Quim Torra i Pla 131º President de la Generalitat y coautor de “El libro negro contra Cataluña”
“España se fundamenta en la unidad indisoluble, no en la democracia”
“Cuando Cataluña ha querido dar un paso adelante en su plenitud nacional, todo el Estado se ha movilizado en contra de una forma virulenta”
“Los españoles siempre han pensado que si perdemos la lengua es probable que la asimilación de Cataluña sea mucho más rápida”
El libro negro contra Cataluña. De Felipe V a Felipe VI
Autores: Josep Maria Ainaud de Lasarte y Quim Torra i Pla
Edición: Cosetània
Páginas: 294
Fecha: octubre de 2025
Nos encontramos con Quim Torra i Pla (Blanes, 1962) en la Casa Solterra, en medio del Barri Vell de Girona. Se trata de una casa señorial del siglo XV que dispone de algunos rincones y elementos maravillosos, sobre todo en la planta baja, que ha sido recientemente rehabilitada. Aparte de su interés arquitectónico, el edificio ha tenido, a lo largo de la historia, algunos huéspedes destacables. En un artículo publicado en 1942, el cronista oficial de la ciudad, Enric Mirambell, recordaba que en 1493 habían hecho noche los Reyes Católicos camino del Roselló; y algunos años después, concretamente en 1710, también el archiduque Carlos de Austria. Sin embargo, la casa también tuvo inquilinos más desagradables, como la dirección provincial del Movimiento a partir de 1939. Actualmente, es la sede de los servicios territoriales de Cultura, el Consorcio para la Normalización Lingüística y la oficina del 131 presidente de la Generalitat. Con Quim Torra hablamos de un trabajo que publicó Josep Maria Ainaud de Lasarte en 1995 y que él ha hecho llegar hasta nuestros días: “El llibre negre contra Catalunya” (‘El libro negro contra Cataluña’, que se inició con Felipe V y ahora llega hasta Felipe VI.
-Josep Maria Ainaud de Lasarte cerró ‘El libro negro de Cataluña’ en 1994. Aparte de continuarlo temporalmente, ¿ha introducido algún criterio nuevo a la hora de seleccionar los textos?
-He intentado seguir los mismos criterios. El primero de ellos es que éste es un libro de divulgación, que intenta trasladar el contenido de forma comprensible. Pero claro, Ainaud abarcaba un período de casi tres siglos y en mi caso son 30 años. La desproporción es importante. Sin embargo, dado que en estos últimos años han pasado algunas cosas importantes, nos pareció que valía la pena entrar más en detalle.
-¿El rasgo más notable es precisamente este cambio de escenario que se produce a partir del inicio del proceso independentista?
-Sí, por supuesto. Pero también estaba la voluntad de recuperar un libro clásico, como lo es también el de Josep Benet ‘El intento franquista de genocidio cultural contra Cataluña’ (Publicaciones de la Abadía de Montserrat, 1995) o el de Francesc Ferrer y Gironès ‘La persecución política de la lengua catalana’ (Edicions 62, 1985), por poner dos ejemplos. Hay una serie de libros que quieren dar testimonio de lo que ha sido ese intento implacable de España por acabar con Cataluña. Yo tenía un gran cariño a este libro. Y además se presentó la oportunidad que este año conmemoramos el centenario del nacimiento de su autor, Josep Maria Ainaud de Lasarte. Cuando su familia me hizo el encargo, me hizo mucha gracia. Sin embargo, también debo decir que es algo triste reconstruir todo esto.
-Supongo que no ha andado corto de material, sino al contrario. ¿Qué criterio ha seguido para realizar la elección final?
-Hay grandes ‘hits’. Desde 1994 hasta que llegamos a la tramitación del nuevo Estatut con el primer tripartito, es una etapa todavía del pujolismo. Y en ésta, los ataques son sobre todo contra la lengua catalana. De hecho, es un tema que se remonta bastante antes de 1714. España nunca ha entendido que alguien pueda hablar una lengua que no sea la castellana; y al tratar de asimilarnos, por derecho de conquista, a Castilla, uno de los elementos principales para ello ha sido la lengua. Los españoles han visto –y creo que con razón– que la lengua es lo que nos diferencia. Si estás en un proceso de asimilación lo que quieres es hacer desaparecer lo que lo impide. Los españoles siempre han pensado que si perdemos la lengua es probable que la asimilación sea mucho más rápida y que nuestra voluntad de ser sufra una pérdida y se vaya desmenuzando. En definitiva, que dejemos de querer ser, que es lo que siempre nos ha caracterizado. Por tanto, hay unos años en los que los ataques se centran en la lengua y en cualquier intento de normalizarla. A partir de la tramitación del Estatut es cuando entramos en otra dimensión. De hecho, en cualquier momento en el que Cataluña ha querido dar un paso adelante en su plenitud nacional y de soberanía, todo el Estado se ha movilizado en contra de una forma especialmente virulenta.
-En la introducción del libro precisamente habla de una “represión inaudita”. ¿Es una muestra de la naturaleza del Estado español o de un miedo a los acontecimientos de los últimos años?
-Lo ha sufrido Cataluña y cualquiera de sus posesiones. Ninguna de las colonias españolas pudo liberarse sin sufrir una represión feroz. España siempre ha priorizado la unidad de la patria por encima de cualquier otra consideración. España está fundamentada en la unidad indisoluble, no en la democracia o en la libre voluntad de sus ciudadanos. La unidad española pasa ante todo, ya sea en el marco de una monarquía absolutista, de una monarquía liberal, de la dictadura de Primo de Rivera, de la República, de la dictadura de Franco o de la última restauración monárquica. Hay una frase fantástica de Carlos Lesmes, que fue presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, en la que recuerda a los jueces que lo que deben defender es la unidad de la patria española; que ellos tienen ese mandamiento. Y la Constitución, en ese sentido, es clarísima.
-¿Qué función debe tener un libro como éste? ¿Debe ser un instrumento para concienciar a la gente?
-Yo creo que son libros de referencia, como los que comentaba de Ferrer i Gironès o Benet. Es importante que esto quede, que este testimonio lo vayamos actualizando. Pienso que precisamente estos otros dos libros, tanto el de Benet como el de Ferrer i Gironès, deberíamos ser capaces también de actualizarlos. Son libros fundamentales, que nos ayudan a entender el porqué y el cómo de las cosas.
-¿Estos ataques que se producen de forma reiterada deben aceptarse con resignación? ¿Se deben intentar llevar a la justicia? ¿Qué hacer?
-Yo entiendo que el proceso, entre otros muchos motivos, fue también un intento de romper con esta dinámica de subordinación a España. Y ésta es la parte positiva: ver cómo un pueblo toma conciencia de su derecho a la autodeterminación y empuja a los políticos a avanzar hacia esta línea. Desde este punto de vista, el proceso tiene más valor que el 14 de abril de 1931, con la proclamación de la República, que yo veo más como un movimiento de los políticos inicialmente, al que el pueblo después apoya. El proceso, sin embargo, fue lo contrario. Fue la fuerza de la gente la que empujó y acorraló a los políticos, de alguna manera. Es decir, les construye un camino del que no pueden escaparse y les va empujando hacia delante. Porque yo dudo que aquellos políticos del proceso quisieran llegar inicialmente donde el pueblo les empujaba. Pero no podían hacer otra cosa. Si no, la gente les pasaba por encima. Y ésta es la parte positiva del proceso.
-¿Cree que en cierta forma se menospreció el poder y la capacidad de respuesta del Estado?
-No lo creo. Debo dar por entendido que los políticos que nos dijeron que íbamos a la vía unilateral sabían lo que esto significaría. Porque la historia de España es clarísima. Si intentas separarte de España debes saber que va a pasar todo esto. Desde 1714 o incluso desde la guerra de Separación de 1640, que sabemos que sucederá esto. Es que el exilio no comienza ahora. Ya tenemos exiliados en 1640 o 1714. Para mí, ésta no puede ser una excusa. Tiene que haber otras razones, pero no ésta; porque tengo que entender que si eres un político que mínimamente conoces la historia de Cataluña, sabes que España va a hacer esto. Es más, España lo tiene escrito en la Constitución. Además, en esta “represión inédita” que ha habido durante el proceso hemos visto cómo se han activado otros poderes represores que quizás hasta entonces habían quedado más ocultos, como el CNI o la diplomacia española con toda su red de contactos. Estábamos acostumbrados a otros instrumentos que reprimían cualquier intento de soberanía. Pero ahora hemos visto que es todo un Estado utilizando todos los mecanismos a su alcance para intentar aplacar la voluntad del derecho de autodeterminación de la nación catalana.
-Le traslado un interrogante que usted mismo formula en la introducción del libro. ¿Por qué no se aplicó la independencia?
-Esta es una pregunta que debe contestar la gente que estaba allí. Y estoy deseando poderlo saber. Es decir, estoy deseando que los responsables de esos momentos escriban sus memorias, que nos expliquen por qué no piden a la ciudadanía que sencillamente apoye aquella proclamación de independencia. Yo no entiendo que podamos independizarnos si no es a través de un acto unilateral y con el apoyo de la ciudadanía. Es imposible hacerlo de cualquier otra forma en España. Por tanto, para mí aquella era la vía correcta. Si tú apruebas la ley de transitoriedad y la de referéndum y estás diciendo al pueblo que vas a la vía unilateral, es que debes basarte en la fuerza que generarás para consolidar esa nueva legitimidad que estás proponiendo. Porque si no lo haces así, te pasará lo que ocurrió. Es inevitable.
-¿Cree que no se ha explicado de forma lo bastante transparente qué ocurrió realmente?
-La gente que tuvo aquellas altísimas responsabilidades debe poder contárnoslo con mucho más detalle. Lo que hicimos bien y lo que no hicimos tan bien o hicimos mal. Ahora ya pasa a un legado para las generaciones que van a venir. Yo soy lo primero que hago estas preguntas porque no acabo de conocer algunas respuestas. Tengo algunas informaciones, pero todavía no he llegado a entender por qué no hicimos lo que teníamos que hacer, lo que la ciudadanía estaba dispuesta a hacer; y más después del 1 y del 3 de octubre.
-¿Cómo ve los primeros meses del gobierno de Salvador Illa?
-Yo esperaba que el proceso acabaría conduciéndonos a la independencia, no a un nuevo gobierno autonomista. Estaba convencido de ello. En septiembre de 2017 me piden que redacte la declaración que se leerá en el Parlament el día que proclamemos la independencia. ¡Imagina si no debía estar convencido de que se acabaría consiguiendo! Todo parecía llevar aquí, al menos a partir de la información que yo podía tener entonces y de los actos que públicamente se iban haciendo. Y además, resulta que existe una conjunción astral absolutamente inimaginable, que es que conseguimos votar el 1 de octubre con una represión policial retransmitida en todo el mundo y con unas simpatías generales de muchos públicos en favor de aquellos catalanes que están sencillamente votando democráticamente por su libertad. Es difícil para un pueblo tener tanta energía. Nos había costado muchos años llegar a aquel momento.
-¿Y cómo volver a llegar? ¿Lo ve posible a corto plazo?
-No sé. Creo que sólo podíamos independizarnos de esa manera y llegar hasta el final de esa manera, sabiendo que si no lo hacíamos o que si fracasábamos, pues habría una represión implacable. Esa represión existirá siempre. Nosotros hemos sido conquistados. En 1714, los catalanes pasamos a ser españoles por derecho de conquista. Por derecho de conquista eliminan todas tus instituciones y crean una nueva planta. ¿Qué soberanía es ésta que de repente te intervienen la Generalitat o ya no convocamos nosotros nuestras elecciones o te destituyen presidentes? Sólo podemos escapar de este régimen a partir de la fuerza democrática de los votos y a partir de un acto unilateral basado en esa mayoría social que ya tenemos.
-¿No sé si se ve actualizando de nuevo el libro dentro de unos años o ampliándolo a todos los Països Catalans?
-Valdría mucho la pena ampliarlo a todos los Països Catalans. Al final del libro se dice que “seguirá… o no” y que “dependerá de lo que los catalanes sepamos ganarnos”. Lo que más miedo me da en estos momentos es la sensación de desánimo que nos están queriendo vender. Hay una parte del independentismo que está cabreada, desilusionada y que se siente engañada. Hay otra parte que está comprando el relato que no somos lo bastante, que nunca saldremos adelante, que mejor que volvamos al autonomismo. Y esto es peligrosísimo, porque esto significa que dejamos de creer en nosotros mismos. Y la única fuerza que tenemos es creer en la justa causa de la independencia en Cataluña.
EL PUNT-AVUI










