Hoy 25 de julio es nada más que un domingo y por tanto en Euskal Herria, este año, no es el día festivo impuesto por la fuerza colonizadora del gobierno de España pretendiendo que celebremos su patrón y seguir padeciendo su agobiante españolismo. (Amor o apego a las cosas características o típicas de España, según el diccionario de
Pero es sólo un leve alivio frente a un creciente campaña de intoxicación colectiva que ha alcanzado su nivel más degradante, ridículo y agresivo con el triunfo de una selección de futbol de dicho país en un importante torneo, del que tengo el gusto íntimo e intransferible de no haber visto o leído ni un segundo ni ninguna imagen. Si he tenido posterior e inevitablemente conocimiento del mismo y algunas secuelas sociológicas que por supuesto he aborrecido. Los pueblos sometido por estados imperialistas no pueden bajo ningún concepto compartir sus victorias de toda índole, sino todo lo contrario congratularse de sus fracasos ya que nos liberan de un patriotismo populismo ajeno.
El paisaje iconográfico, oral y sonoro impuesto por la mayoría de los medios de comunicación incluyendo especialmente la españolizante EiTB, lamentablemente también Deia, con la excusa de que juegan, es decir colaboran, algunos jugadores vascos y otros que dicen serlo pero que en ningún momento lo han demostrado, al contrario de algunos catalanes en la misma situación, ha generado en miles de personas un efecto esporádicamente emergente: el odio a España.
Aunque lo realmente grave y que debe desarticularse inmediatamente es la creciente españolización que padecemos en nuestra tierra. Especialmente desde que el gobierno vascongado ha sido asaltado por la coalición rapiña del PPSOE, es decir el brazo político del GAL y los neofranquistas. La bulliciosa y numerosa colonia de residentes españoles además de demasiados vascos que se les han añadido renegando de sus raíces quizá por tantos años de sometimiento, nos están rodeando en su propósito de exterminio de nuestra nación. Se han crecido y si no reaccionamos con eficacia, contundencia y rapidez nos van a dominar. Lo que no consiguieron con una sublevación armada, una dictadura, una monarquía golpista y una criminal represión, lo están intentando con los variados recursos actuales de sometimiento social, entre ellos la imprescindible colaboración de los medios de difusión mintiendo y tergiversando conceptos. Desde infames leyes especiales, asesinatos, torturas, masivos encarcelamientos indiscriminados de independentistas, un afectuoso recuerdo genérico a los más de 700 prisioneros políticos personalizado en Arnaldo Otegi valioso y simbólico negociador, portavoz y héroe popular.
Toda la simbología de la españolidad a muchos vascos nos produce un indisimulado hastío, desprecio y algunas referencias concretas incluso repugnancia. Estas consideraciones que manifiestan el derecho a la legítima defensa de la identidad de nuestro país, Euskal Herria, no presupone que los españoles en sí mismo y su país sean intrínsecamente rechazables, no. Simplemente, ellos a lo suyo y nosotros con lo nuestro. Pero que especialmente admitan nuestra voluntad de autodeterminarnos, y si nos vistan que lo hagan con humildad y respeto, interés y conocimiento, que no prejuzguen sino pregunten, así nos entenderán; pero no nos dobleguemos ante ellos ni como turistas ni muchísimo menos cuando se establecen por motivos comerciales o de cualquier tipo.
Una parte importante del desarraigo de gentes incluso nacidas en nuestra tierra proviene de generaciones de jóvenes mal educados en el modelo A y también bastantes en el B donde se difumina la idiosincrasia vasca. En ocasiones hijos de familias que en primera o segunda generación han inmigrado, hecho socioeconómico que en sí mismo tajantemente no es peyorativo sino la consecuencia lógica de un mundo forzosamente cambiante y globalizado; muchos vascos hemos sido emigrantes en numerosos países.
El riesgo consiste en la no integración, especialmente si es voluntaria, pero integrarse es algo muchísimo más trascendental que tomar unos vinos como o con los nativos y ser aficionado del equipo local; significa una inmersión participativa en aspectos socioculturales.
En Euskal Herria existen capas sociales, demasiado numerosas, mal nutridas formativa, ambiental y culturalmente, crecidos al ritmo de determinados medios de comunicación, Grupo Vocento, cuya misión además de la economicista es la permanente intoxicación de una parte de la población indefensa y sin capacidad de análisis, manipulando especialmente a la juventud para transformarla en masas aborregadas, sin ideales, desarraigados, insolidarios, consumistas y especialmente españolistas.
Gentes genéricamente instrumentalizadas por todo el espectro de televisiones españolizantes y recientemente también por la antivasca EiTB, idiotizados por programas trampa como Gran Hermano, Operación Triunfo, atrapados por transmisiones de mentalidad patriotera hispanista como Eurovisión y todos los deportes, que padecen una sintomatología muy similar. Propensos a imitar cualquier gestualidad o moda norteamericana cubiertos con viseras tanto en invierno como en interiores y con gafas de sol incluso por la noche saludaran con modales yankees sosteniendo el Marca o leyendo el Hola y otros panfletos similares en una mano, la otra dedicada al infalible teléfono móvil y los oídos precintados con auriculares para inhibirse de la realidad cotidiana. Cuando hablan, gritando, utilizan un paupérrimo repertorio de apenas un centenar de palabras polisémicas como vale, venga, tío, macho, guay, joder, gilipollas, etc.
Súbditos de toda la iconografía colonizante que desprecian las referencias autóctonas. Son los amamantados por
El Gobierno de España ha visto bien claro cuál es uno de los más eficaces medios de penetración populista: el deporte. Masas sociales adoctrinadas y doctoradas en las variadas prácticas especialmente en las que intervienen españoles, todas les gustan y les patriotizan. Carreras de coches, motos, baloncesto, tenis, golf, náutica, ciclismo, etc. igual que sus holgazanes reyes y demás parásitos principescos, que por cierto están invadiendo con progresiva frecuencia en reiteradas injustificadas e inoportunas visitas nuestra tierra en busca de adhesiones de estas manadas de gente impulsadas por una precaria curiosidad. Son las muchedumbres con las que cuentan para ir imponiendo todo un repertorio de actos de reclutamiento y dominación ideológica: partido de su selección de futbol o cualquier otro deporte, Vuelta Ciclista a España, más toros incluso en directo por las televisiones vascongadas, Día de
La españolización de Euskal Herria concretamente en Hegoalde tiene sus gobernadores caciques en el territorio vascongado y en el de Nafarroa, que aunque de ideología teóricamente diferente, les une su suprema misión: la inquebrantable voluntad de exterminio de nuestra nación en todos sus aspectos identitarios, culturales, lingüísticos, competenciales, económicos, etc. y entregarla a España. En alguna capital como Bilbo con colaboradores como el prepotente alcalde Azkuna un caudillo españolista que dice ser nacionalista vasco por estar afiliado al PNV, vínculo de carácter primordialmente laboral que atrae a miles de oportunistas regionalistas.
Una de las más bellas lecciones para la humanidad es la de aquellos pueblos que se libraron del sometimiento rebelándose radical, eficaz y permanentemente contra el opresor. Considerando su propia identidad que con la lengua y la cultura es la reserva más intima, profunda, real y potente de una sociedad para encontrarse a sí misma en un mundo tan diverso y complementario donde no sobra nadie de los que son algo y faltan muchos de los que quieren serlo, que será más feliz y hermoso cuanto más libremente nos insertemos, cada uno en su tierra, en el planeta Tierra. Quienes renuncian a la propia memoria, la madre de la historia, mutilan su futuro. Un pueblo sin pasado vivo es sólo un campamento pero nunca será nada. La identidad es la garantía de una eternidad renovable.
Todavía necesitamos reafirmarnos continuamente pero la hora de España en Euskal Herria debe acabar ya inmediatamente, sin paliativos ni pausas. Esta peligrosísima pandemia sociológica se está inoculando de manera progresiva de muy diversos modos creando gravísimos estragos por lo que es imprescindible crear urgentemente centros de prevención.
Los vascos que no hemos sido españoles debemos ser conscientes de este sutil proceso de envenenamiento ideológico. “Porque fuimos somos, porque somos seremos”. (Joxemiel Barandiaran)





