CUENTAN que allá por los años 20, Aniceto Petit, a la sazón perrero municipal y empedernido consumidor de chiquitos de vino, se presentó como candidato a alcalde de Pamplona con un peculiar programa, en el que prometía convertir nuestra metrópoli foral en puerto pesquero trayendo un brazo de mar desde Pasajes hasta la Rochapea. Con esa gigantesca obra de ingeniería perseguía un doble objetivo: que nuestra ciudad tuviese pescado fresco y acabar con el paro obrero. Muchos lo pasearon en volandas por las calles de la ciudad, pero pocos le votaron. Con muy buen criterio, se lo tomaron a risa. Las cosas han cambiado mucho. Hoy, Aniceto sería alcalde, o consejero, o presidente, o algo. La consejera de Obras Públicas, Laura Alba, ha anunciado que las obras del primer tramo navarro del TAV comenzarán este verano. Según lo convenido, Navarra asumirá la financiación, cuyo coste le será posteriormente devuelto por el Estado, si es que hay dinero para ello. En palabras de Alba, con esa fórmula se consigue “garantizar la construcción” del corredor navarro. Lo que no se garantiza es su enlace con la red de alta velocidad, pues todavía están por concretar el trazado del tramo estatal de Zaragoza y el de la Y vasca. Esto es, en mitad de esta enorme crisis, el Gobierno foral se embarca en una de las obras públicas más caras de la historia sin tener la seguridad de que vaya a servir para algo más que poder realizar el trayecto Castejón-Zuasti en un tiempo récord y, eso sí, acabar con el paro empresarial -que no obrero- mediante el reparto de millones en concesiones de obras. Hasta al bueno de Petit le habría parecido descabellado, sobre todo si hubiese escuchado los diáfanos mensajes del ministro Blanco: “Para ahorrar quince minutos no podemos gastarnos dos mil millones, lo pida quien lo pida. Tenemos que dejar de construir por construir ya que nada volverá a ser como antes”. Qué tiempos los de antes. A Sanz en Madrid lo apodaban Cuestión de Estado, porque cada dos por tres se plantaba allá diciendo que tal o cual obra pública era una ídem, debido a la importancia de Navarra en el problema vasco. Con ese argumento, y por la misma vía de los hechos consumados, sacaron adelante el carísimo pantano de Itoiz. Y venga cemento. Pero ahora estamos en crisis y a Aniceto Sanz estas bravuconadas le pueden salir caras. Nos pueden salir caras a todos, pues las pagamos a escote.









