La expresión ‘Vichy’ o ‘gobierno de Vichy’ para referirse al gobierno de la Generalitat de Cataluña ha hecho una cierta fortuna. Es un intento de caracterizarlo de colaboracionista, intento que evidentemente proviene de la identificación con el gobierno de Francia formado -tras la ocupación alemana- por el mariscal Pétain, un héroe de la Primera Guerra Mundial. Gobernó de manera autoritaria entre 1940 y 1944 y colaboró ??con el ejército de ocupación. Durante dos años fue formalmente el gobierno de Francia y el imperio Francés y más tarde gobernó sólo la llamada ‘zona libre’ con capital en la ciudad occitana de Viche, Vichy francés -de ahí viene el nombre de la cosa. Su papel vergonzoso de apoyo a los nazis, sobre todo en los últimos dos años, han hecho que ‘Vichy’ se haya convertido en un epíteto que todo el mundo usa en todo el mundo como símbolo de la traición al país.
Pero la historia es mucho más compleja y rica. Como siempre. Y estoy convencido de que los catalanes podemos sacar algunas lecciones importantes que procuraré explicar.
En primer lugar, hay que recordar que la historia es siempre retrospectiva, se lee del presente hacia el pasado. Y por eso es fácil de manipular. El régimen de Vichy es presentado habitualmente como un régimen títere sin ninguna legitimidad, pero un poco sí que tenía. Discutible, pero real. Y, de hecho, todas las potencias aliadas que hicieron de De Gaulle el símbolo de la Francia libre contra Pétain mantenían a la vez embajadas en Viche, de manera que reconocían la legitimidad de aquel gobierno. Raymond Aron, intelectual enorme y periodista francés que trabajaba en Londres con De Gaulle, lo explica perfectamente con su honradez tradicional: ‘Vichy era un gobierno colaboracionista pero a la vez era Francia. ¿Qué debía hacer?’, se pregunta. ¿Desmantelar el Estado francés o intentar proteger lo que quedaba?
Ya aviso de que la respuesta, lógica y muy importante para entender dónde estamos nosotros hoy, vendrá más tarde, pero creo que éste es un buen momento para detenernos en ella, porque esto ya nos ha pasado. ¿Qué era la Generalitat del 155, si no?
Cuando se aplicó el 155, el Estado español esperaba una insurrección completa de la administración que no existió. En ese momento sólo las ADIC (*) se plantaron y salvaron para la historia la dignidad política de la institución. La pregunta de Aron, pues, toma sentido en este contexto. ¿Y qué hacer? ¿Había que permitir que desmantelasen la Generalitat? No se desmanteló, pero tampoco se pudo preservar como era antes. Porque es evidente que esta Generalitat que tenemos hoy ya no es la institución autónoma que era antes, ni mucho menos. Y la actuación de los Mossos, y particularmente de la Brimo, son un doloroso recordatorio permanente de ello.
Permítanme que continúe con la historia del Vichy original porque creo que así llegaremos al nudo de la cuestión con relación a la situación catalana.
En 1942 el general Maxime Weygand, que era al mando del África colonial francesa y tuvo un papel nefasto en la represión, pidió a Pétain que dejara Vichy, fuera a Argel y dirigiera, con De Gaulle o sin él, la resistencia francesa. El episodio es poco estudiado y controvertido, pero muy interesante. Pétain no fue y así dejó vía libre a De Gaulle, que en Londres había conseguido el apoyo de los aliados en su Francia Libre, una entidad que hasta entonces era más un eslogan que una realidad y que ahora en Francia es un mito intocable.
Y aquí es donde Aron se hace la pregunta clave, la que nos interesa y nos debemos hacer nosotros: ¿a partir de qué momento mantener el régimen de Vichy dejó de ser sensato y perdió todo el sentido? Su respuesta es clara: ‘Después de noviembre del 42, el gobierno de Vichy y el mariscal Pétain significaron para Francia más inconvenientes que ventajas. Ya no tenía sentido la leyenda según la cual la persona, la presencia del mariscal, protegía a los franceses. Al contrario, aquello implicó una especie de investidura de los movimientos más detestables’. Lo explico y lo traduzco a la situación catalana.
En 1942 se firmó el armisticio entre los alemanes y el gobierno de Vichy y se agudizó la represión contra la resistencia, el debilitamiento del Estado francés en manos de las autoridades alemanas y la colaboración con el Holocausto. Por lo tanto, lo que dos años antes podía ser una opción política discutible dejó de serlo. Si alguien en 1940 pensaba que el régimen de Vichy era un intento de salvar los muebles, en 1942 ya sabía que su existencia quizá salvaba los muebles de la institución pero a la vez amenazaba la vida de toda la población. Y aquí Aron encuentra el límite y aquí está el límite para nosotros también.
Este fin de semana los Mossos han vuelto a atacar a la población por las calles de Barcelona tras varios días de calma relativa. Hay imágenes que en cualquier país democrático no sólo habrían causado la destitución inmediata de los responsables políticos y técnicos del operativo, sino la detención y presentación de los policías responsables de los hechos ante los jueces -por ejemplo, en el ataque salvaje a una terraza de bar.
Desde que se supo la sentencia, la actuación de los Mossos, de la Brigada Móvil en concreto, ha sido intolerable. El sábado, otra vez, la policía española se dedicó a provocar y la Brimo a pegar. Indiscriminadamente. Con una violencia que no se puede justificar de ninguna manera por los disturbios y que vulnera incluso los protocolos operativos del cuerpo.
La Generalitat, y el president Torra en particular, con ello tiene un problema cada vez mayor. El operativo policial es dirigido por los Mossos, lo practique en la calle quien lo practique. Y, por tanto, el responsable último de todo ello no está en la Moncloa sino en la plaza de Sant Jaume. Nosotros podemos hacer ver otra cosa, pero no engañar a nadie con ello. Cuando la comisionada para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, Dunja Mijatovic, urge a ‘las autoridades españolas’ a investigar y sancionar el uso desproporcionado de la fuerza contra los manifestantes, ¿quién puede pensar de verdad que ella no sabe perfectamente que ‘la autoridad española’ en el cargo es el consejero de Interior de la Generalitat de Cataluña o bien el president -que es legalmente la primera autoridad del Estado español en Cataluña? ¿Y contra quién piensan que se dirigirá la investigación? ¿Y quien se manchará ante toda Europa por el abuso de la fuerza sino la Generalitat? ¿De verdad piensan que una persona de este nivel y conocimientos se dirigirá a quien no es el responsable legal del operativo? No hagamos el ridículo, por favor.
Pero hay una manera de verlo todo que todavía es mucho más grave. Ya hay muchos jóvenes encerrados en prisión. Cuatro han perdido un ojo. Hay cientos de detenidos. Heridos también. Y en el encarcelamiento de cada joven y en cada herida está la marca de la Generalitat de Cataluña. Estos son los ‘movimientos más detestables’ de los que hablaba Aron.
Sé que esto que digo no es agradable, pero mi trabajo no es decir cosas agradables. La semana pasada me preguntaba en voz alta en uno de estos editoriales si el país entendía la gravedad de la situación. El sábado fui a las manifestaciones de la calle de la Marina y de la Via Laietana y Marina me pareció que no, que la gente no cree que esta sea una cuestión prioritaria, a pesar de algunas pancartas y algún grito aislado. Al final Elisenda Paluzie estuvo magnífica diciendo los nombres de todos los presos, pero la manifestación no apuntó responsabilidades por los encarcelamientos de 2019, no señaló a los culpables.
Evidentemente que las fuerzas de ocupación se tienen que ir, eso no lo discute nadie. Y evidentemente que Grande-Marlaska es un personaje abominable. Pero este ya no es el problema más grave que tenemos. El debate ya no se puede soportar más. El problema más grave ahora mismo es que la Generalitat post-155, nuestro régimen de Vichy, si se me permite la metáfora, pasa de ser un intento discutible -pero puedo aceptar que honrado- de salvar los muebles a ser el motor principal de la agresión contra los derechos civiles, sociales y nacionales en Cataluña. Y en eso creo que hay que ser muy conscientes de que cada silencio, cada inacción, de cada uno de nosotros es, de hecho, una complicidad.
(*) https://www.vilaweb.cat/noticies/els-funcionaris-presenten-en-societat-ladic-per-a-fer-front-comu-contra-el-155/
VILAWEB








