“¿Qué coño es la UDEF?”. Esta dicen que fue la pregunta que formuló el president Jordi Pujol cuando le dijeron que esta unidad del Cuerpo Nacional de Policía, que responde al acrónimo de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, investigaba a su familia. De hecho, era una pregunta lógica en un tiempo en el que la UDEF protagonizaba todas las grandes causas de corrupción política y empresarial. En cambio, ahora, el papel de la UDEF, bastante tocada por los escándalos de algunos de sus mandos, como el caso de Madrid, ha sido sustituido por la UCO. Es decir, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.
La UCO se ha convertido en la gran protagonista de la agenda mediática española dirigiendo operativamente las profusas instrucciones de los casos Cerdán, Koldo, Ábalos, del ya exfiscal general del Estado Álvaro García Ortiz o el caso de la SEPI, que dirige el capitán Antonio Balas, del que la supuesta cloaca del PSOE -la del caso Leire- quería obtener información delicada. Sea como sea, esta unidad está en el centro de todas las pesquisas que asedian al PSOE, un partido que, por otra parte, gran parte del instituto armado cree que ha intentado reducirlo a una policía de lo que se conoce como “la España vaciada”.
Curiosamente, la casualidad ha querido que el ministerio del Interior, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, que ha mantenido pulso durísimos -que ha perdido- con parte del estado mayor del instituto armado, haya decidido este martes relevar al actual jefe de la UCO. Interior ha decidido nombrar al coronel Pedro Merino Castro como jefe de la unidad en sustitución de Rafael Yuste, que ha sido ascendido a general y debe cambiar de destino. Merino Castro, que ha prestado servicios en la Moncloa, en el Departamento de Seguridad Nacional, ya había sido destinado a la UCO. Así pues, conoce una casa peculiar, ya que, si la Guardia Civil es un ‘estado’ dentro del Estado, la UCO es un distrito federal. Y, además, viven una larga y consolidada luna de miel con la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción.
Desde 1987
La UCO puede definirse como el órgano central del servicio de la policía judicial de la Guardia Civil. De hecho, es el cuerpo de investigadores de elite del instituto armado. Creada el 8 de septiembre de 1987 a través de la Orden General número 86 de la Dirección General de Guardia Civil. Un documento que organizaba el servicio de la policía judicial y definía la estructura de la Inspección del servicio de Policía Judicial. Es el primer documento en el que aparece el concepto de UCO. La idea fue centralizar en una única unidad a los diferentes grupos de investigación criminal de todo el Estado. Sin embargo, con una diferencia destacable respecto de las unidades territoriales de policía judicial que cada comandancia podía tener: su movilidad geográfica y una alta especialización.
Desde el principio, la UCO se dividía en varios departamentos. En concreto: delitos contra las personas, delitos contra la propiedad, delitos económicos y delincuencia internacional, departamento de búsqueda de incendios y grandes catástrofes y una sección de apoyo, de carácter logístico, que después sería copiada por el CNP, con la activa Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO, en el acrónimo español).
Unos grupos que, teóricamente, se especializaban en la investigación analítica y muy alejada de la seguridad ciudadana o de las acciones de intervención. Asimismo separada del poderoso Servicio de Información que se divide en tres unidades centrales especiales. En detalle, la UCE-1, que atendía el seguimiento de ETA, y sigue trabajando en el ámbito del terrorismo interno. La UCE-2 que es el área que se ocupa de la amenaza yihadista, ampliada desde los atentados de Atocha de 2001. También se encarga de “grupos delincuenciales organizados con potencial desestabilizador”. Y, en último término, la UCE-3, que se encarga de las “amenazas desestabilizadoras del Estado”. En concreto, ésta última es un cajón de sastre donde se investigan los movimientos “antisistema” -sin especificar cuáles-, “grupos racistas o xenófobos”, amenazas a la “defensa nacional” o “actividades contrarias a la normativa vigente”. Por ejemplo, fueron los encargados de investigar el soberanismo y el proceso independentista, en casos como Tsunami Democrático o la operación Judas.
“Especial trascendencia”
La Unidad Central Operativa, según la relación de puestos de trabajo, la configuran más de 600 agentes. Un equipo que coordina las investigaciones a nivel estatal e internacional que se consideran de “complejidad o trascendencia especial”. Además tienen como competencia específica el crimen organizado grave y la ciberdelincuencia. Todo bajo el paraguas de la Jefatura de la Policía Judicial y con una división de tareas en grandes departamentos. Así, sostienen el departamento de coordinación y planes; el departamento contra el narcotráfico; el departamento de investigación económica y anticorrupción; el departamento de los delitos contra las personas y el patrimonio; el departamento contra el cibercrimen y el departamento de soporte tecnológico operativo. Las únicas divisiones territoriales de la UCO son los ECO, acrónimo de Equipos contra el Crimen Organizado que se especializan en zonas concretas, como por ejemplo, Campo de Gibraltar o Galicia, donde las redes de crimen organizado tienen una base continuada.
En el historial de la UCO, además de los casos recientes, cabe subrayar sumarios e investigaciones de gran trascendencia política y mediática. Uno de los que hizo llegar al gran público fue el caso Luis Roldán, primer director civil del instituto armado que dilapidó recursos del cuerpo, se dio la fuga y generó una crisis política de primer orden. La UCO también fue la encargada de investigar el secuestro del empresario aragonés Publio Cordón, por parte de los GRAPO, el caso del secuestro de la farmacéutica de Olot o casos de corrupción como la operación Lezo, Malaya o Púnica, relacionadas con escándalos protagonizados por el PP. Pero la UCO también ganó mucho protagonismo mediático en relación con la desaparición, aún por resolver, de Madeleine McCann, elaborando un informe que sirvió para desmontar diversas teorías policiales que dificultaban la investigación y, por supuesto, el caso de Diana Queer. Precisamente, el caso de Queer significó la expansión mediática de un jefe defenestrado de la UCO como fue el teniente coronel Manuel Sánchez Corbí, que tuvo relación con la policía patriótica y que se incorporó a Acciona cuando colgó el uniforme. La empresa relacionada con Santos Cerdán y Koldo Garcia y que ha quedado en un segundo plano del sumario.
Para entender la UCO, primero la Guardia Civil
Para entender la UCO, primero es necesario contextualizar lo que significa la Guardia Civil. De ahí que sea extremadamente recomendable acudir al libro ‘La Guardia Civil y los orígenes del estado centralista’ (Editorial Crítica, 1982), del socialista histórico Diego López Garrido. Un libro que describe el instituto armado como un “ejército de ocupación”. De hecho, lo explica como un “formidable instrumento de centralización” para crear el Estado moderno. La idea de López Garrido es que en la segunda mitad del siglo XIX España destacó por una fuerte tensión entre el Estado central en expansión y los poderes locales. Por tanto, el poder de Madrid optó por un cuerpo policial, de carácter militar pero de servicio civil -inspirado en los incipientes Mossos d’Esquadra-, que liberara al Estado de utilizar el ejército regular y de levas contra la población civil.
“Esto explica que sea necesario habilitar un espacio de poder para un cuerpo de seguridad coercitivo, separado del ente municipal, en tanto que agente del Estado central. Una especie de ejército de ocupación, ocupación en este caso del mismo territorio nacional, en tanto que portador de una orientación antagónica al poder municipal”, escribe López Garrido. “Es realmente sorprendente ver cómo la expansión de la administración centralista es seguida, paso a paso, por la expansión de la Guardia Civil”, subraya el historiador en su tesis. En esta línea, concluye que es un proceso “en el que a veces no se sabe bien si es la administración la que requiere y utiliza la Benemérita o es ésta la que marca de cerca aquélla”. “La Guardia Civil es el Estado, es Madrid, en cualquier punto del país, es, como dijo O’Donnell, una fuerza que realiza una verdadera ‘ocupación militar’ del territorio, haciendo posible la concentración cuartelera del ejército regular, antes absolutamente disperso por toda la superficie de España”, resalta Garrido.
En definitiva, la Guardia Civil se convierte en el cuerpo de seguridad que garantiza la continuidad del Estado liberal y consolida su poder. De hecho, fue un cuerpo que durante la República sufrió por su subsistencia. Pero se mantuvo leal durante el golpe de estado fascista en las zonas donde no ganó el levantamiento. Poco a poco, la Guardia Civil se ha consolidado como un ‘estado’ en el Estado, muy refractaria al mercadeo político de partido pero comprometida con conceptos como la unidad de España. De hecho, basta con tener presente el lema de todos sus cuarteles, un “todo por la patria” que puede resultar bastante inquietante.
La UCO, un ‘distrito federal’
La Guardia Civil no tuvo una buena luna de miel con el gobierno de Pedro Sánchez. Un ejemplo es la crisis con el teniente coronel Diego Pérez de los Cobos, que ha acabado con el ministro del Interior, pese a ser juez de carrera, derrotado en los tribunales. Además, hay que añadir varios nombramientos del ministerio para la justicia. De hecho, los parasindicatos del instituto armado y el ambiente en el Consejo de la Guardia Civil de oposición a Marlaska se ha hecho notar por varios motivos.
De entrada, la famosa equiparación salarial con los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza, un problema en el que hay más pan que queso. Pero se añaden la sensación de que Interior apostaba más por el Cuerpo Nacional de Policía y dejaba a la Guardia Civil para el tráfico y la España vaciada, hasta el punto de recortarle espacios donde parecía tener el monopolio, como el servicio fiscal, puertos y aeropuertos, el servicio marítimo o el servicio protección de la naturaleza.
En este sentido, la Guardia Civil se puso en guardia por la amenaza creciente de que no sólo el CNP le segaba la hierba, sino que también se añadían los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza. A todo ello, cabe añadir la supuesta cloaca del PSOE en la que Leire Díez buscaba información delicada de los mandos de la UCO que investigaban PSOE y Moncloa. Quizás la UCO ha recordado que la Guardia Civil aún manda más de lo que se imaginan.
EL MÓN









