Hace diez años, decir que un presidente del gobierno español podía acabar en prisión –no como una teoría, sino como un hecho a comprobar pronto– habría parecido una ’boutade’ de tertulia nocturna. Hoy es la conversación ordinaria de Madrid, y no sólo la de los extremistas, sino también la de los comentaristas más sensatos del régimen. La crisis de Ceuta se ha judicializado a una velocidad escabrosa y la pregunta que todo el mundo se hace ya no es si Pedro Sánchez aguantará la legislatura, sino si, al final de este camino, hay para él un banquete en una sala de juicios y, tal vez, una celda en una cárcel.
La mecánica que utilizan es conocida. Vox quiere el atajo: el artículo 102 de la constitución, que implica una acusación de traición aprobada por el congreso y el presidente llevado ante la sala segunda del Supremo. No parece fácil: de momento no le salen las cuentas ni mucho menos –necesitarían ochenta y ocho diputados para ponerlo en marcha y ciento setenta y seis para aprobarlo– y, además, el delito de traición está tan delimitado en el código penal que sería muy complicado encajar en el mismo una mala gestión.
El PP, en cambio, prefiere el camino lento y, seguramente, más eficaz y seguro: que la instrucción de la jueza Tardón avance sola, que sigan apareciendo informes, que la cadena de mando se reconstruya acta por acta y que, si algún día aparecen indicios contra un aforado, sea la propia juez quien eleve una exposición razonada al Supremo. Podemos pensar que ninguna de las dos vías acabará en condena antes de llegar a las elecciones, pero que estén sobre la mesa y que la política española gire alrededor de ello es mucho más significativo y lo condiciona todo.
Por eso creo que es tan necesario, desde el independentismo catalán, leer el porqué. Entender por qué España se encuentra ya en la situación en la que se encuentra.
Especialmente porque debemos ser conscientes de que la causa de fondo no es Ceuta. La ofensiva que vemos estos días no la inventó la derecha el pasado agosto. La derecha, en cualquier caso, se sirve de un permiso que le firmaron. Que le firmó, específicamente, un señor sin moral ni principios llamado Pedro Sánchez.
Lo hizo en septiembre y octubre del 2017 con la llegada de los ‘piolines’ a Barcelona, el 155, los espectáculos dramáticos en el parlamento, los golpes contra los ciudadanos, la presión a las empresas, los juicios, las prisiones y el exilio. Con el aplauso socialista a todo ello, PP y PSOE enviaron conjuntamente cinco mensajes inequívocos a la población española. Los escribí aquí mismo, en un artículo editorial de hace seis años, y los vuelvo a copiar hoy sin tener que cambiar una coma. Lo que el PP y el PSOE utilizaban entonces para Cataluña es exactamente eso que el PP y Vox utilizan hoy para Ceuta.
1) La unidad de la nación española está por encima de la democracia.
2) Si un gobierno no te gusta, puedes seguir procedimientos no democráticos para tumbarlo sin remordimientos.
3) El Estado profundo es más poderoso que el gobierno y, por tanto, es más eficaz para combatir las ideas que no te gustan.
4) La violencia política no sólo es legítima, sino que es alentada si la patria peligra.
Y 5) Las fuerzas armadas son la garantía de la unidad.
Lean ahora los periódicos de la semana pasada con esta lista al lado. Un informe policial de cincuenta y cinco páginas que llega a una juez sin pasar por el ministro. Una ministra de Defensa que, al ver que puede acabar en delito, se coloca a una distancia prudencial del presidente y deja que los servicios de inteligencia digan lo contraria que la Moncloa. Un gobierno que ya no sabe si existen sectores de la policía y de la Guardia Civil que actúan por su cuenta. Y una oposición que ha entendido que no es necesario ganar ninguna moción de censura si puedes hacer el trabajo con un sumario. Punto uno. Punto tres. Punto cinco. Punto dos. Y ya empiezan a apuntar abiertamente a su punto cuatro.
Los socialistas, tan satisfechos de sí mismos como irresponsables siempre –e irresponsables lo defino a la manera precisa de Johann Chapoutot–, simplemente pagan ahora su apoyo entusiasta al golpe de estado contra Cataluña. Pagan no haber apoyado a la democracia y no haber defendido con firmeza contra el PP el valor de la política como método de resolución de los conflictos.
Haciendo lo que hicieron en 2017, los socialistas firmaron un certificado notarial que dice que el Estado pasa por encima de las urnas y que quien tiene las togas y las armas es más poderoso que quien tiene los votos. Simplemente, los fiscales, jueces, comisarios y generales que en 2017 aprendieron que podían pasar por encima de un gobierno legítimo no han desaprendido la lección. Comprobaron que funcionaba. Y se han aficionado a ello.
No quisiera que nadie se confundiera: que quede claro que yo no celebro la cárcel de nadie ni, mucho menos, ningún avance del fascismo. Nosotros ya sabemos demasiado bien qué significa una cárcel española, el exilio, los juicios y los porrazos, y quien ha conocido todo esto de cerca no bromea. Pero sí creo que tenemos todo el derecho del mundo –¡y la obligación!– de señalar la moral de la historia y recordarla a aquellos que no quisieron escucharnos cuando era necesario: quien acepta las formas de actuación del fascismo, acepta su legitimidad. Y tarde o temprano le llega el turno.
Todo esto que repito hoy ya lo expliqué en estas mismas páginas el 17 de mayo de 2020, en la editorial “Madrid estallará: preparémonos para utilizar su ira”. Hace seis años de eso. Pero no tiene ningún mérito, pues no hacía falta ninguna bola de cristal para escribirlo: bastaba con mirar las corrientes de fondo en lugar de las olas superficiales, como nos enseñó el gran Fernand Braudel.
En cualquier caso, dado que tenía razón, la cuestión –repetiré también lo que dije entonces– no es qué les ocurrirá a Pedro Sánchez y a España. No es lo que me interesa a mí. El gran tema que me preocupa y me remueve es qué haremos nosotros cuando todo esto estalle definitivamente y cómo sacaremos provecho para hacer la independencia y marcharnos, aprovechando la crisis española. En esto –lamento tener que constatarlo–, estamos mucho peor que hace seis años. Pero la oportunidad es la oportunidad. Y nos va llegando.
(1) https://www.vilaweb.cat/noticies/madrid-explotara-preparem-nos-per-a-fer-servir-la-seua-ira/
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