Otra sociedad política

LA sociedad constata la limitada capacidad de la profesión política para tratar problemas fundamentales derivados de la existencia del ser humano y de su relación con la naturaleza (y no solo en la naturaleza).

Alain Touraine describe la situación sociológica actual, afirmando que vivimos la época de la mini-política, empobrecida por la sociedad política con la intención de evitar las preguntas embarazosas. ¿Trataremos las grandes mutaciones de nuestra sociedad y la necesidad de repartos adecuados y solidarios?

En capilla de la agitación electoral, es urgente que los partidos políticos designen candidatos realmente competentes y no individuos “todo terreno” que creen estar inspirados, una vez elegidos, por no sé qué Pentecostés que les permite hablar, súbitamente, “en lenguas” y sobre cualquier tema, comprendidos los que ignoran y siguen ignorando.

Llegamos a una Europa en la que se trata lo social y lo económico con reflejos propios de conservadores, que sorprenden incluso a los mas carcas de entre ellos. El lenguaje es el mismo en los diferentes hemi-ciclos. Hoy abunda ” la tregua trampa”, fórmula acuñada por la más que derecha y recuperada por la menos que izquierda. En el caso concreto que hoy vivimos, la solución vendrá, en parte, del extranjero más acostumbrado culturalmente a la reflexión. Ayer y hoy, eran los sacrificios económicos para salvar el país, aplicables a unos sí y a otros no, el reparto respondiendo en la más que derecha a los mismos criterios que en la menos que izquierda. El esquema sigue invariable, ajeno a las aspiraciones del transeúnte y sin capacidad de innovación social. Así es prácticamente imposible ser considerados como demócratas en Europa.

Afortunadamente respiramos con declaraciones valientes. José María Ruiz Urchegi, que, también sufrió, afirmaba recientemente en este medio de comunicación (agosto 2010) dirigiéndose a los que no tienen el monopolio del sufrimiento “En tanto en cuanto no haya paz, siempre habrá que trabajar por la negociación, el dialogo y el acuerdo”.

La mundialización reactiva amplias comunidades movilizables en toda la tierra en un sistema de gobernanza invariable que convendría modificar con un Nuevo Contrato Social. Situaría, entre las preferencias vitales, la misión de generar una nueva clase política cuyo mandato estaría controlado realmente y permanentemente por la sociedad civil. Se volvería a una sociedad civil con verdaderos derechos. “Los seres humanos tienen derecho a tener derechos” ( Hannah Arendt ). Evitaríamos, de este modo, la dependencia de electos perennes y profesionales de políticas “hechas de andamiajes de palabras, de imágenes y de vacío” en las que algunos individuos sinceros, movidos por un real deseo de ser útiles a la sociedad, se han enfangado y desaparecido.

La sociedad civil se aleja progresivamente de la sociedad política. Esta coyuntura es peligrosa. Cuando la sociedad civil desestima a sociedad política, el ciudadano de a pie pasa lamentablemente de la ambición solidaria a la codicia interesada, deteriorando la democracia.

En los momentos críticos que vivimos, sólo una sociedad política, compuesta por individuos “preparados”, más cultos y “viajados”, nos garantizará la democracia. Los hay, pero escasean y la tarea es compleja.

 

Publicado por Noticias de Gipuzkoa-k argitaratua