Estas palabras de la leyenda del Príncipe de Viana están vigentes desde antes de 1512 hasta nuestros días. Como un ratón ante un queso exquisito. Navarra, país codiciado en el siglo XVI por dos potencias nacientes, Francia y Castilla, luego apropiada una sola y durante años, en ese encuentro de intereses, considerada clave y puerta de las Españas por su gran importancia estratégica.
Como diría el autor del Dardo en la palabra, Torrente Ballester, “los historiadores mienten con lo documentos y los escritores con la imaginación” y como lo que nos han dado a leer ha sido la historia contada por los vencedores y han ocultado la escrita por los vencidos, diremos como don Manuel Alcántara que: “la verdad histórica es un conjunto de mentiras”.
El tiempo comprendido entre 1512 hasta 1841 (conquista de Navarra y Ley Paccionada) es poco o mal conocida, o con intención escondida. Los trabajos que realiza Nabarralde dando a conocer este tiempo oscuro y oscurecido es memoria y digna de reconocimiento por todo buen navarro.
El año 1841 es fecha del certificado de defunción y desaparición definitiva de los últimos vestigios de ese reino esclerotizado y decrépito. Pierde hasta el nombre de Reino de Navarra para llamarse provincia.
Y lo que en principio se llamaron instituciones propias y soberanas, producto de pacto y conquista por desgaste y repetición no contestada, pasaron a ser estimados como privilegios. Y Fueros en la voz de la Real Academia de la Lengua, 1869, supone: “privilegio o exención que se concede a un municipio o a una persona”. Consecuencia lógica de una degradación semántica y el intento de recordar lo que Navarra fue pasa a suponer sospecha de anacronismo aldeano o venenosa subversión. ¡Separatismo!
Se sigue ignorando la verdad y la mentira de cuanto ocurrió en Navarra desde 1512 a 1841 y el siglo siguiente.
El asunto es viejo. En las Cortes de 1654 se expresa la queja de la ignorancia y desinterés en que está sumergida “nuestra historia, toda vez que la escriben quienes no la conocen”, por lo que se encarga al Padre Moret que recopile los acontecimientos históricos del Reino. Esta desidia ha de interpretarse como fundamento del temor por parte del poder castellano a que se divulgase el acontecimiento histórico de la conquista y sus consecuencias. Una prueba en 1648 le impide a Ohienart, autor de la Declaration historique de l’injuste retention de la Navarre por les españols , consultar los archivos de Navarra bajo el pretexto de “ser francés, enemigo de esta corona”. Esta ignorancia nos ha conducido a pasar de la consideración de “reino propio y distinto” que todavía emplea la Diputación en 1831, como expresión de soberanía a ser traducido como privilegio. Se generaliza esta acepción como muestra de ello lo encontramos en el número once del periódico El Patriota Riojano que dice: “los malditos fueron navarros, los monstruosos privilegios de las provincias externas”. Pensamiento que se extiende hasta nuestros días y por contagio ha tocado incluso también a los mismos naturales del país.
Nuestra historia sigue sin enseñarse en las escuelas, ni siquiera como asignatura complementaria, por lo que el pasado del viejo Reino queda oculto en el olvido. Aprendimos la lista de los reyes godos y los de Castilla y Aragón, pero no la nomenclatura siquiera de los que tuvo Navarra en su realidad histórica. No sabemos de dónde venimos, a dónde vamos, quiénes somos y cómo nos hicimos. Haciendo famosa la frase que dejó escrita Iturralde y Suit: “Pueblo que a sí mismo se ignora es tal cual como si no existiera”.
“En 1512 una dinastía es derrocada y se le arrebata los derechos que le asistían ante la comunidad internacional de su tiempo. Aparentemente, y sólo aparentemente, la situación jurídica se mantiene, aunque sólo sea hacia el exterior, Navarra sigue siendo reino, su estructura institucional y política integra un Reino agregado a Castilla, cuyo único engarce es la monarquía, al modo que hoy podíamos llamar confederal. Pero ésta es una semejanza pues el territorio navarro permanecerá ocupado por un ejército, el castellano, durante más de un siglo”. (María Puy Huici). Es más, añade que Navarra “no ha salido todavía de las consecuencias de la conquista”.
Florencio Idoate, sin emplear palabras tan contundentes, describe con detalle las cargas de sostenimiento del ejército castellano ocupante, el peso económico, los abusos y expolios de la tropa que recayó sobre el pueblo. Fue el pueblo el que costeó el mantenimiento del ejército castellano que ocupaba militarmente Navarra.
En el Archivo General, en su sección de Guerra, hay constancia abundante de los desmanes cometidos en esta primera ocupación por la soldadesca y oficialidad que la manada. Un siglo oscurecido por el silencio de los historiadores y que sería oportuno fuese sacado a la luz para sacarnos de la ignorancia. ¡Aupa Nabarralde!









