Me avergüenzo de ser español

Nunca me gustó ser español. A pesar de mi DNI, de haberme pateado esa llamada piel de toro y haber conocido gente espectacular en toda la península, lo siento mucho pero nunca me gustó ser español.

 

Un país en el que los asesinos de Marta del Castillo están en la calle, como los de Ángel Berrueta, como estará el enfermo asesino de Nagore. Donde los nonagenarios genocidas mueren en la cama, en medio de faustos actos televisivos mientras miles de hijos y nietos de víctimas buscan infructuosamente los restos de sus familiares durante décadas. Un país donde el fascista que mató a Aitor Zabaleta sigue animando a su equipo en la grada fascista del Calderón. Un país donde un médico que roba bebés sigue ejerciendo impunemente su profesión. Donde jóvenes pagan con 10 años la quema de un contenedor y Camps se va de rositas. Un país regentado por la familia de jetas y vagos más caricaturesca de la prensa del colorín. Un país gobernado por un tarugo que no sabe expresarse correctamente en su lengua natal. Un país, en fin, que vitorea a un exnazi su clerical séquito gastando millones de euros mientras los hijos de Dios mueren de hambre en el cuerno de África.

 

Nunca me gustó ser español pero, últimamente, ya no es que no me guste. Me avergüenza.

 

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