La sentencia que ha condenado a la traductora Saida Saddouki por injurias a una pena de 5 euros diarios durante seis meses y a una indemnización al capitán de la Guardia Civil Bartolomé del Amor de 600 euros me ha preocupado gravemente. La señora Saddouki asegura que el agente de la Benemérita la vejó por el hecho de haberse dirigido en catalán. Y según esta vil versión, el agente se habría enfurecido al comprobar que, si no tenía suficiente con aguantar a los aborígenes que aún se empeñan en hablar esta extraña lengua en Mallorca, una foránea también la utiliza. Digo que la versión de Saddouki es vil porque todos saben que la Guardia Civil siempre ha respetado la diversidad lingüística de los territorios donde tiene presencia. De hecho, salvo algún alcalde alocado como el de Montblanc, a quien obligaron a hablar en castellano recientemente, su trato con los catalanohablantes es fluido y lleno de satisfacción por el enriquecimiento personal que encuentran en aprender una lengua como el catalán . No en vano su máximo mando, el rey Juan Carlos, ya dijo aquello de: “El castellano siempre ha sido lengua de encuentro, a nadie se le obligó a hablar castellano”. Es después de este análisis cuando me ha sobrevenido la preocupación que he expresado al comenzar este apunte. Porque, a la postre, resulta evidente que lo que pasa es que los inmigrantes, cuando quieren perjudicar a las fuerzas de seguridad del Estado, no tienen otra cosa que inventarse que vejaciones por haber hablado en catalán. No vaya a ser que pase como con los miembros de ETA con lo de las torturas. Que el manual del buen terrorista dice que cuando se les detiene deben denunciar torturas a toda costa. A ver si será que los inmigrantes, cuando deciden venir a nuestro país, lo hacen con un manual que les orienta para que si se encuentran con la Guardia Civil denuncien por sistema que no les dejan hablar catalán. ¡Qué fuerte! Suerte tenemos de que la justicia ha reaccionado y ha emitido la sentencia en un tiempo récord (teniendo en cuenta la lentitud de la justicia española) y que no ha dudado en desenmascarar a la vil inmigrada catalanohablante sin que nada haya podido detener, ni siquiera la desaparición de una prueba básica para la defensa: la cinta de vídeo donde se registraron los hechos que tuvieron lugar en el exterior del cuartelillo. ¡Hoy dormiremos un poco más tranquilos!








