¡Que vuelva el sentido común!

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y no es un juego de palabras, porque en realidad cada persona tiene una noción sesgada de lo que es o no es el sentido común. Pero tirando aún un poquito más de tópicos diría que a menudo el sentido común tiene cierta relación con esa idea de la mayoría silenciosa. El sentido común no suele dominar a los titulares ni protagonizar los debates políticos y sociales.

Podríamos decir que el sentido común se compone de una serie de ideas, percepciones, experiencias y juicios que la gente asume sin demasiado esfuerzo. Y probablemente por la misma razón la misma gente no siente tampoco la necesidad de esforzarse por defender lo que considera que cae por su propio peso. Hasta el punto de que en épocas de convulsiones y desequilibrios crecen las oportunidades para posiciones alejadas del sentido común.

En la política catalana, por ejemplo, hay varias cosas que son de un sentido común incuestionable y que paradójicamente nadie las dice. Y otras, que no son en absoluto de sentido común y que paradójicamente hay gente que las dice como verdaderas absolutas. Ambas cosas sugieren que somos un país desconcertado, que en muchos sentidos navega a la deriva. Analicemos algunas de estas cosas:

Es de un sentido común abrumador que los líderes políticos del 2017 no ganarán nunca más unas elecciones. Esto lo dice todo el mundo, y mucha gente lo piensa pero no lo dice, o sólo lo dice en privado. Y sin embargo, ahí los tienes, alargando artificialmente carreras políticas totalmente amortizadas con la excusa de la represión o cualquier otra. Incluso dentro de los respectivos partidos la mayoría de militantes se reparte entre los partidarios de cambiarlos y los que desean que se retiren voluntariamente.

Las únicas alternativas a esto, de momento, parecen ser el españolismo y la extrema derecha. No existe alternativa de sentido común alguna. El PSOE, que gracias a los líderes que no quieren retirarse gobierna España desde hace 8 años, está protagonizando la etapa de mayor expolio y más catalanofobia desde la muerte de Franco. Y el gobierno de Cataluña depende totalmente del PSOE porque durante este tiempo sólo se han ocupado de sus rehenes y, ahora, de su partido.

La extrema derecha siempre nos ha propuesto cambiar de enemigo: abandonar la lucha por separarnos de España y centrarnos en eso que ellos mismos llaman “el califato”. Se mire como se mire, esta propuesta es un atentado contra el sentido común. Pero la situación del país es tan extrema que mucha gente parece dispuesta a votar cualquier cosa antes de permitir que siga todo en manos de la alianza entre PSOE y líderes del 2017.

En contraposición a todo esto, me atrevería a decir que existen una serie de ideas absolutamente de sentido común: a) la situación de expolio e indefensión que sufre el país es insostenible y sólo se soluciona con la independencia; b) la independencia sólo puede alcanzarse sin permiso del Estado, con un conflicto intenso y sostenido; c) regalar los votos al PSOE, tanto en España como en Cataluña, es la garantía de continuar como estamos indefinidamente y d) la extrema derecha europea y mundial nunca han apoyado a nuestro país contra España y tampoco lo harán ahora.

Hemos llegado a una situación tan kafkiana que estas ideas, que me atrevería a decir que son mayoritarias en el catalanismo, son extraparlamentarias. Ahora mismo no las defiende nadie en el Parlament, ni en los medios de comunicación públicos o concertados. Es posible que esto sea así, o porque son ideas tan proscritas que nadie se ve con ánimos para levantarse y luchar por defenderlas, o bien porque de tan obvias que son nadie cree que haya que levantarse y luchar por defenderlas.

Cabe decir que circula, ciertamente en círculos más minoritarios, la idea de que no debemos movilizarnos ni votar nunca más. Que nuestra libertad como pueblo la podemos conseguir absteniéndonos de toda participación política. Ésta es otra ocurrencia que a pesar de ser demostrablemente falsa es defendida por gente con la convicción de quien cree que es de sentido común.

Ahora que viene el verano, puede que le demos dos vueltas a la manera de conseguir que vuelva el sentido común. Que todos aquellos que vemos evidente que no podemos continuar como estamos ni apoyar pretendidas alternativas que no llevan a ninguna parte levantemos la voz. Hay que tomar conciencia de que en política la razón debe defenderse, porque cuando nadie lo hace, la irracionalidad se acaba imponiendo.

EL MÓN