Entrevista al periodista y autor del libro ‘Jaque al Estado. La trama secreta del 9-N y la reanudación del proceso’
La consulta del 9-N sobre la independencia de Cataluña fue un éxito brillante. Dos millones trescientos mil ciudadanos se alzaron y desobedecieron a un Estado que los quería callados y en casa. El 9-N fue la primera cumbre de un camino que se había gestado durante mucho tiempo. Pero no quedó exento de componendas, disputas, rivalidades y juego sucio: de España contra el proceso, pero también de los partidos políticos, ellos con ellos. El periodista Pere Martí explica el antes y el después del 9-N en el libro ‘Jaque al estado. La trama secreta del 9-N y la reanudación del proceso’ (Pórtico, 2015). Hemos hablado con él en esta entrevista que avanza alguno de los secretos que explica el libro. ¿Qué pasó el 7 de agosto entre Mas y Junqueras? ¿Por qué se discutieron Ramon Espadaler y Joana Ortega en la mañana del 9-N? ¿Por qué la CUP apoyó el nuevo formato del 9-N después de la prohibición del TC?
– Se indica la misteriosa reunión del 7 de agosto como el momento de ruptura entre Mas y Junqueras. ¿Qué pasó?
– Fue una reunión importante para el proceso porque tuvo lugar la formalización del desacuerdo estratégico entre Mas y Junqueras. Ambos evidenciaron que tenían hojas de ruta diferentes para encarar la consulta. Mientras Mas proponía unas plebiscitarias el mismo 9-N si el TC suspendía la consulta, Junqueras defendía que la consulta se tenía que hacer a toda costa y consideraba una renuncia la posición de Mas. El republicano quería hacer la consulta con los medios que fuera aunque hubiera sido ilegalizada.
– ERC certificaba la pérdida de confianza en Mas.
– A partir de aquella reunión, la tesis de Esquerra era que Mas no sería capaz de hacer la consulta.
– Y a partir de ese momento, cuanto más se avanzaba más desconfianza había. Con una escenificación evidente en el debate de política general a finales de septiembre.
– A partir del 7 de agosto todos los movimientos de Mas y Junqueras son fruto de la desconfianza. Pero hay que tener en cuenta que la interpretación que hizo ERC de la actitud del presidente fue determinante para que llevara adelante la ley de consultas y firmara el decreto de convocatoria. Y también para que se acabara haciendo la consulta a pesar de la prohibición. Con todo, la desconfianza de ERC hacia Mas no disminuyó. Fue una discrepancia política que durante septiembre y las cumbres de partidos de octubre se hizo muy evidente, pero que quedó superada por el entusiasmo de la convocatoria de la consulta y no afectó al éxito del 9-N. Por debajo de la euforia de la gente, el malestar entre los partidos no dejaba de aumentar. Todo ello quedó aún más claro cuando Mas y Junqueras dieron las conferencias. La fractura de la unidad estratégica se expuso a los ojos de todos.
– Hemos pasado muchas páginas. Volvamos atrás. ¿Qué pasó en las tres cumbres famosas en el Palau de la Generalitat, en el Palau Robert y el Palau de Pedralbes?
– Se hizo un poco el ridículo, con estas reuniones, que debían ser secretas y se filtraban a primera hora. La desconfianza entre los dos que las debían liderar era total y eso las condicionó completamente. Incluso, Mas y Junqueras se reunieron en secreto antes de la reunión de Pedralbes para tratar de acercar posiciones. Por otro lado, estaba el desinterés manifiesto de Iniciativa, que no quería jugar fuerte en el proceso. Herrera buscaba una puerta de salida en cada reunión. Los partidos fueron incapaces de tomar el relevo de la sociedad civil en el liderazgo y la concreción de los siguientes pasos del proceso.
– La CUP era quien más había hecho bandera de la desobediencia, pero también fue quien asumió más rápidamente la jugada del presidente. ¿Cómo se entiende?
– La CUP entendió que cualquier convocatoria que esquivase la orden de prohibición de España era un acto de desobediencia. Hay dos factores que también lo facilitaron. Primero, que durante las reuniones se consolidó la sintonía personal entre David Fernández y Artur Mas. Segundo, la CUP sabía que la confrontación real con el Estado era votar. Y votar el 9-N. Hay que pensar que Junqueras llegó a proponer aplazar la consulta para hacerla en mejores condiciones. La CUP se añadió a la propuesta del presidente desde una distancia crítica. Y su gesto fue determinante.
– La semana de la ruptura y la reconducción del 9-N se cerró con el acto de Òmnium y la ANC en la plaza de Cataluña. ¿Sirvió para reconducir la situación?
– Herrera había dicho que no votaría y terminó votando. Junqueras había hablado de rendición de CiU y terminó haciendo de voluntario en una mesa. El acto del 19 de octubre fue el retorno de la sociedad civil, que había dejado el proceso en manos de los políticos después de la ‘V’ del Once de Septiembre. Volvió para decir con mucha claridad a los partidos que se pusieran a trabajar para que el 9-N fuera un éxito. Fue la primera convocatoria de la ANC y Òmnium donde los gritos a favor de la unidad fueron predominantes. En las jornadas anteriores no se gritaba ‘unidad’ porque se consideraba cosa hecha. Los partidos que no veían clara la estrategia de Mas la acataron y se pusieron a trabajar para la consulta, tal vez sin mucho entusiasmo.
– Y Forcadell exigió la convocatoria de elecciones a principios del 2015. ¿Esto tranquilizó a ERC?
– Esquerra ha hecho todo este proceso con el miedo de si el gobierno y el presidente frenarían. La llamada de Forcadell fue un gesto hacia ERC para que se tranquilizara y se pusiera a trabajar por el 9-N. La verdadera voluntad de la ANC -tal como decía su hoja de ruta- era que el nuevo parlamento se hubiera constituido en primavera y que se hicieran elecciones con una candidatura unitaria.
– Aquella llamada a convocar elecciones en tres meses incomodó a Convergencia.
– Sí. Porque Convergencia habría hecho las plebiscitarias el 9-N. Y luego no tenía claro cuál era el mejor calendario para hacerlas. Mas dijo que el 9-N necesitaría una segunda vuelta en forma de elecciones sin precisar la fecha. ERC quería hacerlas en marzo y le iba muy bien que Forcadell lo pidiera de la forma en que lo hizo.
– Mas ya sabía que ERC no querría ir en una lista unitaria. Por tanto, no quería poner fecha a las elecciones.
– Exacto. La presión de la fecha les iba en contra a la hora de negociar la fórmula de las plebiscitarias. Mas dijo que la condición para hacerlas en marzo era que hubiera una lista como la que propuso en la conferencia del 25 de noviembre.
– Con todos aquellos obstáculos y presiones, se llegó al 9 de noviembre. ¿En el libro, explica que algunas órdenes judiciales a los mossos provocaron fuertes tensiones entre consejeros?
– Una de las cosas que cuento en el libro es que la vicepresidenta del gobierno, Joana Ortega, responsable de la organización de la consulta, recibió una llamada del consejero Espadaler el día 9 a primera hora pidiéndole la lista de voluntarios que se habían registrado. Ortega se negó en redondo. Aquello significaba revelar la identidad de los más de cuarenta mil voluntarios. Tuvieron una conversación muy tensa. Al final, se envió una carta a la fiscalía diciendo que no tenían los nombres a su disposición y que no se los darían. Fue un acto de desobediencia. Entregar los nombres de los voluntarios habría sido intolerable.
– El 9-N originó tensiones internas. Pero también tuvo ataques fuertes de España. Por ejemplo, un ciberataque importante el fin de semana de la votación.
– Todo el proceso de la consulta se hace contra la voluntad política del gobierno español, que no quiere dialogar en ningún momento. Ni siquiera cuando Joana Ortega viaja en secreto a Madrid para reunirse con Soraya Sáenz de Santamaría para tratar de frenar la ofensiva judicial contra el 9-N. El Estado español forzó los límites del estado de derecho. La consulta hizo evidente que en España no hay separación de poderes. La forma en que se utilizó el TC fue aberrante desde el punto de vista democrático. La revuelta de los fiscales -insólita en un cuerpo de la judicatura española- por la querella contra Mas, Ortega y Rigau fue el ejemplo más claro del abuso de poder del gobierno de Rajoy.
– Contra todo ello, la consulta fue un éxito absoluto. Pero la fiesta duró poco.
– El malestar entre partidos tapó injustamente el éxito cívico y político de la consulta. Que dos millones trescientos mil ciudadanos fueran a votar en una convocatoria prohibida por el Estado español es impresionante. Fue espectacular. Un acto de desobediencia nunca visto en el mundo. El 9-N se puede comparar con los actos de desobediencia más conocidos de la historia. Podemos hablar de Martin Luther King, de Rosa Parks, de Gandhi… sin hacer demagogia. Hablamos de dos millones trescientos mil ciudadanos de una población de siete millones y de un censo electoral de cinco millones y medio. ¡Esto es muy grande! En cualquier país normal hubiera significado un refuerzo definitivo del movimiento que lo hubiera promovido y habría implicado una disposición del Estado a negociar.
– En pocas semanas nos encontramos con las conferencias de Mas, primero, y Junqueras, después. ¿Qué pasó?
– Fueron la escenificación de hojas de ruta contrapuestas. Las discrepancias se teatralizaron. Estalló una bomba que hacía tiempo que se iba cargando.
– ¿Qué nos indicaron estas escenificaciones?
– Junqueras fue a la conferencia del presidente y le costó mucho el aplaudir. En cambio, Mas fue a una conferencia de partido -cosa inédita en un President- y después de haber aplaudido las intervenciones de Junqueras, escuchó cómo la gente gritaba ‘president, president…’ al final de la conferencia. Las formas fueron muy diferentes. Me parece que ERC no entendió bien la propuesta de Mas. El presidente proponía continuar el proceso sin los partidos de manera que el liderazgo permaneciera en la sociedad civil. Sin prescindir completamente de los partidos, pero dando el peso de los meses más decisivos a la sociedad civil, que era quien había hecho andar el proceso.
– La sociedad civil debía llevar al país a la independencia.
– Mas dibujaba un periodo de dieciocho meses para a hacerlo. Y ERC lo leyó como una OPA. Incluso se habló de chantaje, desde las filas republicanas. Y no era así. Mas llegó a pensar en cerrar la lista electoral. La propuesta de Mas no era partidista. En cambio, Esquerra hizo una propuesta legítima, pero de siglas. Abierta a la izquierda y todo lo demás, pero muy diferente a la del presidente Mas. El presidente estaba dispuesto a sacrificar su partido en favor del proceso y Oriol Junqueras, no. Eso nos situó en un callejón sin salida que hizo peligrar el proceso.
– La incapacidad de CDC y ERC -que son la garantía del éxito del proceso- para acordar una estrategia y para entenderse obligó a la sociedad civil a volver a dar un paso adelante para salvar la situación. Forcadell, Casals y Vila d’Abadal se abocaron a presionar Mas y Junqueras para que encontraran un punto común. Se llegó a un acuerdo de mínimos el 14 de enero, pero que no significó una restauración de la confianza y las buenas relaciones. Se pudo pactar un calendario con unas elecciones el 27 de septiembre con carácter plebiscitario. De hecho, el 14 de enero se acordó dejar la puerta abierta. Poco más. Era un pacto de mínimos que había que dotarlo de contenido. Hay una hoja de ruta creíble y viable para volver a despertar la ilusión si el independentismo quiere ganar las elecciones de septiembre.
– Parece que empiezan a darse pasos en esta dirección. Ahora se han incorporado tres asesores de ERC al gobierno.
– Ciertamente, tras meses de falta de diálogo entre Mas y Junqueras, hay síntomas de deshielo. La reunión de la semana pasada entre el president y Junqueras ha servido para empezar a esbozar una hoja de ruta común hacia el 27-S y se ha concretado con la entrada de asesores republicanos en el gobierno. Son hechos que demuestran que CiU y ERC han entendido que la división es paralizante y que la unidad de acción suma. La unidad es condición necesaria para que las elecciones del 27-S sean plebiscitarias.
– Después de haber analizado todo lo que pasó antes del 9-N y después, ¿cree que se llegará al 27-S en condiciones?
– Se debe confirmar la tendencia que nos indica esta incorporación de asesores de ERC al gobierno. En la medida en que la hoja de ruta vaya dotándose de contenido, las expectativas irán mejorando. Diría que Mas y Junqueras han llegado a la conclusión de que, si se pelean, pierde todos, y que, si están juntos, ganamos todos. No sé si con una candidatura unitaria, porque no quiero reabrir debates cerrados, pero sí tengo claro que sin unidad estratégica no hay opciones de victoria. La división resta. Y la unidad no suma, sino que multiplica.
– La unidad es un concepto que puede tener muchos significados…
– Cuando hablo de unidad, no me refiero a una lista paraguas. Los contenidos son muy importantes. Y hay que generar confianza. Con una hoja de ruta sólida y estimulante, el independentismo puede encarar las elecciones con garantías. Si los partidos llegan divididos al 27-S, los ciudadanos deberán decidir a quién premian y a quien castigan con su voto por la actitud durante el proceso.
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