El multilingüismo es la situación que más se repite en África, con alrededor de 1.800 lenguas africanas a las que hay que añadir las lenguas europeas heredadas de la colonización, como el inglés, el francés, el portugués, el español y el ‘afrikaans’ (lengua africana de origen holandés). Les presentamos aquí una visión general de estas diferentes situaciones antes de mostrar cómo se hace y se puede hacer la ordenación lingüística de África.
1. Las lenguas europeas de África
Son las lenguas surgidas de la colonización de África mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XX: el inglés, el francés, el portugués, el español, el italiano y el afrikaans. Al día siguiente de la independencia, la mayoría de los países africanos confirmó la situación que prevalecía antes de la independencia, y adoptaron como lengua oficial la de la potencia colonizadora.
Así, para el inglés hay 16 países: Botswana, Gambia, Ghana, Kenia, Lesotho, Liberia, Malawi, Mauricio, Namibia, Nigeria, Uganda, República Sudafricana, Sierra Leona, Swazilandia, Zambia y Zimbabwe.
Para el francés, hay 17 países: Benin, Burkina Faso, Burundi, Comoras, Djibouti, Gabón, Guinea, Madagascar, Malí, Níger, República Centroafricana, República Democrática del Congo, República del Congo, Ruanda, Senegal, Chad y Togo.
Para el portugués, hay cinco países: Angola, Cabo Verde, Guinea Bissau, Mozambique, Sao Tomé y Príncipe.
Para el español: Guinea Ecuatorial.
Los otros casos se caracterizan de la siguiente manera:
a) País que ha hecho oficial, desde la independencia, otra lengua que no es la del colonizador:
Argelia que logró la independencia por fuerza de armas, proclamó enseguida el árabe lengua oficial única, aunque el francés sigue siendo ampliamente hablado. Tanzania proclama kisuahili lengua oficial, sin por ello desterrar el inglés. La República Saharaui Democrática no reconoce más que el árabe como lengua oficial, a pesar de que se cuestione la existencia del país.
b) País que ha reconocido, desde la independencia, otras lenguas oficiales o nacionales conjuntamente con la del colonizador:
En Túnez como en Marruecos y Mauritania, el francés y el árabe son conjuntamente lenguas oficiales. Egipto, que nunca ha sido de hecho una colonia inglesa, ha tenido siempre el árabe como lengua oficial. Sudán se convirtió en independiente e hizo del árabe la lengua oficial con el inglés. Somalia, ampliamente musulmana y colonizada alternativamente por Inglaterra e Italia, reconoce tres lenguas oficiales: el árabe, el italiano y el inglés. Más adelante, este país emprenderá una experiencia de recuperación lingüística del somalí.
Camerún que, poco después de la independencia, reunificó su territorio, una parte del cual había estado hasta hacía poco bajo tutela británica, proclamó el francés y el inglés lenguas oficiales tras esta reunificación. Guinea, que logró su independencia en un clima de tensión con Francia, elevó a un estatus de lenguas nacionales ocho lenguas del país, sin romper a pesar de todo con el francés. La situación lingüística homogénea de Burundi y de Ruanda condujo a estos dos países a adoptar respectivamente el kirundi y el kinyaruanda como lenguas oficiales junto al francés. Finalmente, las Seychelles cuando accedieron a la independencia proclamaron el inglés, el francés y el criollo lenguas oficiales.
A partir de 1965, Chad proclama el árabe y el francés lenguas oficiales, mientras que Senegal acuerda conceder el estatus de “lenguas nacionales” a seis de sus lenguas africanas, como Guinea. En 1970, después de una revolución política y cultural, Madagascar reconoce sólo el malgache como lengua oficial. A pesar de un retorno importante del francés en 1990, esta disposición legal no se modificará. En este mismo periodo, la República Democrática del Congo (que se llamaba entonces República del Congo) restableció como lenguas nacionales las cuatro grandes lenguas vehiculares del país: el lingala, el kisuahili, el ciluba y el kikongo. Finalmente, en 1991, la República Centroafricana proclama el sango lengua oficial con el francés.
2. Las políticas lingüísticas africanas:
2.1. Diversidad de políticas lingüísticas
De lo expuesto hasta ahora, podemos ver que no hay un solo tipo de política lingüística en África. La historia propia de cada país y las condiciones sociolingüísticas locales han pesado a menudo sobre las decisiones o la ausencia de decisión en materia de política lingüística.
Así, si la Argelia de Ben Bella proclamó el árabe lengua oficial, no fue sólo por razones demográficas y culturales, fue principalmente para romper con la posición oficial del francés, y afirmar su independencia conquistada con dificultad. En la Guinea de Sékou Touré, el reconocimiento de ocho lenguas guineanas como “lenguas nacionales” y su promoción sistemática se inscribe en la misma lógica de ruptura con Francia a causa de la independencia inmediata exigida y obtenida por Sékou Touré que se oponía así al plan de Charles de Gaulle.
En Senegal, donde el wolof es la lengua hablada por el 80% de la población, se habría podido esperar que se convirtiera en el cemento lingüístico de la construcción nacional, en cambio, Léopold Sédar Senghor acuerda el estatus de “lenguas nacionales” a seis lenguas del país. El reconocimiento del wolof como lengua nacional única habría pasado por una tentativa de imposición de esta lengua a las minorías étnicas que ya la hablaban por necesidad, sin la intervención del Estado.
En Camerún, Gabón, Costa de Marfil y en muchos otros países africanos, las lenguas africanas no se han beneficiado de ninguna política de promoción por parte de las autoridades políticas de los años sesenta. Se atribuyen muchas razones a este hecho: las lenguas africanas eran muy numerosas, y a menudo no estaban codificadas por la escritura. No se dudaba en considerarlas como desprovistas de pensamientos precisos, sino que daban miedo. El hecho de promover las lenguas africanas podía hacer correr el riesgo de desencadenar pasiones que podían conducir a reivindicaciones identitarias, a levantamientos de tipo tribal. Desde los ministerios europeos, siempre omnipresentes en los asuntos políticos africanos, la promoción de las lenguas africanas es considerada como una amenaza directa sobre la posición predominante de las lenguas oficiales europeas. Y como un jefe de estado africano, en aquellos años, estaba siempre sentado en un trono inestable, se lo pensaba dos veces antes de anunciar una política lingüística favorable a las lenguas africanas.
2.2. Una realidad sin contornos
Es, pues, por procesos de desviación de trayectoria como las políticas lingüísticas se pondrán en su sitio.
Primero, la tasa muy elevada de analfabetismo en el seno de las poblaciones rurales en particular, conducirá a los gobiernos a elaborar una política de alfabetización, con el apoyo de organismos internacionales que trabajan para el desarrollo (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Banco Mundial, etc.). La cuestión de saber en qué lengua hay que alfabetizar se hace inevitable, y se termina prefiriendo inevitablemente las lenguas del medio, por lo tanto las africanas.
Después, el balance catastrófico de fracaso escolar constante por toda África, por las razones que sean, ha conducido a los gobiernos africanos a ponerse a trabajar sobre la cuestión, muy difícil, de la reforma escolar en el marco más grande de la reforma del sistema educativo. Más allá de numerosas conferencias internacionales que implican muchas organizaciones nacionales e internacionales (UNESCO, Agencia de Cooperación Cultural y Técnica, UNICEF, etc.) los políticos se han habituado a la idea de que si la enseñanza se daba en las lenguas del país, los niños aprenderían mejor. Sí, ¿pero qué lengua era necesario elegir?
Todos los especialistas en ordenación lingüística y educación saben que esta cuestión no es más que un pretexto para no hacer nada, ya que desde que se establece en una situación concreta, el hecho de escoger no se vuelve a considerar. El solo hecho que queda para siempre y en todas partes es la voluntad política de ir hasta el final. ¿Los políticos están decididos a llevar hasta el final una política de ordenación lingüística en favor de las lenguas africanas más aptas para asegurar, sin rupturas culturales drásticas, la evolución de las poblaciones y el desarrollo de sus países? Esta es la verdadera cuestión, ya que el éxito de la empresa es directamente proporcional al compromiso del político que la emprende.
3. La situación de las lenguas africanas hoy:
El número de las lenguas africanas se estima generalmente alrededor de 1.800, de las que unas 400 sólo han sido objeto de una descripción científica avanzada o exhaustiva. Si numerosas decenas de estas lenguas están en vía de extinción, otras contrariamente están en plena expansión. Un pequeño número de estas últimas (menos de una cincuentena) llama principalmente la atención por el lugar especial y la importancia que han conquistado como medio privilegiado de comunicación bien en el interior del mismo país, bien en una vasta extensión que ocupa diferentes países.
La tipología que retoma y actualiza la propuesta, en 1993, por la Agencia Intergubernamental de la Francofonía (AIF) para los países francófonos (Renard, 2000: 109) se aplica al conjunto de las lenguas africanas. Y distingue:
3.1 Lenguas transnacionales
Se denominan así las lenguas que se hablan al menos en diez países. Algunas de entre estas están muy extendidas más allá de su cuna regional, son las vehiculares; mientras que otras están limitadas a las zonas geográficas ocupadas por sus propios hablantes, son las vernaculares. Muchas de estas lenguas son oficialmente reconocidas como vehículos de una o varias actividades formales precisas en algunos de los países donde son habladas. Se dice entonces que tienen un estatus específico. Los estatutos específicos más corrientes son: lengua oficial, lengua nacional, lengua de enseñanza, lengua de alfabetización, lengua de los medios, lengua religiosa y lengua comercial.
Vehiculares.
La mayor parte han adquirido un estatus específico en numerosos de los estados donde son habladas. Ejemplos:
– El kisuahili (Tanzania, RDC; Kenia, Uganda, Burundi, Ruanda)
– El complejo mandinga: bambara, dioula, malinke (Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil, Senegal, Guinea, Guinea Bissau)
– El complejo kirundi-kinyaruanda (Burundi, Ruanda)
– El kikongo-munukutuba (RDC, Congo, Angola)
– El lingala (RDC, Congo)
– El peul (Senegal, Gambia, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Guinea, Guinea Bissau, Benin, Camerún, Centroáfrica, Costa de Marfil, Níger, Nigeria, Chad)
– El wolof (Senegal, Mauritania, Gambia)
– El Haws (Nigeria, Níger)
– El yoruba (Nigeria, Benin, Togo)
– El árabe (Chad, Comores, Yibuti, Mauritania, Somalia, Sudán, Argelia, Marruecos, Túnez)
Vernaculares.
Son propias de poblaciones que han sido divididas por fronteras estatales. No son vehiculares y pocas de entre éstas tienen un estatus específico en al menos un Estado. Algunos ejemplos:
– El soninke (Malí, Mauritania, Senegal: estatus específico)
– El ewe- mina (Ghana, Benin, Togo: estatus específico)
– El songhai (Malí, Burkina Faso, Benin, Níger: estatus específico)
– El moore (Costa de Marfil, Mali, Ghana, Burkina Faso: estatus específico)
– El complejo criollo (Reunión, Mauricio, Seychelles: estatus específico)
– El tamazigt (Argelia, Mali, Níger: estatus específico)
– el Gbaya (centroafricano, Camerún)
– el Saar-ngambáy (centroafricano, Chad)
3.2. Lenguas intranacionales
Vehiculares.
Están muy extendidas sobre la totalidad o una parte importante del territorio de un Estado. Han conquistado un estatus específico. Ejemplos:
– El sango (centroáfrica)
– El malgache (Madagascar)
– El amárico (Etiopía)
– El shona (Zimbabue)
– El setswana (Botsuana)
– el cibula (RDC)
– El asante-fante (Ghana)
– El somalí (Somali)
Locales.
Son generalmente vernaculares, pero algunas son vehiculares con alcance limitado. Algunas de entre éstas tienen en algunos países un estatus específico (por ej. El kabie en Togo). Sin embargo, su uso no sobrepasa apenas -o muy poco- el límite de los grupos que las utilizan como lenguas maternas. Es el caso de la gran mayoría de las lenguas africanas. Algunos ejemplos:
– El kabie (Togo: estatus específico)
– El xhosa (África del Sur)
– El zulú (África del Sur)
– El fanagalo (África del Sur)
– El twi (Ghana)
– El bété (Costa de Marfil)
– El ibo (Nigeria)
Destaca de esta clasificación esencialmente utilitaria que son sobre todo las lenguas vehiculares (internacionales e intranacionales) las más impuestas como medios de comunicación en expansión. Añadiendo las lenguas vernáculas con estatus específico, obtenemos un conjunto de lenguas que calificaremos de “mayores” en la continuación de este estudio. Estas han sido todas objeto de descripciones científicas, están codificadas y asumen un gran abanico de funciones modernas por las que han adquirido un estatus específico. Sin embargo, no se puede decir que sean todas igualmente usadas en las producciones escritas. El volumen global de obras (libros, periódicos y otros) publicadas en estas lenguas es muy desigual de una lengua a otra y, en general, está muy lejos de las necesidades de las poblaciones. Hay todavía allí una cantera inmensa de ordenación lingüística por explotar.
4. La pirámide lingüística
Cuando se toma en consideración el conjunto de las lenguas habladas en un mismo país africano, se reencuentra mucho generalmente una situación piramidal que esquematizamos como sigue: una o dos lenguas oficiales, generalmente europeas, ocupan la cima de la pirámide. Son habladas corrientemente por una minoría instruida, que representa del 4% al 20% de la población, y entre cuyas manos se concentran un 80% de los poderes políticos, económicos, administrativos, religiosos e informacionales ligados a la educación y al conocimiento del mundo moderno.
Vienen a continuación las lenguas africanas mayores, compuestas esencialmente por lenguas vehiculares y vernaculares de una gran difusión, que tienen una importancia significativa en el interior del territorio del país, sea cual sea su extensión fuera de este territorio. Estas lenguas mayores son generalmente causadas por la mayoría (y a veces la totalidad) de la población. Tienen la ventaja de estar arraigadas en una cultura local, a pesar de estar suficientemente abiertas a la expresión de la vida moderna de las ciudades. Generalmente la mayor parte de estas no se utilizan para la expresión y la transferencia de conocimientos avanzados y de tecnologías punta. No se trata de una incapacidad intrínseca, sino de una ausencia de uso; los conocimientos y las tecnologías en cuestión son generalmente importadas del exterior y no producidas internamente. Y ocurre que las lenguas africanas mayores son los mejores medios de difusión de informaciones si se quiere llegar al máximo número de personas. Es por eso que la ordenación lingüística otorga una atención especial a estas lenguas.
En la base de la pirámide, se encuentran las lenguas vernáculas, las cuales no son generalmente habladas más allá de sus comunidades de hablantes nativos. Están muy bien adaptadas a la expresión de las culturas tradicionales, y son por ello vistas como la expresión de una identidad étnica susceptible de entrar en conflicto con cierta identidad nacional, que cubre todo el territorio del Estado. Sin embargo, estas lenguas vehiculan y conservan los cimientos culturales de la sociedad africana de hoy, por moderna que sea. Pero, debido a su gran número y a veces a su ligazón a los valores locales, estas lenguas sólo consiguen captar la atención erudita de los lingüistas, sensibles a su salvaguarda como patrimonio de la humanidad.
En algunos países extraños como Madagascar, Burundi y Ruanda, sólo hay dos pisos en esta pirámide, ya que la sola lengua autóctona del país, el malgache, el kirundi y el kinyaruanda respectivamente, es a la vez la lengua mayor y la lengua vernácula, así como la lengua oficial. Sin embargo, este último estado, no logra más que hacerlas competir con el francés que queda como la lengua de élite en estos tres países. Variantes como ésta, se encuentran muchas cuando se presenta con más detalle el caso concreto de cada país.
5. La modernización de las lenguas africanas
Consiste en ordenarlas dotándolas, en el caso de más exito, de sistemas ortográficos modernos, de terminologías nuevas en todos los dominios donde la necesidad se hace notar, de obras pedagógicas para su enseñanza, y finalmente de medios de tratamiento informático para que puedan asegurar la subsistencia de todas las necesidades actuales de comunicación y de información, sentidos como necesarios para el desarrollo de los pueblos que las hablan.
5.1. La codificación ortográfica
Para la mayoría de lenguas africanas mayores, el paso de lo oral a lo escrito ha sido la primera etapa que había que salvar. Después de las descripciones lingüísticas científicas, es indispensable dotar a las lenguas de una ortografía práctica estable, normativizada y normalizada. Este episodio ha sido felizmente superado gracias, tanto a los numerosos trabajos de los lingüistas africanistas, especialmente del Instituto Africano Internacional, como a las múltiples conferencias internacionales consagradas a la armonización de los alfabetos africanos, desde la de Bamako 1066, que intentó armonizar los alfabetos de las lenguas de África del oeste. A pesar del entusiasmo que ha levantado esta primera conferencia, hay que constatar, tomando distancia, que no se han alcanzado sus objetivos, ya que los diferentes países afectados han preferido continuar con sus propias codificaciones, a menudo divergentes para una misma lengua o familia de lenguas. Sin embargo, la conferencia de Bamako ha marcado los espíritus y ha sensibilizado a los políticos sobre la necesidad de una política lingüística coherente para las lenguas africanas. A partir de esto, un poco en todas partes, se han organizado seminarios nacionales en torno a la cuestión de la armonización de los alfabetos al menos en el interior de un mismo país. Han dado lugar a alfabetos de referencia, sobre todo en Camerún, Togo, Benin, Nigeria, Senegal, Malí, República Democrática del Congo, y alfabetos estables para numerosas lenguas mayores.
Hay que notar que numerosas de estas conferencias internacionales han tenido lugar por iniciativa de la UNESCO, que es a la vez uno de los raros organismos internacionales que ha propuesto una versión electrónica del alfabeto africano, el Alphafrique, cuya difusión ha sido desgraciadamente confidencial. Desde este hecho, el proyecto de teclado africano, propuesto por el profesor David Dalby, antiguo director del IAE, está de actualidad. Se puede, pues, decir que el hecho de pasar al escrito gracias a una ortografía codificada y bien pensada, está todavía lejos de ser resuelto para la gran mayoría de lenguas africanas, incluso si hay que subrayar que las lenguas mayores escriben y están mucho mejor dotadas que las demás.
5.2. El enriquecimiento terminológico
Como es sabido, tras la colonización, el Occidente ha hecho irrupción en la historia de las sociedades africanas con todo un aluvión de realidades nuevas: formas de vida y de pensamiento, estructura del Estado y del poder, escuelas, medicamentos, monedas, productos industriales, etc., la historia se ha acelerado y las sociedades africanas de hoy son más que nunca sociedades biculturales euroafricanas. Las lenguas africanas que estaban muy bien adaptadas a la expresión del mundo tradicional se han encontrado de repente en peligro de marginalidad, ya que son las lenguas europeas del colonizador las que ocupan mayoritariamente la parte alta de la pirámide. Afortunadamente con el paso de los años, los fracasos sucesivos de numerosos planes de desarrollo, elaborados minuciosamente por expertos, han llamado poco a poco la atención de unos y otros sobre la imperiosa necesidad de recurrir a las lenguas africanas mayores como medios de comunicación de las realidades modernas, si se quiere abarcar a los habitantes de los pueblos por un desarrollo duradero. Es desde esta perspectiva y para este fin que, en el marco de una investigación que hemos llevado a cabo después de cuatro años en el laboratorio ‘Lenguaje, Lenguas y Culturas del África Negra’ (LLACAN) en París, hemos elaborado una teoría cultural de la terminología, mejor adaptada a las realidades de los países en desarrollo.
En el espacio francófono, la Agencia Intergubernamental de la Francofonía ha creado y/o sostenido numerosos programas y redes de cooperación lingüística (Rint, Riofil, Rifal, Rilac, Rifm) (1) para la promoción y la instrumentalización del francés y las lenguas que conviven con él, sobre todo las de los países del sur. Es en este marco donde numerosos trabajos de terminología se han podido llevar a buen término en doce países del sur: Benin, Burundi, Camerún, Guinea, Haití, Madagascar, Malí, Marruecos, Níger, República Centroafricana, República Democrática del Congo y Senegal. En todos estos países, los estudios de terminología están hechos por investigadores nacionales que trabajan en instituciones públicas locales y sobre lenguas mayores con un estatus específico en el país. La cooperación internacional lleva a la formación de estos investigadores, da una ayuda en equipamiento informático y en bibliografías especializadas para las instituciones, también una ayuda para la publicación de sus estudios, y la búsqueda de soluciones técnicas para facilitarles la acceso a Internet y su utilización. El proyecto más reciente inscrito en el programa de Red Internacional Francófona de Organización Lingüística (Rifal) afecta a la implantación de bancos de datos terminológicos informatizados en algunos países del sur que pueden disponer de un acceso permanente y fiable en Internet, ya que estos bancos de datos deben poder intercambiar datos con otros países en el mundo.
6. La utilización de las lenguas africanas en los sectores de modernidad
Está en relación directa con su modernización, y también con las necesidades de la población. En efecto, según los métodos de la terminología cultural, la elaboración de una terminología en un sector técnico dado necesita la identificación precisa del cuadro socioprofesional afectado por esta terminología. Se debe poder identificar los futuros usuarios de la terminología para asociarlos en lo posible con la elaboración de la misma, para dar como resultado la elección de términos culturalmente integrados. Algunos ejemplos nos permitirán comprender mejor este paso.
Uno de los sectores que necesita muy pronto el recurso de las lenguas africanas es el de la comunicación, y más concretamente, la radio y la televisión. En la República Centroafricana y el Chad, en 1984, sesiones de formación destinadas a los periodistas permitieron perfeccionar su práctica profesional a la vez que su competencia lingüística. Y, en el caso de la República Centroafricana, una terminología de la comunicación audiovisual ha podido ser elaborada e implantada por los mismos periodistas, a raíz de esta formación.
En Camerún, la aplicación de los métodos de la terminología cultural ha permitido la elaboración en lengua Peule de la terminología de los insectos devastadores del algodón. Esta terminología ha servido después para la formación de los responsables agrícolas que encuadran el trabajo de los agricultores. Tanto los responsables agrícolas como los agricultores han participado estrechamente en el trabajo terminológico conducido por un colega nuestro, el lingüista africanista Henry Tourneux, investigador del LLACAN.
La religión es uno de los campos que más necesita que se haga todo este trabajo, así como la enseñanza, cuando se trata de la alfabetización de los adultos o de la escolarización de los niños. Numerosas experiencias de enseñanza en lenguas africanas han sido hechas en África, con un éxito variable, esencialmente de acuerdo con el compromiso fluctuante de los responsables políticos que ponen medios financieros muy insuficientes en sus experiencias. En este campo, como en el de la literatura escrita, el comercio formal, la administración, las tecnologías y las ciencias, el uso de las lenguas africanas es muy informal, dicho de otro modo virtual. El progreso terminológico en esta dirección debe acompañar y traducir un progreso socioeconómico del conjunto de la sociedad.
Marcel Diki-Kidiri
Investigador del CNRS
Lenguaje, Lenguas y Culturas del África Negra (LLACAN)
CNRS, INALCO, Universidad de París 7.
Profesor invitado en la IULA (Universidad Pompeu Fabra)
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