Siempre que se daba el caso, Manolo Vázquez Montalbán decía que quienes sostenían que la dicotomía entre derechas e izquierdas estaba superada por la nueva distribución de fuerzas y atributos de la modernidad eran gente de derechas. A pesar de la vis jocosa de la afirmación, contenía una dosis de verdad incontrovertible. No parece arriesgado prolongar la sentencia hasta la actualidad en cuanto a la apreciación de la distribución de la riqueza. A principios de los años 90 del siglo pasado, este cronista había escrito en una novela de signo utopista algo que en rigor tampoco se había inventado, y que ahora la dice todo el mundo, los economistas a la cabeza: “los pobres cada vez serán más pobres, los ricos cada vez serán más ricos” y añadí otra consideración también vigente: “cada vez habrá más pobres y menos ricos”.
Por encima de la aguda consideración de MVM, la actualidad presenta una distribución social que pone cada vez más difícil establecer ya no quién, sino qué se corresponde a un comportamiento de derechas o de izquierdas o, en términos más concretos, qué es progresista y revolucionario, y qué inmovilista y acríticamente -en los resultados- prosistema. El reciente asunto del Brexit británico presenta un muestrario completo de detalles ideológicos discutibles. Dado que, según los estudios, el voto de los jóvenes ha sido mayoritariamente por el ‘remain’ y el de las personas mayores por el ‘exit’ ¿significa que el ‘remain’ es más progresista? Lo avalaría el hecho de que el ‘exit’ ha ganado en las zonas rurales inglesas, tradicionalmente conservadoras, y el ‘remain’ en las grandes ciudades, donde dicen que la población es más moderna, y en Irlanda y Escocia, donde por sus aspiraciones históricas son menos proclives la continuidad del establishment.
¿Son así las cosas? Lo cuestionaría la naturaleza de la actual Unión Europea. Tomando la referencia de los estratos sociales que van a su favor o en su contra, apuntaríamos que es un elemento de progreso: los sectores antieuropeos más activos son xenófobos, racistas y neonazis. Pero vista la reciente, macabra política de la UE en materia de inmigración y acogida, y sin perder de vista su planteamiento en esencia mercantilista y ahumanista -por no decir antihumanista-, también avanza una izquierda muy crítica con la UE. ¿Dónde está el progresismo cuestionador y donde es el seguidismo servil al sistema?
La dicotomía es extensible a muchos terrenos, algunos muy cercanos, muy poco metafísicos. ¿Es ‘progresista’ proteger a los ‘top manta’? Si preconizas no tolerarlos y, en consecuencia, perseguirlos, ¿eres conservador prosistema o ‘progre’ de izquierdas porque proteges el pequeño comerciante? ¡Cuidado con la respuesta: depende cual sea, la lógica deslegitimarà la razón de ser de la hacienda pública, y nos estaremos apuntando a suprimirla. Al margen de cómo funciona el Estado, de los inútiles y corruptos que lo infestan, de su misma naturaleza protectora de la gran propiedad, etc., ¿será progresista, entonces, quedarse sin servicios públicos?
La fragmentación de las clases sociales, los cruces de intereses, las coincidencias no queridas de discursos, de filias y fobias cruzadas, abonan la confusión y, de paso, dificultan una respuesta coherente, articulada y efectiva al innegable expolio que hace la minoría detentadora del poder, del verdadero poder, no de algunos alardes efímeros. ¿Planificado o producto de la complejidad del mundo moderno? He aquí una metafísica. Sea como sea, el hecho real es que ahora no es posible una revolución como las de 1789 o 1917, por una razón esencial de base: no hay una mayoría homogénea en agravios e intereses a través de la cual vehicularla. Una revolución en todo caso siempre imposible, porque no se puede adjudicar al Estado una función contraria a aquella para la que ha sido concebido.
¿Dónde empieza, estrictamente, la conciencia del individuo de izquierdas, progresista, cuestionador del sistema? Ver las lacras que nos rodean es fácil y, en cierta medida, incluso complaciente para autoafirmarse en la crítica, en la indignación, en la ilusión -en todos los sentidos de la palabra- de sentirnos al margen de un ente social y político con rasgos objetivamente tan detestables. ¿Qué diría Manolo Vázquez en el punto al que hemos llegado? Ciertamente, cuando eres de los que todavía comen caliente, aspirar a ser de izquierdas conlleva en primer lugar reconocer que hay explotadores y explotados. Hay una segunda categoría, no sólo del izquierdismo entendido en primer lugar como ética política, sino de la inteligencia: reconocer qué proporción hay en cada uno de explotado y cuál de explotador. No se trata de flagelarse, no es necesario; visto como va todo, ya es mucho no vivir autoengañado.
EL PUNT-AVUI







