Dejo respetuosamente a un lado la España honesta, la de las buenas gentes expurgadas por inquisiciones, emigradas o ejecutadas en las cunetas…
Prescindiré, cómo no, de la España ignorante, bien adormecida con el “panem et circenses”. Esa masa ingente, aborregada en el ‘Gran Hermano’, enredada con esas Belenes Esteban, cutres fenómenos de la inmoralidad y de la abyección mediática, el “furbol” y otros rollos metafísicos parecidos…
Esa España, perfecta tonta útil, tan frívola como manejable.
Evidentemente en casi todos los países –incluida Euskalherria- se cuecen habas… nadie lo duda…
Por el momento me centraré en la España vil –en la paz, en la guerra, en los pactos…- infame, canallesca…etc…etc…
Sí, exactamente en la España –antigua Castilla- de las inquisiciones, de los genocidios, de la cruz y de la espada… La España invasora de pueblos a lo largo y ancho de imperios en los que no se ponía el sol…
Y qué diremos de la España criminal y fascista del franquismo, -hoy día bien viva y pujante-, la que ningún tribunal juzgó ni condenó.
La España que fomenta el terror en guerras como las de Irak o calla ante la sangre derramada por los asesinos israelíes…
La que a lo largo de su convulsa historia, nunca pidió perdón ni condenó, porque elevó sus crímenes y fechorías a la categoría de valores eternos…
La que se creyó reserva de los valores espirituales de occidente, al sentirse cuna de involuciones, fanatismos, inmovilismos, miopía mental, etc.
¿Por qué tanta insistencia en que los vascos pidamos perdón y condenemos?
Condenar el ajusticiamiento de Melitón Manzanas, el vuelo espectacular del carnicero de Santoña y pasar por alto a Joseba Arregi, Lasa y Zabala, el GAL, etc… y a tantos cientos de torturados, a muchos vascos nos parece una infamia. Pero eso no significa que si se quiere por ética, por estrategia o incluso por visión política, estemos de acuerdo con los crímenes de ETA y sus desaguisados.
Sobre todo cuando nuestro pueblo lleva más de ocho siglos, soportando las inacabables agresiones criminales contra los ciudadanos, lengua, y patrimonio cultural…
Ocho siglos negando nuestra existencia como pueblo, siempre empecinados en borrar cualquier huella que sepa a vascongado….
Y sobre todo nuestra historia, porque como dice Angel Rekalde, la historia -la nuestra- es la memoria de su infamia y de su criminalidad.
Si esta España, la vil y canallesca, tuviera un mínimo de honestidad y decoro, virtudes que siempre ignoró, analizaría porque todos los pueblos que dominó: Portugal, américa latina, Filipinas etc… se evadieron cuando toparon con un mínimo resquicio de libertad…
Y analizaría el por qué de tantas leyendas negras o que fuera -¿no lo es aun hoy día?-, el hazmereir en el contexto de las naciones…
Que estos españolitos mezquinos, que tanto nos odian y desprecian, sigan con sus particulares fobias, siempre en perpetua campaña mediática contra cualquier iniciativa de paz que surja en nuestro pueblo, no tiene más que una explicación: envidia o auténtico pavor que de una vez por todas, los vascos seamos capaces de unirnos para mandarles el “hasta luego Lucas”.
Y que por favor, que la iglesia permanezca calladita, que se embolsille los 6.000 millones de Euros y se los gaste “humildemente” en sus enjuagues místicos.
Que el Señor Rubalcaba –tan cínico como gran tartufo-, y toda la clá falangista, fascistoide de pesebreros carpetovetónicos, se pregunten de una vez por todas que nos iban a importar, sus bravatas, amenazas y jueces, si detrás de sus palabras no se agazaparan los tricornios y brunetes…
Porque, hoy por hoy, esa es la única razón que puede esgrimir España para amargarnos la vida a los vascos –y quizás a los catalanes- , tricornios y ruido de sables.
¿Por qué España no prueba a prescindir de estos elementos, la fuerza –o violencia- legal, que dicen… Eso, ¿por qué no prueban?
Y que pase lo que pase, nosotros a lo nuestro. Tengo la seguridad de que si nuestros políticos se dejaran de personalismos y otras majaderías –cuanto deben aprender-, antes que tarde, llegaríamos a esa “encrucijada”, en que un pueblo se siente soberano y con total capacidad de diseñar su destino.







