Pere Vilanova: ‘Los autores de los atentados no han ido nunca a “misa”; son nihilistas anti-sistema’

Entrevista con el catedrático de Ciencia Política y experto en relaciones internacionales sobre los atentados yihadistas vinculados a Estado Islámico

Un nuevo atentado en el corazón de Europa ha sacudido y conmovido a los ciudadanos europeos que ven el conflicto de Oriente Próximo como algo lejano. Los análisis y las interpretaciones, así como el reparto de culpabilidades, se han esparcido como una mancha de aceite después de las explosiones en el aeropuerto y el metro de Bruselas que han dejado una treintena de muertos y cientos de heridos. Hemos querido hablar con el catedrático de Ciencia Política y experto en relaciones y derecho internacional, Pere Vilanova. Su mirada contrasta con la de los que tienden a culpar a Occidente ‘de los problemas de Siria. Vilanova combate este concepto y este enfoque binario -Occidente-islam- que da la razón al planteamiento que hacen los propios militantes yihadistas. Y explica desde la experiencia que hace muchos años que hay atentados indiscriminados. En todo caso, en esta entrevista analiza las diferencias y las evoluciones de esta violencia supuestamente motivada por la religión o la ideología.

-Las sociedades desarrolladas de riesgo cero no existen, ha dicho en alguna ocasión. ¿Nos tenemos que ir habituando a estos atentados? ¿No es una especie de resignación?
-Al contrario. Es una constatación. Debemos hacer unas reflexiones que den la sensación a la gente de que no se les lia. Hay que decir la verdad sobre estos atentados porque somos adultos. Otra cosa es cómo se le debe explicar a un niño que se haya visto implicado… Pero es lo contrario de la resignación: asumir que el entorno en que vivimos ha ido cambiando y este tipo de atentado no son excepcionales . Aunque cuando pasan sean horribles -por ejemplo, el de Madrid de 2004-, no debemos deducir que no volverá a pasar porque no puede ser que vuelva a ocurrir algo tan grande. Esto no va así. Debemos tener presente que se debe hacer todo lo posible para que no vuelva a pasar. Y no podemos hacer lo contrario: encerrarnos en casa en la soledad de una seguridad más aparente que nada y dejar de hacer vida normal.

-¿Quiere decir que no tenemos que cambiar nada de lo que hacemos en nuestro día a

día?

-Quizá haya que ir con más cuidado con determinadas cosas. Por ejemplo, hay gente que ha decidido que no veraneara más en los países árabes. Bueno… Es cierto que tal como los medios de aquí explican las cosas puede parecer que Egipto es un lugar peligroso. Pero esta semana lo que era peligroso era estar en Bruselas. Y hace cuatro meses, lo peligroso era París. Hay que seguir con determinación individual y colectiva haciendo todo lo que es normal en nuestras vidas porque no hay alternativa.

-Atentados en Europa, ha habido desde hace muchos años. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué los hace diferentes ahora?
-Hay varias diferencias. Pero la gente de mi generación y que iba a menudo a París a finales de los sesenta, los setenta y los ochenta, recordamos perfectamente que el famoso terrorista Carlos, que fue detenido años después, una vez tiró unas granadas de mano en una tienda de comestibles del barrio de Saint-Germain. Fue un acto completamente indiscriminado. No tiró unas granadas contra una comisaría de policía. Murieron unas quince personas. ¿Por qué? Él reivindicaba la causa palestina. Ni él ni los de aquella época se inmolaban a cambio de nada, tan sólo para marcar territorio. Pero hace muchos años que hay terror indiscriminado. La estación de metro de Saint-Michel recibió dos atentados con bomba en pocos meses de intervalo. Esto no es nuevo.

-Pero sí hay algunos cambios…
-Ha cambiado el perfil psicológico, ideológico o mental de los que hacen estos actos. Esto ha cambiado y mucho. Si los terroristas deciden inmolarse, tus pautas y protocolos de actuación sirven de bien poco. Ya no hay una negociación sobre los rehenes o las reivindicaciones. Todo eso se acabó. Cuando actúan, actúan y no esperan nada a cambio. Quieren sembrar el terror y la muerte, cuanto más mejor. Por ejemplo, en el Bataclan, una vez estaban dentro, algunos fuera hablaban de negociar y dialogar… ¡Ni hablar! Los que estaban dentro enviaban mensajes pidiendo que la policía entrara rápidamente porque estaban ejecutando uno por uno a todos los que se encontraban allí. Todos los protocolos de lucha antiterrorista actuales dicen que cuando hay un ataque de estos hay que entrar rápidamente porque no habrá negociación posible. Claro que habrá bajas, pero la alternativa es que los maten a todos. Es muy duro, pero es la realidad.

-¿Quién hacía un atentado antes tenía unos objetivos concretos y medibles…
-Sí. Tenía unos objetivos interpretables. Cogían un avión y decían: ‘Queremos trescientos presos palestinos que están en las cárceles israelíes’. Los israelíes decían que ni hablar. Entonces el avión iba a Atenas. Allí negociaban la liberación de no sé quién. Después hacia Argelia. Allí negociaban soltar a los niños. Después los israelíes asaltaban el avión y había algún muerto, pero los secuestradores no iban más allá. Ahora, cuando consiguen controlar un avión, lo primero que hacen es cerrar las comunicaciones -por tanto, negociación cero- y después lo estrellan contra algún símbolo. Puede ser la Torre Eiffel, puede ser el Palacio de Oriente de Madrid… no quiero dar más ejemplos.

-¿Y eso es porque no hay una motivación religiosa o ideológica, sino que existe una voluntad de reventar el sistema?
-Yo estoy completamente de acuerdo con el francés Olivier Roy, que dice que estos chicos no hacen esto porque encuentren que el imán de su barrio es demasiado moderado. Estos chicos no han ido nunca a misa (como lo diríamos nosotros). Su problema no es que estén en desacuerdo con un islam moderado. Su rechazo es social y radical contra una visión del mundo. Son nihilistas anti-sistema. Los ha habido a lo largo de la historia. Cuando Bakunin preconizaba la acción directa, la diferencia es que no había YouTube, internet y las redes. Pero… Y esto lo convierten en una ideología.

-La religión es un pretexto?
-No es tanto que utilicen la religión como un pretexto o una excusa, sino un mecanismo para dar sentido a lo que hacen. El papel de las ideologías es dar este sentido a nuestras actuaciones. Los palestinos que secuestraban aviones en los años sesenta con motivos muy concretos -como la ocupación de Palestina- no hablaban de los cruzados. Hablaban de la lucha por la liberación de la tierra y contra el papel de Estados Unidos apoyando al estado israelí. Ahora esto los judíos, los cruzados… toda esta retórica contra el Islam. Asesinar a la gente de la religión del libro está absolutamente prohibido en la tradición musulmana.

-Ante los atentados, hay una tendencia a autoculparse. Se dice que esto es la consecuencia de la ‘nuestra acción en Oriente Próximo.
-Este es un fenómeno muy curioso porque se basa en dos falacias. Como estos yihadistas hacen un planteamiento del mundo binario -‘nosotros y los malos’, que seriamos nosotros-, aquí hay mucha gente que lo asume inconscientemente hablando de occidente y el islam. Oiga, Occidente es una categoría ideológica. Yo no sólo no tengo nada que ver con el señor Bush cuando invadió Irak, sino que me movilice en contra. Me gustaría saber cuántas capitales árabes, excepto Beirut, se movilizaron contra la guerra de Irak. Que yo sepa, ninguna. Además, el concepto de Islam tal como lo invocan estos jóvenes se basa en una ignorancia supina. La guerra entre suníes y chiíes, que es el principal problema del Islam desde hace mil cuatrocientos años, es la que causa más muertes en Oriente Próximo. ¡Hay que saber de qué se habla! Luego está esta tendencia de pensar que, si hay un drama en el mundo, debe ser culpa nuestra. Y si no, de los americanos. Pero por defecto, de los americanos y nuestra. Yo no voy a entrar en este juego. Esto es un despropósito.

-¿La Existencia de un territorio controlado por Estado Islámico es determinante para este tipo de atentados en Europa?
-Ahora que se han desclasificado documentos incautados a Bin Laden, hemos sabido que él tenía una discusión muy fuerte contra los que ahora son estado Islámico -entonces ISIL- porque él defendía que no había que territorializar el campo de actuación. Consideraba que crear un estado islámico en un territorio conocido puede dar la sensación de haber conquistado unas tierras, pero eres mucho más vulnerable, localizable y visible. Al Qaeda pasó diez o doce años sin que nadie acabara de saber dónde se les podía encontrar. Y eso preocupaba aún más a los países que querían combatir porque era un movimiento inalcanzable. Podía hacer atentados en Mali, en Casablanca, en Túnez… y no teníamos ni idea de dónde ir a buscar. La reflexión sobre si esto de pretender construir un estado islamista en un territorio determinado y controlando una población ha sido una buena idea queda abierta. Yo tengo dudas fundadas.

-¿Los sospechosos de los atentados de esta semana son nacidos en Bélgica que se ilusionan con el fenómeno de Estado Islámico y viajan?
-Sí. Porque ir es como un ritual de iniciación. Un ritual que te da visibilidad en las redes. La sensación es que estos jóvenes desarraigados y desarticulados socialmente van allí, les dan un kalashnikov y salen en Youtube con posturas guerreras como si fueran Rambo. Y luego llega un dirigente de Estado Islámico que les ordena degollar un periodista estadounidense. Y algunos superan el ritual iniciático y otros no. Hay muchos que vuelven al país donde nacieron. Y algunos países europeos tienen programas de recuperación de estas personas que, además, sirven para obtener información por los servicios de inteligencia y conocer mejor el funcionamiento y el perfil de los yihadistas.

-¿Y los que superan la prueba?
-Ya están perdidos. Y entonces se quedan allí un tiempo haciendo una especie de colonias, aprenden a hacer cuatro bombas y vuelven. Y aunque sean pocos -mil setecientos en Francia por los cinco millones de franceses musulmanes-, son capaces de hacer estas acciones con mucho impacto. Hay un problema de perfil psicológico. Se equivocan los que dicen que, si estos barrios periféricos fueran menos pobres, el fenómeno desaparecería. Existe una correlación entre desarraigo social, frustración y paso hacia la violencia, esto ya pasaba en los años setenta en Europa. Entonces no era desde el islamismo. El paso este se hacía en organizaciones marxista-leninistas completamente delirantes. Brigadas Rojas en Italia, la Baader-Meinhof en Alemania, etc.

-¿Quiere decir que es comparable?
-Bueno, esta generación de ahora es el destilado, o el filtro último, o el licor fuerte de los que quemaban coches en la ‘banlieue’ de París hace unos años. Los quemaban y no sabían por qué. Ni ellos no lo sabían. Quinientos coches en una noche. Uno de ellos hacía unas declaraciones en la tele diciendo que lo haría estallar todo… Esto no es exactamente una invocación religiosa.