La muralla de Lekeitio, ordenada por Alfonso XI en 1334, fue una fortificación medieval esencial para proteger la villa, cuyos restos actuales datan principalmente de reconstrucciones del siglo XV tras graves incendios. Esta estructura, con muros de hasta 2m de grosor y torres defensivas como la de «Torrezar», incluía también un muro cortafuegos construido en tiempos de los Reyes Católicos.
En el municipio vecino de Lekeitio todavía se conserva una oferta de empleo que los piratas colocaron en el ayuntamiento buscando aprendices menores de 40 años allá por el año 1.797:
————————
“Cualquiera que se quisiere alistar en el corsario que se trabaja en Santander, acuda al señor Santiago de Uriarte que vive en Bermeo, quien le instruirá de lo que llevará (lo que cobrará).
Se advierte que pasando de cuarenta años a ninguno se le admitirá”
Este cartel de oferta de empleo para marineros vascos apareció clavado en la portalada del nuevo ayuntamiento de Lekeitio a las nueve y media de la noche del viernes 12 de mayo de 1797 y fue mandado retirar por el alcalde Domingo de Olave. Por eso se ha conservado. Es un documento muy simple, pero excepcional. El alcalde envió al alguacil municipal a la posada de Juan de Ugaldea para que arrestara a los autores del cartel: el joven capitán bermeano Santiago de Uriarte y Lorenzo de Ibarraran -vecino de Ibarrangelu en su puerto de Elantxobe- patrón de un cachemarín atracado en el puerto lekeitiarra. Después de ser interrogados, Uriarte fue amonestado por colgar el cartel en un edificio público sin permiso de la autoridad.

No hubo ningún otro reproche. Aquel año todos querían participar por libre en la guerra anglo-española que se estaba librando en el mar, pero el corso no es país para viejos.
Este barco corsario de 1797, que no tenía nombre antes de su botadura, estaba siendo construido en el Astillero de Santander, probablemente para poder armarse con buenos cañones de la Real Fábrica de Liérganes y La Cavada, que aquel mismo año visitaba Jovellanos. Los armadores eran una sociedad mercantil vasco-montañesa liderada por el comerciante Pedro de Larrea y Acha, natural de Arrankudiaga, pero con doble vecindad en Bilbao y Santander, y junto a él estaba su socio habitual en las importaciones de azúcar y cacao antillano Antonio Campo. Otros socios menores eran Marcial Antonio de Altuna, Juan Gutierrez, Manuel Gómez y Francisco Sainz, todos implicados en el tráfico de coloniales que se estaba viendo muy perjudicado por el corso y la armada británica.
En cuanto a la tripulación del barco corsario, los que ya se habían alistado eran quince marineros de Portugalete, un santurzano, así como tres pilotos de la Escuela de Náutica y dos marineros de Plentzia. El reclutador bermeano Santiago de Ugarte, que había sido contratado como segundo capitán, ya había colgado carteles de alistamiento similares a este en Bermeo, Mundaka y Elantxobe, donde tenía apalabrados varios candidatos y esperaba completar el rol de la tripulación en Lekeitio y Ondarroa, cuando fue interrumpido por el picajoso alcalde lekeitiarra. Por lo que se ve, solo quería marineros vizcaínos jóvenes y fuertes a bordo.










