Para evitar malas interpretaciones, hay artículos que se deben empezar con una declaración de principios. Y, en el de hoy, mis puntos de partida son estos. Uno: estoy a favor de la existencia de una línea ferroviaria orbital que una la segunda corona metropolitana sin pasar por Barcelona. Aún me hubiera gustado más que la propuesta partiera de los estudios necesarios, económicos, de usuarios y ambientales para evitar futuros fracasos. O que, al ser un proyecto a largo plazo, hubiera sido resultado de un pacto de país, no sólo entre dos partidos, y que tuviera el visto bueno de quienes tendrán que pagarlo. Dos: también estoy muy de acuerdo con disponer de una Agència Tributària Catalana para recaudar todos los impuestos de los catalanes. Más aún: que paralelamente se desguace la del Estado para evitar duplicar gastos y que, cómo no, los impuestos se queden todos en el país. Tres: en el mientras tanto, estoy a favor de asegurar que las promesas de inversiones públicas del Estado se cumplan en su totalidad. Y si fuera posible, que se hiciera como en Madrid, que suelen pasarse del presupuesto. Cuatro: estoy a favor de que en los órganos de gestión del Consorcio de la Zona Franca tengan mayoría las instituciones catalanas. Para una institución pública bien gestionada y con beneficios que tenemos… Y no mayoría: mejor si todas las instituciones fueran catalanas. Y cinco: sí, estoy a favor de que el govern del president Salvador Illa tenga presupuestos. Puesto que gobierna con toda la legitimidad democrática, es necesario que tenga el instrumento principal de todo gobierno para hacerlo sin excusas.
Como puede verse, no sólo estoy de acuerdo con todo lo que ERC ha pactado con el govern de Salvador Illa como condición para aprobar los presupuestos de 2026 del gobierno socialista –también lo estaba con las condiciones incumplidas del pacto de gobierno–, sino que, como dirían los Hermanos Marx, yo aún pediría “dos huevos duros más”. Y, sin embargo, el drama es que han repetido la misma jugada que ya hicieron Junts y ERC a la hora de hacer presidentes Pedro Sánchez en 2023 y Salvador Illa en 2024. Es decir, han pactado lo que no depende de sí mismos. Si se puede bromear –y si se me permite la frivolidad en una cuestión tan seria–, aquellos y estos pactos son lo mismo que si entre varios vecinos de mi calle, después de “negociar” días y horas con la asociación de vecinos, pactemos asfaltar toda la calle de arriba abajo, ahora llena de agujeros, para que, cuando le venga bien lo haga y lo pague el Ayuntamiento.
En realidad, hace dos o tres años ya se sabía que el catalán en la Unión Europea, la amnistía política y la financiación singular dependían del Consejo de la Unión Europea, de los tribunales españoles o del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Y ya se sabía que ni unos ni otros tenían ganas de hacer caso, y que no se sentirían obligados en absoluto a cumplir pactos ajenos. Pero como he sostenido en otras ocasiones, existen pactos que, comedia aparte, no son resultado de ningún ‘tour de force’ entre negociadores porque son de mera supervivencia para ambas partes. Pactos que, por otra parte, bien podrían justificarse perfectamente por razones ideológicas y partidistas sin tener que hacer tantos aspavientos ni tener que acabar engañando sobre su verdadera trascendencia y plausibilidad. Son acuerdos de principios, y ya se verá –quien llegue– si algún día se hacen realidad.
Son pactos tan inciertos que ni siquiera se puede saber quién tendrá que cumplirlos. ¿O es que ERC y el PSC cuentan con que en España, dentro de quince años –cuando la línea orbital ferroviaria debería estar terminada– todavía gobernará el propio PSOE con las mismas muletas de ahora? ¿O es que cuentan con que los acuerdos de gobierno entre el PSC, ERC y los Comunes harán gobiernos socialistas para siempre? A estas alturas ya deberían saber que, por un lado, existe un Estado profundo que se pondrá enfrente. Y por otro, que en cada localidad, con estas decisiones sin diálogo y tomadas desde arriba, aparecerán movimientos de resistencia que dirán que por delante de su casa, no.
Por último, si los pactos eran por los presupuestos de este año, es incomprensible que los acuerdos sean para ‘ad calendas graecas’. Encuentro, y disculpen la obviedad, que los acuerdos habrían tenido que ser sobre estos mismos presupuestos para 2026. Pero parece que son tan intocables que ni se puede forzar que incorporen las graves y justas demandas, entre otras, del mundo escolar. No sé si decir que me sorprende, o quitarme la chistera ante la convicción del president Illa de que España le será un socio fiable, y la habilidad de ERC para chutar el balón adelante.
EL PUNT-AVUI









