LA alcaldesa quiere una pirámide. Hagámosla en recuerdo de la más ilustre faraona que nunca tuvo Pamplona, y de lo que ella hizo por ese espectáculo primitivo y salvaje que es la carrera de los toros por las calles de la ciudad. ¿O no hizo nada más que hablar de la mística taurina en loor de la propaganda hotelera para 7 días en julio?
Porque, ¿puede decirme alguien, hablando con sinceridad, qué clase de cultura imprime o desarrolla esa carrera taurina? Ya sé que decir esto a algunos les suena sacrílego y se inventan la historia de ese santo que nunca existió llamado Fermín o, como alguien decía pedantemente, Firmino de Pompelo, romanizando el espectáculo.
Antes de seguir diciendo disparates quiero aclarar honradamente que yo también hace bastantes décadas corrí en esa carrera. Era obligatorio, era un rito que aún perdura aunque cada vez corren más forasteros que nativos. No he podido averiguar qué dice el Opus Dei sobre semejante procesión de jóvenes -rebosantes de hormonas-. Hay que reconocer que existen ingresos en la masculinidad semejantes en los libros de Historia, pero los santos no se dignaban bendecir tales hechos.
Pamplona en cambio lo tiene todo. La fiesta religiosa en honor de Firmino, las Bacanales, la presidencia de los tribunos o de la faraona, la suelta de las fieras persiguiendo a los mozos. ¿O será al revés?
Verdaderamente, Pamplona necesita una plasmación permanente de semejante hazaña. Pero que me perdone la alcaldesa si le pongo una objeción de tipo dinámico.
Un museo es un edificio que contiene objetos de arte, historia, etnología, ciencias naturales, etcétera, y por supuesto es de carácter estático. Ver El Prado, El Louvre, El Británico… Pero el encierro es algo esencialmente dinámico que precisamente termina cuando se acaba la carrera. Por eso el Museo del Encierro es una contradicción in terminis. Tendría que ser el Museo de la carrera de los toros -The bulls fiht running-. Pero es que los protagonistas -los mozos- y la alcaldesa tienen sus objetivos cambiados. A los mozos les interesa una carrera que termina en un encierro cada día. A la alcaldesa le interesa en cambio la cristalización de esa corrida con todos los protagonistas: mozos, toros bien sujetos para que cumplan el protocolo anual sin desmandarse mucho como unos concejales de derechas bien educados.
Por eso, alcaldesa, el encierro no cabe en un museo como una crisálida que nunca llegase a mariposa. Es una pena. Pero nos va a ahorrar muchos millones.
Publicado por Noticias de Navarra.com-k argitaratua









