Monteano muestra la caza de brujas de 1525 como otra batalla de la conquista de Nafarroa

El historiador Peio Monteano muestra en su nuevo libro cómo la caza de brujas emprendida por el licenciado Balanza en 1525 fue otra batalla de la conquista de Nafarroa que buscaba el control político y militar de los valles del norte.


Peio Monteano y David Mariezkurrena, de Pamiela, en la presentación del nuevo libro del historiador. (NAIZ) 

La caza de brujas de 1525 como otra batalla de la conquista de Nafarroa. Esta es la tesis del nuevo libro del historiador Peio Monteano, titulado ‘El licenciado Balanza, el pamplonés cazador de brujas’ y que publica la editorial Pamiela.

Monteano ha explicado este martes en rueda de prensa los motivos que le han llevado a realizar este trabajo sobre la caza de brujas, «un tema estrella en la historiografía navarra, ya que en el Archivo General recibimos a investigadores del mundo estadounidense y es el primer tema que les atrae».

Balanza era un viejo conocido para el historiador, ya que «me había topado con él en las investigaciones sobre la conquista de Navarra». Su caza de brujas tuvo lugar «justo al año del perdón de Hondarribia» y podía haber una relación «como represión política o control militar de unos valles que se han quedado en frontera». Pero ha reconocido que «en 2010 no vi una relación».

Esa perspectiva cambió a raíz de que Asisko Urmeneta «me pidió que le contara quién era Pedro de Balanza y me dediqué a unir una información que estaba muy dispersa». De esa manera se gestó el libro que ha presentado este martes y que tiene como protagonista a este licenciado por la Universidad de Toulouse, beaumontés, nacido en Agoitz, localidad con la que mantuvo unos vínculos muy estrechos», pero que era ciudadano de Iruñea.

Como miembro del Real Consejo de Nafarroa, en 1525 terminó recalando en Otsagabia buscando a criminales que habían cometido delitos comunes y «en alguno de los interrogatorios, saltó el tema de las brujas, de que morían muchos niños por la noche».

Y a pesar de que tenía una formación universitaria «solidísima», terminó aceptando «cosas difíciles de aceptar. Por un lado exige experimentación, pero luego se cree unas cosas como autosugestiones. Es un creyente de la brujería». Terminó escribiendo a la capital alertando de que «el problema en la zona son los brujos y las brujas, aunque luego ya casi siempre hablan en femenino».

La caza «más violenta» en Nafarroa

De esta manera se desencadenó una caza que se convirtió «en la primera oleada antibrujeril, la más violenta que ha tenido esta tierra por el número de víctimas en un periodo que está en plena guerra de conquista y con unos protagonistas ‘Made in Navarra’, tanto por las víctimas como por el verdugo».

Además, una campaña con «un trasfondo político», ya que Balanza se encarga de la represión en los valles pirenaicos y pocos meses después, «se le encomienda el sometimiento de la Baja Navarra. Lo político y lo brujeril están muy relacionados. Es el entramado de la represión religiosa, pero también el control político y militar. Es un terreno más en el que se disputa la conquista de Navarra. Tiene un trasfondo de control político a través del miedo en unos valles que son muy sensibles a la situación política y militar de Navarra».

Junto a recoger ese componente político de la caza de brujas, Monteano ha planteado el libro como «un homenaje a las víctimas, porque tenemos la fortuna de conocer la mayoría de los nombres, situación personal y me parecía que a veces condenamos al anonimato a esta gente que sufrió esta estupidez, si no fuera por los trágico de las consecuencias».

Sobre esas víctimas, ha explicado que le llamó la atención la cantidad de hombres, a pesar de que las mujeres les doblan en número, junto al perfil, «porque no es el típico de estas cazas de mujeres pobres y marginales. Algunas son dueñas de su casa y hay familias enteras que entran en la red».

En el terreno político, «no son figuras del legitimismo, pero sí unas cabezas de turco para mostrar el poder que tiene el Real Consejo de Navarra».

Curiosamente, en esta caza, «la Inquisición casi aparece como la buena de la película, porque para en seco la represión de Balanza, le pide cuentas y hace que sus últimos años sean un calvario porque no se le reconoce la labor de limpiar el Pirineo de esta herejía». La Inquisición intervino porque vio «cómo los consejeros navarros habían perdido los papeles».

A esa campaña también se opuso «el condestable de Castilla, que es el hombre fuerte de Castilla y el gran valedor de los derrotados agramonteses, que también le pide cuentas a Balanza».

En total, Monteano calcula que el número de víctimas se situaría entre 30 y 40, y para determinar la cifra se ha basado en lo que cobró el verdugo por las ejecuciones, que fueron 31 ducados de oro navarro y «solía cobrar uno por cada víctima». Para situar su enorme dimensión, el historiador ha recordado que en la más conocida caza de Zugarramurdi, «no hubo más de seis víctimas mortales».

Este es el trágico balance de una caza de brujas que «llama la atención, porque en ese momento en Europa, la brujería no se está moviendo nada. Explota de pronto en Navarra, es llamativo y es un caso raro», lo que explicaría el carácter político de la misma, ese carácter de una batalla más de la conquista del reino.

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