Si ha habido una ciudad que se puede calificar como la capital de la lengua vasca esa es sin ningún género de duda Pamplona. El escritor labortano Joanes Etxeberri lo dejó escrito hace aproximadamente tres siglos: la ciudad principal de las gentes vascohablantes es Pamplona: “Iruiñea Eskualdunen hiri buruzagia”.
Antes, a principios del siglo XVII, Juan Beriain, escritor nacido en Uterga (Valdizarbe) y autor de dos librillos bilingües publicados en nuestra ciudad, manifestó en el prólogo que él escribe en el euskera de Pamplona, que es el más comprensible y extendido del Reino de Navarra y que todos los pueblos del mundo deben apreciar su lengua; en este caso el euskera.
En palabras del villavés Peio J. Monteano Sorbet, doctor en Historia y Técnico Superior del Archivo General y Real de Navarra, “sin ninguna duda, Pamplona era (en el siglo XV) el mayor centro urbano de la lengua vasca y lo seguiría siendo hasta el siglo XVIII”.
Hay infinidad de testimonios que abundan en la misma línea. Basta con recordar que según datos de las parroquias pamplonesas, es decir, San Nicolás, San Lorenzo, San Saturnino y San Juan (Catedral), la gran mayoría de la población de la capital se confesaba en euskera en torno a 1650: más de ocho de cada diez personas.
En cuanto a la situación lingüística en la Edad Media, una reciente publicación de Monteano aporta luz a la Pamplona del Medievo, superando la visión tradicional que relegaba sobremanera la presencia de la lengua vasca, visión que se basaba en el idioma en el que estaban redactados los documentos de aquellos siglos (latín, occitano, romance navarro). Tal y como lo recoge el propio Monteano, no todos participaron de dicha percepción. Así, el insigne historiador, filólogo y medievalista estellés José María Lacarra (1907-1987) manifestó que en ocasiones los documentos están redactados por gentes que hablan vascuence, que piensan en vascuence, aunque escriban en otra lengua, y afirmaba que el navarro era un pueblo que escribía en una lengua que no era la que hablaba.
Todo ello se recoge en el riguroso estudio elaborado por Monteano, que lleva por título ‘El poema de Anelier y la Pamplona de la época (1276). Comentario histórico y lingüístico’, publicado en el 750 aniversario de aquella guerra civil que tuvo lugar en Pamplona y que acabó con la destrucción de la Navarrería. El estudio acompaña la edición facsimilar de ‘La Guerra de Navarra’ del ejemplar escrito en lengua occitana en 1276 por Guilhem de Anelier de Tolosa (Occitania), edición realizada por la Editorial Mintzoa de Pamplona.
Monteano es muy claro en sus conclusiones: el euskera fue el habla cotidiana de toda la ciudad en aquellas centurias medievales, no solo de la Navarrería, sino también de la Población de San Nicolás y del Burgo de San Cernin. Lo resume de este modo: “los pamploneses de la época de Anelier hablaban todos euskera y algunos, además de ello, sabían y sobre todo escribían otras lenguas”.
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