Los nombres del tenis

Ahora que es la época estival, la mejor para la práctica del ‘out-door tennis’, también llamado ‘real tennis’, o sea el tenis al aire libre, sin techado; cuando se acaban de celebrar: el torneo de París sobre pistas de polvo de ladrillo apisonado, que se llama Roland Garros -piloto de la primera aviación- por imposición del arquitecto que dirigió la construcción del primer recinto de tenis en el Bois de Boulogne de París; y el torneo de Wimbeldon, en el barrio de Londres del mismo nombre, cercano a los excelentísimos Kew Gardens, sobre pista de hierba, o sea ‘lawn tennis’, parece momento oportuno para sacar a relucir las arbitrariedades lingüísticas que contiene este deporte. Una de esas peculiaridades denominativas que se ha conservado es la aparentemente absurda manera de contar el tanteo en los partidos. ¿A qué viene, en efecto, contar los 4 tantos que otorgan un juego diciendo: 15; 30; 40 y juego? Aún, los 6 juegos que otorgan un set, se llaman simplemente 1, 2, 3, 4, 5 y 6. Pero, como ésto era demasiado sencillo, crearon la regla de la diferencia mínima. Hace falta una distancia mínima de 2 puntos, además de pasar de los 4 puntos, para ganar un juego; es precisa una ventaja mínima de 2 juegos, además de llegar a un mínimo de 6 juegos, para ganar un set. Y un partido se gana cuando se ganan 2 sets, seguidos o alternos en la mayor parte de los torneos, salvo los masculinos más importantes, que exigen 3 sets ganados, lo que eleva el número de posibles sets jugados a un máximo de 5 sets por partido.

La explicación de este cómputo la puede Vd. encontrar en la Enciclopedia Británica y también en internet. Cuando el galés Mayor Wingfield y el inglés R.A. Fitzgerald en los años 1870 a 1875 debatían si la pista del tenis debía tener forma de diávolo, de reloj de arena, en su proyección plana, con la red más estrecha y las líneas de fondo de la máxima extensión, o bien habría de ser una pista rectangular, sin entallar, como muy pronto se impuso, tenían plena divulgación los sextantes que calculaban la inclinación desde el sol y desde las estrellas fijas, para hallar el emplazamiento de la nave en el ancho mar océano. Y el sextante era el resultado de dividir los 360 grados que componen toda circunferencia, en sextas partes, por algo se les llama sextantes. Los sextos son, pues, de 60 grados. Ahora bien, si vamos contando los 4 puntos del juego de 15 en 15, llegamos a 60 ¡el sextante! A su vez 6 juegos de 60 hacen un set de 360, o sea los grados de la circunferencia. El tanteo del tenis, son los grados y arcos del sextante. Me argüirá el lector atento: «No me encaja el 40 después del 30. Si va de 15 en 15, después del 30 vendría el 45». Contesto como los diccionarios ingleses: sí, efectivamente es así, pero ‘cuarenta y cinco’, en inglés como en español, tiene más silabas que ‘quince’ y ‘treinta’, en el idioma de Shakespeare ‘fifteen’, ‘thirty’, ‘forty-five’, por lo que apocoparon el nombre del tercer punto y lo dejaron en ‘forty’ en español ‘cuarenta’, para mayor igualdad bisilábica, lo que facilita expresar el tanteo, especialmente al árbitro, que canta los puntos.

Hasta aquí la versión inglesa del tanteo en el ‘lawn tennis’. Pero lo que no dice esa versión británica es que exactamente ese mismo tanteo tan ‘british’ existía ya, muchos años antes, en el juego vasco del ‘largo’ o ‘rebote’, que el donostiarra Antonio Peña y Goñi describe en su librito ‘La pelota y los pelotaris’, editado en 1892, en que se refiere a esas dos modalidades de la pelota vasca por lo menos desde comienzos del siglo XIX. Escribe Peña y Goñi: «Se cuenta por quinces en vez de tantos y cada juego consta de cuatro quinces que se llaman, quince el primero, treinta el segundo y cuarenta el tercero. Cuando se gana éste se alcanza un juego». O sea que 60 o 70 años antes que el tenis inglés, el deporte de pelota vasca llamado en una variedad ‘largo’, en otra ‘rebote’, usaba exactamente ese tanteo. Más aún, el tenis inglés llama ‘deuce’, que es el nombre popular para ‘devil’, o sea el diablo, al empate a 40. Y el diccionario inglés explica que la palabra es una deformación del francés ‘a deux’ que significa ‘a dos’. Pues bien, escribe Peña y Goñi: «Cualquiera de los dos bandos que gane el quince inmediato, se colocan a cuarenta treinta, y si se igualan en el que sigue, el que tantea canta de nuevo: A dos». Se ve que en el deporte vasco se decía ‘a dos’ en todos los empates y no sólo en el 40 iguales. Donde cambian uno y otro tanteo, el vasco y el inglés, es el número de juegos, ya que explica Peña y Goñi: «…el partido consta de un número de juegos que se fija previamente. en el caso de quedar zapatero uno de los bandos, se repetirá el tanteo anterior…»¿Y qué significa eso de «quedar zapatero»? Nos lo explica el D.R.A.E. en la acepción 8ª del vocablo ‘zapatero’: «8.Fam. El que se queda sin hacer bazas o tantos en el juego. U.m. en la frase quedarse zapatero». (El juego de palabras está servido en la España gobernada por el sr. Rodríguez Zapatero) ¿Qué es lo que pasa? Que tanto las expresiones y el tanteo del ‘largo’ y del ‘rebote’ vascos, como luego del tenis inglés, vienen del francés ‘jeu de paume’, que, como su nombre indica, se inició jugando la pelota con la palma de la mano -en la Alta Edad Media- para sustituirla en siglos sucesivos por diversas herramientas de paletas, bates, etc. Peña y Goñi hace referencia a un tal Amorós, afrancesado, que en francés y a comienzos del siglo XIX explica el juego vasco del ‘largo’ bajo el título ‘Partie de longue paume a l’espagnole’. Y el tenis inglés tiene el mismo origen, como lo denota su propio nombre que procede de ese vocablo francés ‘tenez’, o sea ‘tenga Vd.’ con que cortésmente anunciaba el sacador del ‘jeu de paume’ que iba a poner la pelota en juego.

Pero, tal vez, la palabra del tenis inglés más curiosa entre las que proceden del ‘jeu de paume’ francés sea ese ‘love’ (como si fuera la voz para ‘amor’), con que sustituyen al ‘cero’ y omiten tener que decir una voz, como es ‘cero’, que en inglés equivale a ‘ser una nulidad’, o a ‘ser un cero a la izquierda’, con lo que decir cero, en inglés ‘Zero’, equivaldría a un improperio. Si en general el idioma inglés corriente lo sustituye por la voz ‘o’ de la cuarta vocal ‘o’, en el tenis usaron la palabra francesa ‘l’oeuf’, que es el huevo, con su forma de cero ovalado. Obtengo este dato de fuente fiable, como lo es el célebre matemático inglés John Barrow, en su libro ‘La Teoría de la Nada’, título de la versión española editada por Drakontos. Cuando exclamó aquel famoso político español en las Cortes ‘¡manda huevos!’ si lo traducimos al elíptico idioma del tenis significaría ‘¡envía ceros!’. O sea, más fino.

Publicado por Diario Vasco-k argitaratua