza política que logre poner en conexión movimientos políticos y sociedad civil, basado en compartir la creación de propuestas electorales, en superar la verticalidad organizativa y en alcanzar fórmulas más abiertas y puntuales de colaboración.
Comenzamos lentamente a asistir a esta nueva realidad: en estas mismas páginas de nuestro periódico muchas iniciativas políticas con repercusión en la Red de internet acaban teniendo su impacto escrito. Y enriquece el discurso político, porque supera las meras consignas, la mera publicidad o los eslóganes de propaganda.
Antonio Gutiérrez-Rubí definió brillantemente esta nueva cultura digital en su proyección política como el placer por el conocimiento compartido, la alergia ante el adoctrinamiento ideológico y el rechazo a la verticalidad organizativa. Son señas de identidad de un futuro que ya es presente, también en el terreno de la anquilosada política vasca.








